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¿Verdad que la actitud que tienen nuestros amados hermanitos y hermanitas no es la misma que la que nosotros tenemos como mayores? Pero no solo en el aspecto familiar, sino con su actitud en general en la vida y en los detalles cotidianos como, libertad, forma de expresarse, capacidad de relacionarse con los demás, sentido de la responsabilidad… A este último voy sobre todo, a este sentido de la responsabilidad y a nuestro papel como hermanos mayores de “querer hacer las cosas bien”.
No es que como hermanos mayores, el pretender ser modelo (mejor dicho, a la mayoría nos han educado para responsabilizarnos de todo) y hacer las cosas “bien” sea una conducta equivocada… Ni muchísimo menos, pero… Yo a mis casi treinta años, sigo viendo a mi hermano mucho más espabilado que yo, esto tiene una explicación. Lo más importante es que esta diferencia en nuestra educación ha marcado y por mucho la distancia en el sentido de la libertad de ambos.
Para bien o para mal, él tiene un sentido de la libertad mucho más amplio que el mío. Este modelo de educación de “hermano mayor responsable”, mucho me temo que nos ha determinado a muchos a la hora de abordar nuestras relaciones amistosas, profesionales y de pareja: CREENCIAS LIMITADORAS. A los que se nos ha educado para ser responsables y prudentes (de ahí la analogía con el hermano mayor, no tienes que ser el primogénito forzosamente), esta prudencia a la hora de actuar o tomar decisiones puede ser un factor limitante en ocasiones a la hora de aceptar oportunidades, desafíos, nuevos trabajos, abordar relaciones, etc.
Es algo que he visto reflejado en muchísimos amigos míos de mi misma edad, la generación del 1978, fuimos educados de una forma mucho más conservadora que nuestros hermanos pequeños, o que las nuevas generaciones nacidas a mediados de los 80 y mucho más las de ahora. De alguna manera, el hermano mayor se responsabiliza y toma la opción que menos riesgo implica para avanzar, piensa de forma segura y solo avanza cuando está sabe con certeza que no va a equivocarse.
De igual forma que en las inversiones financieras, sería como comparar los bonos del estado con la inversión en bolsa. Bajo rendimiento al largo plazo en una inversión segura, frente a inversiones en el corto plazo más arriesgadas, pero con alta rentabilidad. La cuestión es que tiene una excesiva prudencia en la toma de decisiones y en su propia libertad para actuar, es difícil que obtenga un alto beneficio.
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El sentido de la libertad de alguien que actúa sin miedo a equivocarse implica dos cosas, ambas dos igual de probables, pero sin término medio:
UNA ALTA PROBABILIDAD DE FRACASO: Cuando se toman decisiones de forma espontánea, sin tener en cuenta todos los puntos de riesgo, se corre el peligro de no saber asumir después el fracaso. Esto pasa cuando no se tiene conciencia de peligro, suele encajar bastante con alguien que quizás haya estado sobre-protegido, con alguien que no ha tenido que esforzarse para alcanzar objetivos o con alguien a quien sus padres o en su círculo se lo hayan dado todo mascado. Estas personas están acostumbradas a señalar con el dedo lo que quieren y que se le lo traigan, encajan con el que sería “el hermano pequeño consentido”. Por regla general no valoran el esfuerzo, o mejor dicho no lo entienden, porque nunca se han tenido que esforzar para conseguir algo. Cuando fracasan se desaniman y pasan a otra cosa.
UNA ALTA PROBABILIDAD DE ÉXITO: El que no tiene miedo, siempre avanza más deprisa, no teme perder y se dirige hacia su objetivo sin dudar. Es algo que le aporta congruencia, ya que se comporta de acuerdo a sus deseos y voluntad sin dudar. Son personas que tienen éxito y se les suele asociar a la suerte, porque siempre avanzan en vertical, son buenos comerciales, gente que asciende rápido. Son personas que no tienen miedo a caerse simplemente porque esa idea no entra en su cabeza a la hora de conseguir algo. Este encajaría mas con “el hermano pequeño espabilado”.
La cuestión es SABER ASUMIR EL RIESGO QUE SE CORRE, no tratar de evitarlo. Porque esto es como quien apuesta en un casino, se arriesga, gana o pierde, no existe el término medio de quedarte igual que cuando entraste.
Un fuerte abrazo.
Arcángel.





El chantaje emocional es una práctica habitual de maltrato psicológico que denota debilidad e inseguridad en quien lo practica y servidumbre en quien lo padece. La imposición se lleva a cabo utilizando los sentimientos como arma. La negación a aceptar las exigencias del otro se califica de traición a la amistad o el cariño.


A continuación os voy a poner, cuales son sus expresiones favoritas para darme su opinión, en especial cuando se trata de pedirme cosas: