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DEL AMOR AL ODIO EN UN SEGUNDO

Imagen cedida por ThinkPink
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“Vamos a tomárnoslo con calma ¿OK? Mejor que volver a estar juntos de nuevo, primero vamos a ver si nos aguantamos como personas. Hemos vivido cosas muy intensas y esto se tiene que enfriar, si seguimos en este plan de reproche tras reproche no vamos a arreglar nada”. Pasaron unos meses hasta que volví a hablar con ella, íbamos a volver a vernos a ver que tal nos había tratado la vida, pero ella en el último momento dio un paso atrás y dijo que no entendía que nos tuviéramos que ver para nada, ni si quiera para tener una relación cordial aunque fuera lejana. Al poco tiempo volví a mandarle un sms y al pasar los días y no responder, la llamé. Para mi sorpresa había cambiado de número, obviamente sin avisar.

Se dice que del amor al odio hay un paso, y quien ha sido todo para ti durante un tiempo, puede ser también la persona de la que no quieras saber nada nunca más. Existen reproches, recuerdos buenos o malos que asociados a estos reproches hacen ver a la expareja como si fuera un muerto. Siempre que se habla de un o una ex, parece que se hablara de alguien que nos ha dejado para pasar a mejor vida.

Dicen también que la confianza tarda años en ganarse y un segundo en perderse, si quien te importa de verdad, si a quien amas o has amado hasta lo mas profundo, es precisamente la persona que te ha fallado… Lo mismo que ese amor llegó profundo, la reacción inversa será igual de profunda. Esto es lo que pasa con las personas que realmente significan algo para nosotros. Quien no nos importa absolutamente nada, jamás nos darán estas emociones en lo referente a “No quiero saber nada más de ti, no quiero verte nunca más”.

La gran mayoría de nosotros hemos tenido a alguien especial en nuestra vida, o al menos hemos deseado ser esa misma personal especial para alguien. Aunque la atracción puede darse a primera vista, lo más común es que dicho proceso de enamoramiento, según nuestras inevitables hormonas que lo consolidan, lleve un tiempo. A primera vista puede haber atracción, interés, e incluso la intuición de que la otra persona es ese alguien especial que no sabes como te va a cambiarla vida.

Quien os escribe estas líneas lo ha vivido en propia carne, en el primer vistazo y en unas circunstancias que para nada estaban acorde con un posible ligue. No era ni el lugar ni el momento, puedo asegurároslo. Puede pareceros de película o de novela pero es real, me llamó por mi nombre y cuando me di la vuelta y la vi, sabía que esa mujer me iba a cambiar la vida. Lo intuí así, se que no es un argumento científico pero es así como lo viví, adía de hoy lo sigo viendo así y es más, no me ha vuelto a pasar con nadie más. Podrán pasar muchas cosas buenas o malas, podrá ir todo bien o podrá irse todo a la mierda, pero ese momento de cambio se dio y fue real.

En la fase del enamoramiento se tienden a exagerar las cualidades de la otra persona, a enamorarse de la proyección ideal que se hace de ella. Ya hemos hablado de ello en de quien te enamoras realmente. Nuestra percepción hacia la otra persona se distorsiona idealizándola, constituyendo ese modelo ideal cristalino del cual nos enamoramos. El enamoramiento solo se da cuando se pasa por esta fase ideal en la que estamos poseídos por loas hormonas. Como consecuencia de todo esto, GENERAMOS UNAS EXPECTATIVAS EN LA OTRA PERSONA, VAMOS ASOCIANDO UNOS VALORES E IDEALES QUE NO TIENEN PORQUE CORRESPONDER CON LOS DE LA PERSONA REAL.
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Imagen cedida por ThinkPink

Estas expectativas que proyectamos en la otra persona como consecuencia de que la idealizamos, implica riesgos importantes. El mayor de estos riesgos, es que colocamos a la otra persona en un pedestal, un plano elevado superior intachable y sin defectos. Cuando una de las expectativas que tenemos en ella no se cumple, en especial, si esta expectativa iba a asociada a un valor o ideal básico para nosotros como pudieran ser por ejemplo: tener hijos, matrimonio, fidelidad, etc. La caída de este pedestal elevado es en picado. Si esto sucede, el supuesto amor que existía se puede tornar en rencor, reproche, rechazo absoluto e incluso odio.

El amor incondicional requiere una madurez imposible de llevar a cabo a día de hoy en una sociedad tan “libre” como la nuestra y en la que lo que prima es el INTERÉS INDIVIDUAL por encima del de la pareja. Para que aparezca el odio, la persona en cuestión ya sea de forma consciente o inconsciente, se recrea de forma sistemática en los aspectos negativos del otro. Esto tiene una explicación: ES UNA MANERA DE PROTEGERSE Y DE DECLINAR CUALQUIER RESPONSABILIDAD DE FALLO O ERROR ENLA OTRA PERSONA.

Se trata exactamente del proceso contrario que se dio en la fase de enamoramiento, es justo a la inversa. Es una manera de idealizarnos a nosotros mismos en detrimento de la otra persona. Debido a esto SOLEMOS VER A NUESTRA EX-PAREJA COMO UN CÚMULO DE DEFECTOS y proyectamos en ella, todo aquello que tampoco nos gusta de nosotros mismos para, de alguna manera “limpiarnos”. La persona a la que hemos amado pasa a ser la peor de todas, es una manera de no sentirnos responsables y que sea la otra persona en nuestra mente la culpable de todo.

Todo esto queda anclado en nuestro interior, de forma que lo que antes se aceptaba sin mayor esfuerzo, era asumible, cotidiano o normal, ahora es denegado inflexiblemente... Éste es el lastre que muchas veces arrastramos cuando empezamos una nueva relación. Lo que antes se deseaba ahora se detesta, lo que antes no tenía importancia, ahora te pone de los nervios. Lo que antes te gustaba hacer con el o con ella, ahora sería lo último que harías.

No se trata de buscar razones para odiar, o justificarse a uno mismo diciendo que ha sido todo culpa de la otra persona: "yo no he hecho nada malo, la otra persona me ha engañado, la otra persona me ha hecho perder el tiempo, la otra persona me ha hecho daño, la otra persona... ¡bla bla bla!..." ¡Vamos! Que parece que en su día nos hemos enamorado del mismo demonio. SE TRATA DE ASUMIR QUE LAS EXPECTATIVAS QUE TE HAS FORMADO SON UNICA Y EXCLUSIVAMENTE TUYAS. SOMOS LOS RESPONSABLES DE NUESTRO PROPIO BIENESTAR Y RESPONSABILIZAR A ALGUIEN DE TU FELICICIDAD ES UN ERROR.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.

LA EMPATIA COMO FORMA DE COMUNICACION

Imagen cedida por Cristina
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Una de las cualidades que nos distingue como personas que saben adaptarse y ponerse en la situación de otra persona con la que estamos compartiendo una amistad, una relación o un simple diálogo, es la empatía. Mucho me temo que es una palabra que muchas veces se utiliza sin conocer lo que significa en la totalidad del concepto. Forma parte de lo que llamamos inteligencia emocional, hacia otras personas, solo se manifiesta en una interacción, conversación, o diálogo con otra persona. Pertenece al dominio interpersonal. Quiero dedicarle este espacio porque es un rasgo necesario y característico en las relaciones que podemos calificar como fructíferas
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Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de empatía? La empatía no es otra que "la habilidad para estar consciente de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás". En otras palabras, el ser empáticos es el ser capaces de "leer" emocionalmente a las personas que te rodean y con las que te relacionas habitualmente. Es la capacidad de una persona de poder y saber encarnar la manera en que siente otra persona y de compartir sus sentimientos en sí mismo, reflejando el estado emocional que pueda estar viviendo la otra persona.
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Esta capacidad implica una mejor comprensión del comportamiento o de la forma de tomar decisiones de la persona con la que estamos tratando. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Quienes tienen capacidad de liderazgo, suelen tener esta capacidad muy bien desarrollada de esta capacidad. Los estudios demuestran que esta capacidad suele darse más a menudo en el género femenino de la especie humana, quizá por el hecho biológico de tener y cuidar de los hijos, aunque no es privativa del mismo.
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Las personas con empatía son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones; por eso poseen normalmente mucho reconocimiento social y popularidad, ya que se anticipan a las necesidades antes incluso de que sus acompañantes sean conscientes de ellas y saben identificar y aprovechar las oportunidades comunicativas que les ofrecen otras personas.
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ENCARNAR LOS SENTIMIENTOS DEL OTRO
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Imagen cedida por Cristina
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No es raro que se crea comprender al otro sólo en base a lo que notamos superficialmente. Pero lo peor puede venir al confrontar su posición con la nuestra y no "ver" más allá de nuestra propia perspectiva y de lo aparentemente "evidente".
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Debemos saber que nuestras relaciones se basan no sólo en contenidos manifiestos verbalmente, sino que existen muchísimos otros mecanismos llenos de significado, que siempre están ahí y de los que no siempre sabemos sacar partido. La postura, el tono o intensidad de voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio mismo, todos son portadores de gran información, que siempre está ahí, para ser decodificada y darle la interpretación apropiada. De hecho, no podemos leer las mentes, pero sí existen muchas sutiles señales, a veces "invisibles" en apariencia, las cuales debemos aprender a "leer".
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Un individuo empático puede ser descrito como una persona habilidosa en leer las situaciones mientras tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran; al saber que una situación no es estática, sacan provecho de la retroalimentación, toda vez que saben que el ignorar las distintas señales que reciben puede ser perjudicial en su relación. Es también alguien que cuenta con una buena capacidad de escucha, diestra en leer "pistas" no verbales; sabe cuando hablar y cuando no, todo lo cual le facilita el camino para influenciar y regular de manera constructiva las emociones de los demás, beneficiando así sus relaciones interpersonales. Pueden ser buenos negociadores, orientados hacia un escenario donde todas las partes salgan ganando.
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Por otro lado, las personas débiles en esta habilidad tienen dificultades para "leer" e interpretar correctamente las emociones de los demás, no saben escuchar, y muchas veces son ineficientes leyendo las señales no verbales, razón por la que pueden evidenciar una torpeza social, al aparecer como sujetos fríos e insensibles. Está claro que la insensibilidad a las emociones de los demás socava las relaciones interpersonales.
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Las personas que no saben crear empatía, no saben leer su radar social, motivo por el que algunas veces y sin proponérselo intencionadamente, hacen daño al invadir la intimidad emocional de las personas con las que tratan, pues al no validar los sentimientos y emociones del otro, éste se siente molesto, herido o ignorado porque ve que no saben ponerse en su lugar, al intentarle imponer soluciones, o argumentos porque no han valorado como se siente la otra persona. De aquí la típica frase femenina: NO ME ESTAS ESCUCHANDO.
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Imagen cedida por Cristina
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En el grado extremo de la carencia de esta habilidad están, por una parte, los alexitímicos: personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros y por la otra, los elementos antisociales o los psicópatas, quienes guardan poca o ninguna consideración por los sentimientos ajenos y pueden más bien, en muchos casos, manipularlas en propio beneficio.
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Es una habilidad esencial en muchas ocupaciones, especialmente en aquéllas que tienen que ver con el trato al público, las ventas, las relaciones públicas, los recursos humanos, la administración, por citar algunas. Es también importante en la formación de directivos, en estudios de identificación de necesidades, estudios de mercado en el que se trata de saber que es lo que necesita el cliente potencial, en consultoría, en pedagogía, en medicina, etc.
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Que una persona no sienta igual que otra, puede ser por que no haya sido enseñado a ello, porque sus padres no lo han hecho con la persona, por predisposición genética y condición hormonal o por incapacidad patológica como una psicopatía. Al fin y al cabo es saberse poner en el lugar del otro, evaluar sus sentimientos y razonarlos en otras personas de forma que no tienda a justificar sus propios deseos. Expresiones que incluyan el uso de palabras como "nosotros", "nos" o "nuestro", ayudan a generar esta empatía y experimentar y contagiar sentimientos positivos o negativos como la envidia y el odio.
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NO QUIERE DECIR QUE TENGAS QUE ESTAR DE ACUERDO
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Imagen cedida por Cristina
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El proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro. No implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones.
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A través de la lectura de las necesidades de los demás, podemos reajustar nuestro actuar y siempre que procedamos con sincero interés ello repercutirá en beneficio de nuestras relaciones personales. Pero ello es algo a lo que debemos estar atentos en todo momento, pues lo que funciona con una persona no funciona necesariamente con otra, o es más, lo que en un momento funciona con una persona puede no servir en otro con la misma.
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No tenemos que ser como Gandhi para darnos cuenta que existen sutiles "armas" que podemos usar en beneficio propio y de los demás, que no son para destruir sino para hacer florecer relaciones provechosas en aras de nuestro crecimiento como seres humanos. Finalmente, no es exagerado sostener que las bases de la moralidad misma pueden hallarse en la empatía, en la cual a su vez (al ser llevada con integridad) está la raíz del altruismo.
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Fuentes consultadas:
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Wikipedia, la Enciclopedia Libre: Empatía
La Red Temática Educativa de Cataluña .XTEC
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Un fuerte abrazo.

Arcángel

NUESTRAS TRES CONDUCTAS PARA ABORDAR, por ACALIGULA

Imagen cedida por María
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Hace tiempo que quería rescatar para P&R uno de mis capítulos de mi trabajo de fin de carrera adaptándolo a la temática que se trata aquí, es decir el desarrollo de la personalidad y mejorarte como persona y como hombre decidido que debes ser, entre otras muchas cosas.

Existe un concepto muy común entre los músicos, el cual es la causa del fracaso muchos artistas: el miedo escénico. Es un tema que siempre me ha preocupado y me animé a investigarlo aprovechando que tenía que entregar este trabajo para acabar mi carrera. Nada más empezar la investigación me di cuenta que este concepto no sólo es común en los músicos sino que afecta a muchísima gente y en diferentes ámbitos de nuestra vida.

Puede haber miedo escénico por muchas razones, dar un discurso en público, bailar delante de gente, en definitiva realizar una acción en la que creemos que podemos hacer el ridículo delante de los demás, con lo cual creemos que perdemos gran valor social ante los demás. Por lo tanto el miedo escénico es una fobia para los músicos. Para que se produzca es necesario que haya un estímulo, en el caso de los músicos es el escenario, lugar donde tiene que demostrar su arte frente la mirada del público.

Para la mayoría de la que no es músico es más correcto hablar sobre la fobia social. Me di cuenta que cuando te armas de valor para acercarte a la mujer que te motiva realmente, la que te hace olvidar todo lo demás y no la puedes quitar el ojo de encima, las sensaciones que sientes en ese mismo instante, se parecen mucho a lo que sentiría un músico antes de subir a un escenario. Yo mismo he vivido esas dos situaciones en mis propias carnes. Pienso: ¿pero por qué me siento así, a la hora de tocar el violín o abordar a una chica? ¿Qué es lo que ocurre exactamente? ¿Por qué me pongo nervioso si me sé toda la teoría (tanto para abordar, como para tocar)?

Hemos analizado en más de una ocasión en P&R el asunto del miedo, en Miedo al miedo o Vivir con miedo… ¿por qué? pero mi propósito en este caso es plasmar teóricamente lo que ocurre físicamente con tu cuerpo en estos momentos. Para entender mejor esta fobia social y su actuación sobre nuestra conducta es necesario hablar de los tipos de conducta que existen, según los psicólogos Así entenderemos mejor los problemas que tenemos a la hora de abordar.

NUESTRAS CONDUCTAS

Imagen cedida por María
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La finalidad del hombre, como en los animales al nacer, es la supervivencia. Para llevar a cabo esta ardua tarea aprendemos una serie de conductas que nos ayudan a llevar esta carga, no solo durante nuestra infancia, sino que durante toda nuestra existencia somos capaces de asimilar nueva información. En resumen, el objetivo del aprendizaje es la supervivencia y ser más felices en el caso de las personas.

Muchas veces, aunque no nos demos cuenta de ello, pues en ocasiones este aprendizaje ocurre de manera automática, aprendemos algunos comportamientos que nos son dañinos y que nos pueden provocar malestar. Es el claro ejemplo del miedo escénico, como hemos dicho antes. Pero estas conductas negativas también las podemos “desaprender” con los mismos mecanismos por los cuales aprendemos a realizar estas conductas.

Es posible hacerlo en cualquier momento, incluso con aquellas conductas que hemos aprendido en nuestra infancia. Las conductas por lo tanto se aprenden y éstas pueden ser básicamente de tres tipos: Las Conductas motoras, fisiológicas y las cognitivas. Analicemos cada una de ellas:

CONDUCTAS MOTORAS: Son las que se activan a través del sistema nervioso central, la mayoría de las veces a través de nuestra voluntad. Las conductas motoras se refieren a las que aprendemos a través de las distintas leyes de aprendizaje que se han descubierto como beber, hablar, leer, escribir, cocinar, vestirse, bailar, cantar, etc. Son las que se pueden observar y detectar. Pero también existen conductas negativas que nos pueden hacer daño como fumar, beber alcohol, tener conductas agresivas. En la gente tímida por ejemplo hay ejemplos como evitar abordar, movernos de manera inquieta antes de actuar, etc. Estas conductas son negativas y contribuyen a aumentar el malestar.

CONDUCTAS FISIOLÓGICAS: Son aquellas conductas las que ocurren en nuestro interior, por lo tanto la mayoría de estas conductas no son observables por otras personas. Algunos ejemplos: taquicardia, opresión en el pecho, hiperventilar, etc. Pero cuidado. No todo lo que sentimos en nuestro interior son conductas, por ejemplo, los latidos del corazón, la respiración son procesos que no hemos aprendido, son innatos. Cuando dormimos nuestro cuerpo sigue funcionando independientemente de nuestra voluntad.

Nuestra conducta fisiológica se aprende. Son activadas a través del sistema nervioso central, es decir que no podemos controlarlas intencionadamente, si fuera no existirían muchos problemas de ansiedad o psicológicos, pues las personas nos damos cuenta de lo que nos ocurre pero no podemos remediarlo. Las conductas fisiológicas aparecen desgraciadamente sin nuestra voluntad en el momento menos oportuno: en un abordaje por ejemplo. Mucha gente piensa: “si no tiene tanta importancia lo que vaya a pasar”, Tampoco pasa nada si las cosas no salen perfectas”, “tranquilo, no ocurre nada”. Pero no podemos evitar el malestar y tampoco podemos frenar el nerviosismo.

CONDUCTAS COGNITIVAS: Son aquellas que conocemos como pensamientos, existen muchas maneras de clasificarlos, pero simplificando mucho podemos decir que los pensamientos pueden elaborarse de dos modos: como imágenes (representaciones de nosotros de lo que vemos) y como autoverbalizaciones, es decir, mediante mensajes que nos decimos a nosotros mismos. En resumen estas conductas son las que formula nuestro cerebro.

Todos los pensamientos que se nos pasan antes de una actuación, las podemos clasificar en este tipo de conductas. Al pensarlo solo nosotros, naturalmente no son observables por terceras personas. Los psicólogos afirman que hay incluso otro tipo de pensamientos, los llamados automáticos, los que sin hacer nada vienen a nuestra mente pero una vez en nuestro “ámbito” sí que depende de nosotros el que no hagamos caso de ellos y se olviden fácilmente, o que estén ahí horas y horas molestándonos. Estos pensamientos suelen incluso aparecer mucho antes de que vayamos a actuar.
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Imagen cedida por María

Esta clasificación de las conductas ha sido necesaria para entender el cómo actúa la ansiedad escénica sobre las personas. La ansiedad escénica es una respuesta mal aprendida como hemos aclarado antes. En algunas personas es tan poderosa porque la ansiedad escénica actúa sobre los tres tipos de conducta. En alguna más que en otras, pero en concreto donde mayormente actúa es en las conductas fisiológicas. Los cambios que notamos en nuestro cuerpo, al ponernos nerviosos, taquicardia, tensión, rubores, temblores, sudoración de las manos mareos, tensión muscular, etc. Muchas personas para evitar estas sensaciones no se atreven a actuar, no se atreven entrarle a una persona que no conozca de nada e intentar entablar una conversación agradable.

De esta manera se manifiesta el miedo escénico en las personas. Mi consejo como músico que ha tenido la experiencia de subir un montón de veces al escenario como solista donde tienes la mirada de un auditorio completo encima de ti es la siguiente: Sea donde sea, échale valor, las veces que haga falta. No pasa nada si no te ha salido todo perfecto o como tú te esperabas, pero si nunca das ese primer paso, de armarte de valor, decidirte y acercarte a ella, nunca sabrás qué hubiera pasado si las cosas te hubieran salido bien.

Mi recomendación es que detectes la conducta que te falla más e intenta ponerle solución. Siempre pienso que para solucionar cualquier problema, primero se debe saber qué es lo que causa ese problema, qué es lo provoca que tengamos ese nerviosismo. Con la práctica llegará un momento que incluso disfrutes de esa sensación de ponerte un poco nervioso porque te hace sentir increíblemente vivo. Incluso es necesario porque somos seres que tenemos emociones y si ese mismo nerviosismo lo transformas en algo positivo, habrás conseguido algo grande. Lo admito, soy músico.

Fuentes consultadas:
- DALIA CIRUJEDA, Guillermo: Cómo superar la ansiedad escénica en músicos Xativa (Valencia) 2002
- LABRADOR, F. J: ¿Voluntad o autocontrol? Como ser lo que quieres ser. Madrid: Temas de Hoy 2002.

Un saludo a todos

Acalígula

ELEGIR IMPLICA RENUNCIAR

Imagen cedida por Ana
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Me he dado cuenta de un error que por lo visto cometo con frecuencia: Me quejo bastante, me quejo demasiado mejor dicho… Parece que nunca estoy contento de nada a pesar de no concebirme a mi mismo cuan perro-flauta de camisa negra predicando la pereza y la anarquía. Las alegrías de las que me nutro son fugaces, efímeras y poco duraderas. Creo que todavía me queda mucho para terminar de aceptarme a mi mismo tal cual, antes de poder plantearme cualquier otro tipo de meta más idealista.

Al igual que trataba el tema de las personas que siempre están parasitando en La felicidad está en las cosas pequeñas, en cierto modo varias conductas propias mías encajarían en ese perfil. ¿Cómo me he podido dar cuenta? Normalmente y para que lo entendáis con un ejemplo gráfico, los enfermos mentales no suelen ser conscientes de que lo son, pero de vez en cuando tienen algún momento de lucidez, así que voy a aprovechar el mío.

Ha sido a raíz de esto que os digo, me quejo demasiado y me paso el día pidiendo, mejor dicho… Exigiendo, reclamando y acumulando. ¿Por qué? Sencillamente por no pedir las cosas, o no estar educado para aprender a pedir las cosas de forma adecuada cuando realmente las quieres. Es más, veo que me da vergüenza pedir por miedo a proyectar necesidad a los demás pero… Si no trabajo para conseguir lo que quiero, seguiré teniendo esa carencia que ahora mismo no estoy cubriendo y mi fachada será solo eso, una fachada porque la carencia estará presente.

Cuando exijo, no lo hago directamente, pero si de una forma muy sutil. La forma es la siguiente, muy común y repetitiva: Se responsabiliza a alguien que no eres tú de tu buena o de tu mala fortuna. Siempre en el fondo está la misma esencia: MIEDO A PERDER, miedo a pegarse el batacazo por ser congruente, por hacer que tu comportamiento sea coherente con tus deseos y tu pensamiento. Miedo a perder lo que ya se tiene, estancarse y acomodarse en la relación con aquella mujer a la que amas de verdad, miedo a buscar un trabajo mejor por si después no pudiera volver al mío actual y te quedaras en la calle, miedo a salir del lugar de siempre por miedo a perder las amistades y las relaciones.

Este miedo no deja vivir y lo que es peor, hace siempre que te estés preguntando si estás haciendo lo correcto o no, si te equivocas, si quizás no deberías arriesgar más, si quizás realmente pudieras mejorar tu vida dando un paso coherente exponiéndote a la consecuencia directa de que no te salga y pierdas lo mucho o lo poco que tengas. Quizás estos ejemplos te suenen a tu propia vida, porque en el fondo creo que todos queremos lo mismo.

Piensas que puedes dar un paso, pero no lo das por si te sale mal. No hay un término medio en cuanto a esto, la única forma de romper con esta violencia con uno mismo, es violentarse a dar este paso, forzarse. Ya vimos algo parecido en Avanzar vs Miedo a Perder, la cuestión es que después del tiempo transcurrido, veo que desde ese artículo, el siguiente paso a exponerse a recibir los golpes para ganar, no es algo a lo que se deba optar. Me refiero a evadir el sufrimiento de decidir renunciar a algo a condición de poder ganar algo mayor: TODO TIENE UN PRECIO.
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Imagen cedida por Ana

¿Se puede tener todo lo que uno quiere en esta vida? DESENGAÑATE AHORA MISMO, como me estoy desengañando yo… NO. Lo volveré a repetir: NO, SIEMPRE HAY QUE ELEGIR. No es que lo haya escuchado en Matrix, pero es algo de lo que me doy dando cuenta. El camino no tiene forma de abanico abierto, es más bien una escalera que va en múltiples direcciones y no puedes tomar nunca dos caminos. Si optas por uno, ya los demás están descartados y no puedes volver atrás si lo que quieres es avanzar.

Saber elegir, tener el valor suficiente como para tomar una decisión que sabes que quizás duela. Lo que quiero aclarar es que DECIDIR NO DUELE, LAS CONSECUENCIAS SI. El camino no se termina después de perder, porque no nos engañemos, en esta vida se gana y se pierde, ambas dos. Después de perder, se puede volver a elegir. Hasta que no aprendamos y yo el primero, a digerir el sufrimiento, a asumirlo como parte natural de la vida, y de la toma de decisiones, poco avance vamos a hacer.

Incluso yo mismo a veces pienso en el típico y tópico golpe de suerte, cuando haces castillos en el aire, olvidándome que AQUÍ NO SE REGALA NADA… Ni aquí ni en la República Checa. Me imagino a mi mismo en un futuro lejano pegando el pelotazo con un par de ideas que a mi me pueden parecer buenas, casado con la mujer perfecta y ganando más dinero, bla bla bla… Y quizás por miedo al dolor que me supondría el equivocarme de opción o abandonar los lastres que tengo aquí colgando y que son por así decirlo mi seguro de vida.

La cosa no va mal, pero… Siempre se puede mejorar. Cuando eliges siempre renuncias a otros caminos, a otros trabajos, a otras personas que quizás para ti en este mismo momento son importantes. Pero… ¿Y mañana? Nadie sabe lo que va a pasar mañana. Igual sería más feliz llevando una vida bohemia de vago perro-flauta comerciante de artesanía tallada a los turistas en alguna playa jamaicana, fumando María y comiendo una vez al día, viviendo del sol y del Amor de Dios… Pero eso no lo sabré hasta que no coja la mochila y me moje.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.

LA FELICIDAD ESTA EN LAS COSAS PEQUEÑAS

Imagen cedida por Mónica
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Me siento feliz, la verdad es que si y deseo compartirlo con tod@s vostr@s. Para ser lunes es un día grande, muy grande. Hoy me he levantado y parece que todo tiene sentido, que por fin hemos hecho algo, que estoy más orgulloso aún si cabe de ser ESPAÑOL, ni más ni menos que cualquier otro hombre o mujer, simplemente de sentir a España como mi país. Digo HEMOS aunque yo no haya jugado la final de la Eurocopa, pero hemos estado ahí y ya sea con victoria o con derrota me siento muy orgulloso y contento, porque lo que es un simple partido de fútbol, puede iluminarle el día, la vida, la cara, toda la semana, algo que contar, una nueva oportunidad, un nuevo ánimo, algo diferente, nuevo y distinto a muchas personas.

Muchas veces buscamos la felicidad en lo más complicado y difícil de alcanzar como metas personales inalcanzables y sueños de “pegar el pelotazo”… De repente, pasa algo que no tiene nada que ver con lo que anhelas o deseas y te alegra el día. Que me llamen simple, que me llamen tonto, que me llamen lo que les de la gana quienes no saben alegrarse y ser un poco más felices con las cosas sencillas y mundanas.

Por mi quien se quiera quedar en la sombra para que no le de la luz del sol, esta en su pleno derecho, pero que no intente llevarse a nadie al “lado oscuro”. La negatividad en las personas siempre viene asociada a un carácter absorbente y a una personalidad pasiva. Como diría mi padre: “Jodido uno, jodidos todos”. Tanto discutir, tanto rebatir, tanta tontería… ¡Disfruta! Recomiendo a las personas que no saben ver el valor en lo pequeño que sigan mi tratamiento: la vida se ve de otra manera con un bocadillo de jamón y una caña entre pecho y espalda. Menuda idea más filosófica ¿verdad? ¡Una caña!… Pues sí y que aprendan a disfrutar de las alegrías mundanas, que para algo están.

Siempre que hay una celebración o motivo para la alegría salta la típica voz del tocapelotas, del contrario a la corriente, del que lucha contra el sistema desde casa de sus padres escuchando rap de Eminem, del que no quiere gritar gol, del reivindicador de camisa negra y pancarta, vegetariano amargado feminista de extrema izquierda que en el día de San Martín, nos dice a todos que no comamos chuletas en plena parrillada. Como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, no participa y lo que es peor, intenta que los que lo hacen se sientan mal, es incapaz de darse una simple alegría con tal de llamar la atención, hacerse notar y plantar su banderita.

Recuerdo que desde muy pequeño cada vez que había fútbol en casa y me sentaba con mi padre a verlo, en cuanto mi madre veía a mi padre disfrutar, ella empezaba a llamarle la atención de todas las formas habidas y por haber, hasta hacerle enfadar, como si le molestara que mi padre se lo estuviera pasando bien. Es algo que me daba mucha rabia, pero que aún a día de hoy, lo sigue haciendo. La diferencia es que ahora cuando quedo con él para ver el fútbol, si mi madre se pone en ese plan, nos bajamos al bar a verlo y a disfrutarlo como Dios manda.

Hay personas que no pueden aguantar que alguien esté disfrutando o teniendo un buen momento, y en vez de intentar contagiarse intentan echar por tierra el motivo para la alegría porque no saben como ellos podrían generar estos sentimientos y emociones. En realidad estamos hablando de personas con falta de recursos personales suficientes para saber asimilar la parte positiva de las cosas.

Se trata de personas que tienen anclado un continuo estado negativo, que les impide ver el vaso medio lleno y como perciben la realidad de esta forma, de forma distorsionada, pretenden adaptar e imponer su realidad a las personas que les rodean, simplemente, porque no saben actuar de otra forma. No es un acto de maldad propiamente dicho, se trata de un comportamiento mecánico con el que han estado funcionando quien sabe desde hace cuanto. Puede ser debido a experiencias traumáticas sin respuesta positiva por parte del medio o puede ser debido a la educación o condicionamiento que hayan recibido desde la niñez.
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Imagen cedida por Mónica

Pensemos que una máquina estropeada, no puede arreglarse a sí misma, debido a esto mismo, no podemos pedirles o exigirles a estas personas que actúen, sientan, se emocionen o congratulen por experiencias positivas ajenas a sí mismos. Posiblemente, ellas mismas, al pasar por una experiencia positiva, o recibir el premio, o al disfrutar algo bueno, ni si quiera pueden llegar a ser capaces de identificar en su medio, aquello bueno que les está pasando, porque simplemente no tienen recursos para hacerlo. Es como pedirle a un ciego que vea o como diría mi abuela “Pedirle peras al olmo”.

¿Cómo podemos ayudar a estas personas? ¿cómo podemos salir de este estado negativo si nos encontramos inmersos en el? Es cuestión de no reforzar este comportamiento. Si nos comportamos así es porque de alguna manera “nos funciona” para vivir, porque quizás así nos hacemos notar, o recibimos atención o se nos intenta reconfortar, lo que para nosotros entonces sería un buen resultado fruto de nuestro comportamiento. Como esto “nos funciona” ¿Para qué vamos a cambiar? Pues por el simple hecho que no estamos viviendo una vida real, estamos agotando a los demás con nuestra distorsión y la atención o el reconocimiento, son “fuentes de energía no renovables” como el petróleo, el día que se agotan, hay que ir a buscar otra fuente y así…

Un estado negativo anclado, solo puede interrumpirse en el momento en el que dejamos de recibir, el estímulo condicionado premio o caramelo, que es la atención que se nos presta para el caso que tratamos. No pasa nada por quitarle la atención a un “cenizo” o a un pesimista, el se está alimentando de ti así que no se lo permitas, por mucho que lo quieras y le aprecies, lo mejor que puedes hacer en estas manifestaciones es IGNORARLO POR COMPLETO. Seguidamente intentará alimentarse en otra parte, si se le refuerza, allí se quedará “chupando sangre” hasta agotar la fuente o hasta que se le niegue el premio de atención. La cuestión es que se ha de quedar sin fuentes a las que parasitar, ya que no será consciente de que tiene un problema, o cambia su comportamiento, o se “muere de hambre”.

Recuerdo algunos momentos muy sencillos en los que me he sentido plenamente feliz, como pudo ser hace poco al bajar del avión y ver a mi hermano, o cuando un domingo por la mañana abrí los ojos y a mi lado estaba la mujer que amaba, o cuando he llegado de trabajar realmente cansado, ponerme cómodo en mi sillón horizontal, con una cerveza y un sándwich… O ver a la selección marcando, abrazar a mi padre cuando ganamos la liga…

Son cosas muy sencillas, pero recordemos que se puede relativizar en ambos sentidos ¿por qué no hacerlo para bien? Quizás no seamos conscientes de ello si quiera y tardemos un tiempo en que alguien que nos respete, nos lo haga ver o nos de el trato adecuado. Si somos conscientes de ello, está en nuestras manos optar por pasar hambre de reclamo de atención. Es un ejercicio duro para hacer con uno mismo, sobre todo si eres una persona abierta, pero de vez en cuando yo mismo tengo que hacerme una CURA DE ATENCIÓN CERO… En realidad no se trata de que los demás me dejen en paz si no al contrario, que yo opte voluntariamente por dejar de reclamar la atención de los demás. Es como pasar un mono debido a una adicción pero funciona.

Espero que con esto podamos ser todos un poco más felices, ese es el objetivo, dar un empujoncito a nuestra percepción, para aprender a ver el lado bueno de todo. Porque como dice San Pablo “OMNIA IN BONUM”, Todo es para bien.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.

FIDELIDAD & LEALTAD

Imagen cedida por Yolanda Caballero
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La fidelidad es la capacidad espiritual, poder o virtud, de dar cumplimiento a las promesas. Prometer es una acción soberana; revela una gran soberanía de espíritu, ya que exige decidir hoy lo que se va a hacer en adelante, bajo condiciones que no se pueden prever. El que promete corre un serio riesgo porque se compromete a actuar de la forma que hoy juzga óptima en situaciones que pueden llevarle a pensar y sentir de modo distinto.

El que es fiel cumple la promesa a pesar de los cambios en las ideas, las convicciones y los sentimientos, que pudiera provocar el tiempo. El que promete se adelanta al tiempo de modo lúcido y libre. El que cumple fielmente lo prometido lo hace consciente y voluntariamente. ¿Qué es lo que mueve su voluntad a mantenerse fiel? Es la decisión de crear su vida en cada instante conforme al proyecto establecido en el acto de la promesa. La fidelidad, por tanto, es una actitud creativa, no se reduce al mero aguante, al hecho de soportar algo de forma inconsciente e irracional.

Fiel es la persona cuyas acciones no traicionan la confianza puesta en ella, esto es, cuyo comportamiento corresponde a lo que exige de ella el amor, la amistad, el deber, etc.

También se puede decir que la fidelidad es la capacidad de no engañar, no traicionar a los demás. Es un valor moral que faculta al ser humano para cumplir con los pactos y compromisos adquiridos. Particularmente, en el contexto de la vida de pareja, la fidelidad se refiere a una promesa, explícita o implícita, de entregarse exclusivamente a la pareja.

La lealtad es la cualidad de aquellas personas que acatan las leyes o cumplen los acuerdos, tácitos o explícitos.

La fidelidad es un valor fundamental. Ya hemos escrito antes del valor de la lealtad que se aplica muy directamente con amigos, amistades, familiares y compañeros de trabajo. Sin embargo la fidelidad como valor se aplica más directamente a las relaciones de pareja entre novios y entre esposos, y hoy hemos querido profundizar en este tema, porque no es necesario sufrir la infidelidad de la pareja para entender que este es un valor fundamental.

Una de la peores consecuencias de la falta de fidelidad o lealtad se puede ver en el rostro de los que luego se arrepienten y ya nada pueden hacer. Los rostros de los infieles y de los engañados llevan una marca de amargura muy dificil de borrar. Por eso para evitar vivir una vida llena de verguenza y amargura lo mejor es vivir en completa integridad. El engaño a otros inevitablemente nos va a rebotar y a la larga los perdedores seremos nosotros mismos. Alcanzar el verdadero y único amor es la aspiración más noble del hombre, sin embargo, el egoísmo y el placer se han convertido en dos gigantes que impiden tener una relación sana, estable y de beneficio para las personas.
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Imagen cedida por Yolanda Caballero

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Hacer conciencia y robustecer el valor de la fidelidad, es una necesidad que nos apremia en beneficio de nosotros mismos, la familia y la sociedad entera. La desconfianza en la pareja tiende a ser uno de los factores más comunes de hoy día, principalmente por una falta de adhesión a unos sanos ideales que valoren la relación de pareja como uno conducente a una felicidad normal con sus altos y bajos pero estable.La fidelidad es el íntimo compromiso que asumimos de cultivar, proteger y enriquecer la relación con otra persona y a ella misma, por respeto a su dignidad e integridad, lo cual garantiza una relación estable en un ambiente de seguridad y confianza que favorece al desarrollo integral y armónico de las personas.

Por extraño que pueda parecer, la fidelidad es anterior a la relación misma; debemos conocer y descubrir realmente lo que buscamos y estamos dispuestos a dar en una relación. La rectitud de intención nos ayudará a superar el egoísmo y hacer a un lado los intereses poco correctos. Así, una relación está destinada al fracaso por desvirtuar el propósito de la misma: Esto sucede con quien busca un joven apuesto o una chica hermosa para satisfacer la propia vanidad o la búsqueda de placer; peor aún si se pretende a través de esa relación, alcanzar una mejor posición social y un interés económico.

Poco futuro tiene esa pareja cuando alguna de las partes no ha entendido que debe haber disposición para compartir, comprender y colaborar al perfeccionamiento personal del otro.Podemos afirmar que el egoísmo es el mayor peligro para cualquier relación. Aunque no siempre aparece a primera vista, podemos observar que algunas personas se dejan llevar por todo lo que es novedoso: ropa, autos, aparatos...; con el consecuente cumplimiento de sus caprichos, buscando el placer en la comida, la bebida, el sexo y la diversión. Estas personas están en constante peligro de faltar a la fidelidad en cualquier momento, porque su vida está orientada a la novedad, al cambio y a la búsqueda de nuevas experiencias y satisfacciones.

Ser fiel cuesta trabajo porque no existe la disposición a dar y a darse. ¿Cómo esperar que una relación no sea aburrida al poco tiempo? ¿Cómo pretender que se eviten nuevas experiencias? Vencer al egoísmo, al placer y a la comodidad con una conducta sobria, garantiza nuestro crecimiento personal, y por ende, el de cualquier relación. La fidelidad no es exclusiva del matrimonio, es indispensable en el noviazgo porque no hay otra forma de aprender a cultivar una relación y hacer que prospere.

No está mal en ningún momento que se conozcan a distintas personas antes de decidir con quien sacar adelante su proyecto de vida, pero debe hacerse bien, sin engaños, procurando conocer realmente a la persona, dando lo mejor de sí mismos, teniendo rectitud de intención en sus intereses, eso es noble, correcto y sobre todo, leal.También debemos ser cautelosos en nuestros afectos y tratar con delicadeza y respeto a las personas del sexo opuesto, máxime si ya tenemos otra relación o un compromiso con alguna persona en particular.

Una cosa es la cortesía y el trato amable, otra muy diferente los halagos, las excesivas atenciones y la comunicación de sentimientos e inquietudes personales; estos intercambios hacen crecer un afecto que va más allá de la amistad y de la convivencia profesional porque se involucra a la persona en nuestra vida, en nuestra intimidad y siempre tendrá la misma consecuencia: faltar a la fidelidad. Por eso, es necesario ser muy cuidadosos con nuestro trato en la oficina, la escuela, con los familiares y en todos los lugares que frecuentamos.
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Imagen cedida por Yolanda Caballero--

La fidelidad no es atadura, por el contrario, es la libre expresión de nuestras aspiraciones. Una buena relación posee una serie de características que la hacen especial y favorecen a la vivencia de la fidelidad, pero deben cuidarse para que no sean el producto de la emoción inicial:

- Existe el interés por estar al lado de la persona, se procuran detalles de cariño y momentos agradables.
- Constantemente se hace un esfuerzo por congeniar y limar las asperezas, procurando que las discusiones sean mínimas para lograr la paz y la concordia lo más pronto posible.
- Se da poca importancia a las fallas y errores de la pareja, hacemos todo lo posible por ayudar a que las supere con comprensión y cariño.
- Somos cada vez más felices en la medida que se "avanza" en el conocimiento de la persona y en la forma en la que corresponde a nuestra ayuda.
- Compartimos alegrías, tristezas, triunfos, fracasos, planes... todo.
- Por el respeto que merece nuestra pareja, cuidamos el trato con personas del sexo opuesto, con naturalidad, cortesía y delicadeza; que a final de cuentas, es el respeto que tenemos por nosotros mismos.

La fidelidad no es sólo la emoción y el gusto de estar con la pareja, es la lucha por olvidarnos de pensar únicamente en nuestro beneficio; es encontrar en los defectos y cualidades de ambos la oportunidad de ser mejores y así llevar una vida feliz. Sin lugar a dudas, cuando somos fieles podemos decir que nuestra persona se perfecciona por la unión de dos voluntades orientadas a un fin común: la felicidad del otro. Cuando este interés es auténtico, la fidelidad es una consecuencia lógica, gratificante y enriquecedora.

Vivir la fidelidad se traduce en la alegría de compartir con alguien la propia vida, procurando la felicidad y la mejora personal de la pareja, generando estabilidad y confianza perdurables, teniendo como resultado el amor verdadero.

Adaptado por Arcángel para PERSONALIDAD & RELACIONES. Fuentes originales Fidelidad y Lealtad Wiki-Pedia y Revista Digital Proyecto Salón Hogar.

CONCENTRATE, por ACALIGULA

Imagen cedida por Mamen
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Como hemos leído en algún otro artículo de P&R nuestro estado interno, se refleja en el comportamiento de nuestra pareja femenina. Hay una cosa que debo añadir a esta cuestión. Cuando los hombres nos centramos en nuestras tareas que excluyan a la fuerza nuestra pareja ellas lo suelen notar, pero muchas veces no nos ayudan sino que nos distraen. Procedamos a analizar lo que ocurre en estas situaciones.

Los que se marcan metas grandes que sólo se pueden alcanzar a la larga, les supone un sacrificio. ¿Qué tipo de sacrificio? Dedicarle muchas horas, ganas y energía. Estoy seguro que lo más bonito y lo más apasionante en esta vida es llegar a realizar tus sueños. No me refiero a cosas superficiales como cubrir las necesidades sexuales con aquella mujer que tanto deseamos. Tarde o temprano las cubrimos si hacemos las cosas bien desde el principio y aprendemos de las experiencias.

Mi análisis va más allá de estas necesidades, se trata más bien de una advertencia que debemos tener en cuenta mientras recorremos nuestro camino hacia nuestros sueños. Cada día voy comprobando que el camino del éxito se alcanza tarde o temprano, estoy seguro que de alguna manera u otra llega, pero ¿cuál es el problema?: Las distracciones, las cuales pueden surgir mientras avanzamos por nuestro camino. Generalmente estas distracciones provienen generalmente por parte de nuestra pareja, en el caso de que mantengamos una relación seria.

Mientras estamos en ese camino (en la cual me incluyo) considero muy importante aprovechar muy bien el tiempo al máximo. Los que de verdad perseguimos grandes metas debemos apartarnos un poco de la sociedad, quiero decir que, si siempre vamos con el rebaño, nunca podremos destacar. La única manera de progresar es trabajando día a día y lograr ser el mejor en tu profesión o en lo que sea. Ese trabajo nadie lo puede hacer por nosotros. Depende exclusivamente de nosotros mismos y de la fuerza de voluntad que tengamos

Quizás muchos de los lectores de P&R ya habrán pasado por esta fase, pero a donde quiero llegar a concluir es que considero muy importante la persona que esté a nuestro lado en estos momentos. Una pareja que nos comprenda y que nos proporcione tranquilidad y apoyo para seguir nuestros sueños es crucial. Muchas veces podemos tener la sensación que nuestra pareja nos roba el tiempo o nos distrae hasta tal punto que notamos que nos perjudica y nuestro rendimiento decae.
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Imagen cedida por María
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¿Qué se debe hacer? La respuesta es fácil: si la chica merece la pena y la quieres, debes hablarlo con ella. No debemos olvidar que las mujeres son mucho más emocionales que nosotros. Si un día le has dado una buena dosis de alegría y de buen estar, otro día te acabará pidiendo lo mismo o incluso más. Las buenas emociones enganchan, y sabemos que las mujeres son muy adictas a las emociones positivas (y también a las negativas) y siempre quieren más, es decir ellas se esperan que le des otra buena dosis. Pero quizás tú no dispongas de tanto tiempo para volver a dárselas porque debes estudiar o trabajar. Si vuelve a por más, por supuesto es muy buena señal, sobre todo al principio de la relación y se tenéis un marco al 50% lo estarás haciendo muy bien.

Si notas que para ti en algún momento notas que te distrae y ves que su actuación de molestarte se pueda convertir en una costumbre en ese caso veo muy recomendable “educarla”. Ella debe saber que te esperas de ella plena confianza y mínima distracción, sean citas, llamadas, mensajes al móvil, correos electrónicos. Para empezar es bueno hablarlo con ella diciéndola que los hombres en ese sentido somos diferentes Debemos aprender a “educarlas” sutilmente y lograr que comprenda que los hombres nos distraemos con mucha facilidad y mucho más si pensamos en el sexo con ella.

Es muy difícil para los hombres mantener nuestra mente en varias cosas, lo llevamos en los genes. Sin embargo para la mujer, desempeñar numerosas tareas mentales a la vez es algo natural. Y si no, os animo a que os fijéis cuando vayáis de compras a un supermercado por ejemplo. Os daréis cuenta que la mayoría de las mujeres cajeras, (algunas de ellas asombrosamente rápidas y hábiles), pasan los productos por la caja (la maquinita que lee el código de barras y que pita) mientras que pulsan el pedal con el pie que tienen para acercar los productos que estén más alejados. Cuando sea un hombre el que está haciendo esta tarea (en raras ocasiones pero los hay) fijaros que no puede hacer ambas tareas a la vez, es decir, primero pasará los productos por la caja y luego pulsará el pedal, nunca a la vez). Puede que ésta sea la explicación, dejando el machismo un lado, el porqué las mujeres desempeñan mejor este trabajo.

Los estudios de los psicólogos demuestran esta diferencia de concentración entre hombres y mujeres. Las mujeres creen sin embargo que los hombres también podemos concentrarnos en varias cosas a la vez, y por eso, por eso actúan con nosotros así, pero cuando un hombre necesita máxima concentración en sus metas, cualquier distracción puede ser muy negativo para su rendimiento. No dejes que eso ocurra porque te perjudicará

Si la quieres de verdad y quieres que funcione has de hablar con ella advirtiéndola con mucha educación y respeto que hay momentos que necesitas total concentración y cualquier cosa te puede distraer. Debes educarla a que no te moleste, lo que para ti es una molestia para ella no lo es, ellas no entienden esto, a no ser que se lo comentes o que ya lo haya aprendido.

Debes tener paciencia para “educarla”, pero si tu pareja en cuestión sigue molestándote y distrayéndote por cualquier tontería, incluso después de haber hablado con ella sobre el asunto, quizás no sea la persona adecuada para ti. Recuerda que tu tiempo es oro, la necesitas para cumplir tus sueños y no debes permitir que nadie te la quite o que te distraiga.

Un saludo a todos


Acalígula

EL SENTIMIENTO DE CULPA

Imagen cedida por Martha

Cuenta el Génesis, que a Adán y Eva después de haber probado la fruta prohibida, SE LES ABRIERON LOS OJOS y se dieron cuenta que estaban desnudos. Dios les echó una charla de esas que te dejan clavado en el sitio y les echó fuera. Desde entonces, parece que la humanidad va de culo. Cuando hacemos algo que entra en conflicto con nuestros valores principales, se activa inmediatamente un mecanismo interno que enciende una alarma. Esa alarma o mecanismo de detección de que hemos ido en contra de alguno de nuestros propios pilares básicos, con los que concebimos los principios, que después se traducen en actos y en comportamientos, tiene un nombre: EL SENTIMIENTO DE CULPA.

La cuestión es porqué a veces actuamos o vamos en contra de nuestros propios principios y valores. Quizás una de las razones más frecuentes es porque nuestros intereses reales en un determinado momento, no están en consonancia con estos valores. El origen de estos intereses puede ser sexo, dinero, envidia, influencia, poder, ambición… El que sea. Podemos hacer dos cosas, actuar en función de ser coherentes con nuestros valores e ignorar nuestros intereses, o bien hacer una revisión de nuestros valores para cambiarlos, si real y objetivamente comprobamos que los valores que tenemos “no nos dan de comer”.

En una de las formaciones que recibí con los misioneros, uno de los superiores dijo algo que se me quedó grabado: “Que sepáis que el sentimiento de culpa es un invento del diablo, porque no permite que te levantes cuando has caído, no te deja reaccionar”. Desde luego la culpa buena no es, las contradicciones son normales, todos las tenemos, forman parte del ser humano, del paso entre el ideal a lo real. La culpa te hace sentir que no puedes hacer nada para mejorar lo que ha pasado, hace que te quedes en la cueva sin moverte y sin salir, para no volver a equivocarte.

Hay gente que se engaña a sí misma diciendo que son personas de principios, que todo lo que hacen, lo hacen en función de esos valores porque estos están por encima de todo, pero cuando nadie les ve, se abandonan a sus verdaderos intereses. ¿No sería más fácil cambiar los valores en función de lo que realmente nos haga falta en nuestra vida? Así, no nos pegaríamos tantos golpes, no tendríamos tantas contradicciones y probablemente nos sentiríamos más libres a la hora de actuar, porque teniendo unos valores acorde con nuestros intereses y necesidades, te encamina en línea recta y sin baches hacia donde quieres llegar. La culpa debería ser sólo un indicador que nos dijera que “aquí hay algo que no encaja”, para hacer revisión de intereses y prioridades, ser tomada como tal y NO COMO MOTIVO DE VERGÜENZA, MIEDO A EQUIVOCARSE… MIEDO AL FIN Y AL CABO.

Otro aspecto negativo de la culpa, es que puede ser fácilmente instrumentalizada, hay personas que para conseguir lo que quieren de alguien, son especialistas en transmitir sentimiento de culpa, conocido también como chantaje emocional. La forma es la siguiente tanto si se hace más de forma directa o indirecta: “Si no consigo lo que quiero me vas a fallar, o no me quieres o no esto, o va a pasar esto otro…”. Es una muy mala manera de responsabilizar a otra persona de una incapacidad propia.

En el canal femenino de terra, he encontrado un artículo muy interesante escrito por Ruth Muñoz Pedrero, Psicóloga clínica, titulado Culpabilizar, ¿por qué lo hacemos? y que cita lo siguiente: La culpabilización es la condena de ti mismo o de otros por acciones impropias o perjudiciales. La culpabilización habitualmente se produce porque se confunde el comportamiento impropio o malo con “ser malo”. Todos hacemos conductas desagradables en algún momento. Basta con que nos demos cuenta y lo intentemos solucionar, pero no es sano llevar “una marca” toda la vida por alguna situación que se ha hecho mal.

La cuestión aquí es saber aceptar nuestras limitaciones y no quedarse solo en eso, sino en tener propósito de enmienda, o sea, querer mejorar y saber que REALMENTE SE PUEDE MEJORAR. El tener la intención clara de mejorar es algo básico. El querer quedarse atascado en un sentimiento de culpa, es algo similar a rendirse porque piensas que no puedes ser mejor persona, o piensas que siempre vas a decepcionar, o que siempre te va a salir todo mal y por eso no haces intento alguno por levantarte. --

Imagen cedida por Martha
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En esto tiene mucho que ver la educación y el trato que hayamos recibido. Si ya desde pequeños nos han reprimido una y otra vez o castigado severamente por equivocarnos, en realidad están coartando nuestra capacidad para levantarnos y recuperarnos del error, quitando iniciativa de actuar y tenderemos cada vez más a no actuar para no equivocarnos para evitar así, esa culpa que sabemos que vendrá en cuanto fallemos: “Si no hago nada, no me equivocaré, mejor dejar las cosas como están, no vaya a ser que la cague y después me sienta mal”.

A veces estamos tan sumamente condicionados por estos sentimientos, que nos perdemos un mundo: mejorar nuestro trabajo, arreglar un problema de pareja, intentar recuperar a un amigo, intentar dejar de fumar, empezar a ir al gimnasio para cuidarse, etc. ¿Verdad que si no conseguimos superar alguna de estas cosas te sientes mal por no haber sido capaz de…? Desde luego yo tengo algunas cuentas pendientes en cuanto a algunas de estas cosas.

Me viene a la mente la imagen de un niño jugando en el tobogán del parque haciendo el “mira mamá …¡sin manos!”, de repente se cae al suelo y se raspa la rodilla. La madre se levanta corriendo, le sacude el culo y lo sienta en el banco para que se esté quieto. Le riñe y le dice: “deja de hacer el mono”. No le puedes pedir a un niño que no juegue, que no haga el mono, no le puedes pedir a un niño que no se caiga… La próxima vez que se suba al tobogán, se lo pensará dos veces y mientras su amigos siguen jugando, el tendrá que quedarse atrás para no llevarse la bronca de su madre (cuando yo era pequeño las cosas se hacían así, ahora si riñes a tu hijo estás violando sus derechos).

Lo ideal sería que en vez de ir corriendo a por su hijo para reñirle, delante de todos los demás niños del parque (todos sabemos como sienta eso cuando tu mundo es tan pequeño y tan reducido), que se acerque y que le tienda la mano, PERO QUE SE LEVANTE EL, porque si no aprende a levantarse y a recuperarse desde pequeño, jamás se sentirá responsable de nada, capaz de incorporarse o de sentirse capaz de enmendar o compensar después de cometer un error.

No querer levantarse después de caer, o no querer enmendar un error después de cometerlo, es un síntoma de orgullo, y como me decía mi abuela cuando era pequeño: “El orgullo nunca te dará de comer”. El mismo misionero formador que mencioné al inicio del artículo, a veces citaba en sus predicaciones de pecado: “No es más santo el que menos peca, sino el que siempre se levanta y se reconcilia”. Seas o no seas creyente, lo vas a entender perfectamente. Es como cuando quieres conquistar a una mujer, tal y como te diría un buen amigo “El NO ya lo tienes ¿Qué puedes perder por intentarlo?”.

Un fuerte abrazo.

Arcángel.

PAZ INTERIOR

Imagen cedida por Ana Vanesa
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Sin duda dos palabras muy fáciles de pronunciar y a la vez muy difíciles de conseguir, me pasa con ellas algo parecido a la palabra AMOR. Se pueden usar en muchos contextos, parece que no quieren decir nada, pero si las tienes bien integradas dentro de ti, es difícil que el día a día haga mella en tu estado interno.

La verdad es que es algo que me preocupa de sobremanera, ya que podría deciros que llevo en este último periodo en su búsqueda como si se tratara del Santo Grial. Obviamente, uno siempre busca y echa en falta aquello que no tiene. Por encima de trabajo, pareja o salud, la paz interior es un bien que nadie puede darte, sino que es algo que o se tiene o no se tiene. Muchas veces te das cuenta de que no la tienes cuando te falta una de estas tres cosas que acabo de mencionar: trabajo, pareja o salud, o como se decía antes… SALUD, DINERO Y AMOR.

Lo verdadero, es que no tengas paz interior porque te falten alguna de estas tres cosas, sino que cuando te falta alguna de ellas, te das cuenta de que no la tienes y lo sufres. Creo que la última vez que sentí algo parecido a paz interior fue en mi etapa de formación con misioneros católicos, de echo a veces echo en falta ciertas cosas como la oración… O mejor dicho, lo que en verdad echo en falta es como me sentía cuando lo hacía.

Supongo que no todos lo entenderéis, pero la sensación sería parecida a esto: SABER QUE LO QUE HACES ES LO QUE DEBES Y DESEAS HACER A LA VEZ, ESTAS HACIENDO LO CORRECTO Y SABES QUE NO TE EQUIVOCAS. Si lo miramos bien, esta sensación coincide mucho con lo que entendemos por CONGRUENCIA, la certeza de saber que lo que proyectas en el exterior, está perfectamente alineado con tu comportamiento, deseos e intenciones. En resumidas cuentas, se da cuando reflejas coherencia de vida.

Hace ya muchísimo tiempo que este sentimiento no alberga dentro de mi, quizás porque quiero provocar imposibles en mi vida diaria, o en el medio-largo plazo. Aquí tengo que remitiros a una cita muy famosa de nuestro amigo John Lennon, que no es que me caiga especialmente bien, pero si dijo una verdad verdadera al menos una vez en su vida y he de reconocérsela: La vida es aquello que ocurre mientras te empeñas en hacer otros planes. Este es el tema de siempre, mirar y preocuparte más por lo que me falta que por lo que tengo.

¿Habéis experimentado alguna la sensación de POBREZA? No me refiero a pobreza económica exclusivamente aunque también vale. Me refiero más bien a darte cuenta y hacerte consciente de tus limitaciones reales. No me refiero a falsas creencias o a limitaciones impuestas por uno mismo, en plan “Ay… Es que no me sale nada…”. Me refiero a que cuando no hay… Y realmente no hay. Reconocer lo bueno de uno mismo gusta y es fácil deleitarse en los buenos momentos, pero mirarse al espejo y ver algo que no te gusta es difícil de aceptar. Como cuando te haces una mancha en la ropa, o un descosido, intentas taparlo y que no se vea, pero sabes que lo tienes aunque no sea aparente para el resto de las personas, tu sabes que lo tienes e intentas taparlo.
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Imagen cedida por Ana Vanesa
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Lo cierto es que resulta difícil, al menos para mi, saber aceptar mis pobrezas individuales, como no queriendo reconocer que a veces pueda enfocar la vida y las relaciones de forma errónea. Desde luego es mucho más fácil admitir estas pobrezas verbalmente que interiorizarlo de verdad. Esto es fácil de ver, cuando uno recoge siempre lo que siembra, si no recoge los frutos que esperaba recoger, es que no ha sembrado bien lo que pensaba o se le ha pasado regar a tiempo. Los resultados nunca se equivocan, las elecciones que tomamos si pueden ser acertadas o erróneas.

Bendita seas paz interior, allá donde estés tienes la puerta abierta para entrar en mi casa. No nos engañemos por favor, yo el primero, la paz interior no vendrá en forma de un mejor trabajo, la mujer adecuada o un buen estado de salud… Estas cosas solo son señales de que las cosas te van más o menos bien. He conocido a gente que no tiene nada, y cuando digo nada es nada, gozando de una paz que ya la quisieran los multimillonarios como Donald Trump.

La única solución y la única respuesta que veo para poder ganar esta paz interior es la coherencia de vida. Decirlo es fácil ¿verdad? Que lo que haya por dentro coincida con lo que se proyecte fuera. Que lo que quieras ser, sea lo que eres, pero… ¿Quién sabe realmente lo que quiere?

Un fuerte abrazo.


Arcángel.

EL SECRETO DEL EXITO, por STEEL


Imagen cedida por Monikiki

No se si habéis leído el libro “el secreto”. Es un libro gracioso, una de esas americanadas, que tan bien se venden por los Estados Unidos. Básicamente te explican que si quieres algo de verdad lo puedes conseguir. La primera vez que me lo comentaron, pensé “¡Lástima no haberlo sabido cuando con 5 años”… Pedí mi primera bicicleta y no me la trajeron los Reyes hasta dos años después, ¡debe ser que no la quería de verdad!”.

Bueno, el caso es que quien ha escrito el libro, una americana con cara de estar mas feliz que una perdiz, lógico teniendo en cuenta que se ha hecho millonaria, con algo que en mi casa sabia ya mi bisabuelo: si quieres algo de verdad lo conseguirás, solo tienes que marcarte una meta, saber realmente que quieres, centrarte en ello, trabajar duro para conseguirlo. Ahora pensarás, ¡Pues vaya que tontería!, Pues tienes razón.

Pero ya ves en Estados Unidos, parece ser que no lo sabían. Es una cultura distinta la Americana, para ellos nada fuera de ellos mismos existe, y cualquier cosa escrita o que ven en la tele es cierta. Un pueblo curioso este, casi tanto como los chinos, cuando pasé tres meses en china entendí eso de “engañarlos como a chinos”. Sin duda para los occidentales, los chinos, me refiero a los de la china, no confundir con otros asiáticos que igual se enfadan.

Resultan cuanto menos curiosos, ¿Sabéis que muchos de ello no hacen ningún negocio sin que su pitonisa particular se lo aconseje?. Cuando tienen que hacer un negocio o fiarse de alguien le piden a su bruja, pitonisa, maga o como la quieran llamar que consulte las estrellas y que vean a la persona, se fían al 100% de lo que diga la buena señora, al punto de que he visto a mas de uno estafado de la forma mas tonta, como por ejemplo un chinito que había encargado un logotipo muy madrileño a un creativo, uno que hasta se parecía al Risto Mejide, ese que sale en OT, y que no se si será listo o no, pero educación desde luego no tiene.

Bueno, pues el tan creativo les presentó un book con varias opciones y unos logotipos madrileños famosos, como el de una gaseosa que se llamaba “La revoltosa”,y que era una chica vestida de “chulapa”, y que tenia mas años que “la tana”, pues mira por donde la adivina, ese día la visión del futuro la tenia que tener algo nublada, escogió justo el logo de “la revoltosa” y les metieron un pleito a los chinos que se quedaron mas amarillos que de costumbre.

En fin ya os contaré mas cosas de los chinos en otra ocasión, que hoy el tema iba de Yankees. Cada vez que viajo a Estados Unidos alucino, pero no por sus edificios, ni por sus restaurantes o tiendas, sino porque siempre me pregunto como pueden ser tan incultos, como un país con tantas razas, con tantos inmigrantes, puede tener un desconocimiento tan absoluto de sus países de origen, de sus costumbres, incluso de donde están sus raíces.

Bueno como este, es un espacio dedicado al estudio de las relaciones humanas, en cierta forma, el capítulo dedicado a como ligar, y tener pareja es muy gracioso, es algo así como si quieres ligar, liga. Sal mucho conoce muchas chicas, y si quieres pareja haz lo mismo pero quédate solo con una o uno. Vamos que ha descubierto la pólvora. --

Imagen cedida por Monikiki

En definitiva, que después de ver que esa buena mujer se ha hecho rica vendiendo, algo tan sencillo como si quieres conseguir algo tienes que trabajar para obtenerlo, estoy pensando en escribir uno con algo así como: “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma debe ir a la montaña”. Estoy segura de que yo también me puedo forrar. Aunque no creo que en España haya gente tan tonta como para picar. ¿O si?, en definitiva que como no quiero arriesgarme y cada día me siento mas española, no quiero comprobar si los españoles somos tan tontos como los americanos y los chinos y me iré a venderlo a los EEUU, donde el éxito lo tengo garantizado. Ya os mandaré una postal desde la Gran Manzana.

Nosotros decidimos en que mundo queremos vivir, y con nuestros actos nos encaminamos a él.

Steel

LA PERDIDA DE LA INOCENCIA

Imagen cedida por ThinkPink
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A estas alturas puedo afirmar que la pérdida de la inocencia es algo que va con la madurez, aunque probablemente todas y todos, nos vayamos dando cuenta de esto conforme vamos teniendo experiencias en nuestras relaciones amistosas y de pareja. También es cierto que cada vez los niños, aunque sean niños son cada vez menos “inocentes” y más conscientes de cómo se juega en el tablero a día de hoy, puesto que la educación que reciben, no es la misma que recibimos todos aquellos treintañeros de mi quinta, los que nos criamos con Espinete y Don Pin Pon, hicimos EGB, BUP y COU y no tuvimos novia hasta la universidad. La verdad es que se nos educó para creer lo que se nos decía, al menos a mi, ahora educan a los niños para creerse lo justo y comprobarlo todo poniéndolo antes en tela de juicio.

Recuerdo la primera vez que me enamoré de una chica, tendría 14 años y me dio tal trauma que cuando se fue de vacaciones me pase dos días seguidos llorando. Recuerdo que me dieron ganas de coger un autobús e irme a Gandía detrás de ella. La verdad es que a esas edades, a uno le pesa más el contenido de testosterona en sangre debido la pubertad hormonal, que la razón o cualquier otra cosa… Pero es cierto que en esos momentos, si que me daba todo igual aparte de ella. Recuerdo también que aquel año en San Valentín me armé de valor y fui al mismo portal de su casa, delante de toda su familia, a darle un cassette de canciones que estaban de moda y un corazón que había hecho con aluminio y papel celofán rojo.

La verdad es que me importaba una mierda lo que pensara ella, su familia, mis amigos al verme berrear cuando se mudó de casa, el cachondeo de su pandilla de amigas, etc. etc. Era lo que sentía que tenía que hacer y punto, no me planteaba nada más. La verdad es que por aquel entonces a mis 14 añitos, mi comportamiento si que estaba perfectamente alineado con mis deseos e intenciones… No como ahora, que parece que un simple abordaje en frío es una aventura para escribir novelas. Es un poco fuerte que el comportamiento de un mandril adolescente como era yo por aquel entonces, sea más congruente que el de una persona adulta de treinta años, suponiendo que con la madurez se gana algo de… ¿Sabiduría? ¿Experiencia? ¿Conocimiento?

Lo que quiero decir con todo esto, es que parece que queramos hacer ciencia de algo que va inherente en nosotros desde que nacemos, algo totalmente natural y que habita en todos nosotros. Con la edad y las experiencias, la verdadera pérdida de la inocencia es en realidad, LA ADULTERACIÓN DE NUESTRO YO MÁS AUTÉNTICO. Parece que ahora debamos usar máscaras sociales para no comportarnos de la forma en que profundamente todos deseamos, que no podamos señalar con el dedo aquello que realmente nos llena por miedo a las consecuencias o al rechazo. ¿Realmente hace falta montar todo esta parafernalia? Desde luego, es científicamente imposible que podamos volver a la niñez o a la adolescencia, cuando no éramos conscientes de todas las barreras y máscaras sociales que más tarde nos impedirían llevar una vida más plena en el periodo adulto (por llamarlo de alguna manera).
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Imagen cedida por ThinkPink
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De igual forma que pasa con el cuerpo, parece que el alma, las emociones, los sentimientos van creciendo, pero a la vez envejeciendo y haciéndose más rígidos, inflexibles y quebradizos. Parece que ahora, al comenzar una relación, tal y como lo he expresado en numerosas ocasiones hubiera que “redactar un contrato” para cubrirse bien las espaldas. ¿Es que no puede ser espontáneo? ¿Acaso los animales se plantean todas estas disyuntivas? Parece que hay que protegerse antes de dejar entrar a alguien en tu vida. Pregunta tonta de Perogrullo: ¿Esto es Alfa? Ni Alfa, ni leches en vinagre. Voy a poneros un ejemplo que tengo grabado en la memoria desde mi infancia, pero muy gráfico de lo que es NO PERDER LA INOCENCIA CON LA EDAD, o mejor dicho… No ganar malicia con la misma. --

¿Recordáis la película EL LAGO AZUL? En la que Dos niños, Emmeline y Richard, y el cocinero de un barco, únicos supervivientes de un naufragio, son arrastrados por el mar hasta una isla desierta. Poco después, el cocinero muere y los niños tienen que arreglárselas solos. El tiempo pasa, y Emmeline y Richard crecen, como una parte más del paraíso en el que viven. Sus cuerpos empiezan a sufrir los cambios propios de la adolescencia, provocando una curiosidad natural del uno por el otro. De forma inocente inician sus primeros juegos sexuales, fruto de los cuales nacerá un bebé.

Pocas películas podréis ver que reflejen mejor lo que quiero decir pero… En efecto, solo películas, esta situación no se da en la vida real a menos que te quedes atrapado en una isla desierta para los restos desde la niñez. Parece que de hecho, estemos condenados a adulterarnos conforme vayamos creciendo y lo que es más importante: PERDER NUESTRA ESENCIA MÁS NATURAL E INSTINTIVA QUE PRECISAMENTE NOS GARANTIZA LA SUPERVIVENCIA, hablando y trasladando este tema a un nivel evolutivo. ¿Nunca habéis pensado algo parecido? Creo que no es algo tan extraño.

¿Qué podemos sacar en práctico de todo esto? Realmente las relaciones y la vida en general son muy básicas. No he dicho sencillas, he dicho básicas, insisto. Cuando digo básico, digo que lo realmente importante es la sangre. La sangre no piensa, no duda, no se equivoca… Todo lo que tenemos montado a escala social es parafernalia, simplemente es una manera de regular lo que ya existe por si mismo, la supervivencia de la especie en una forma global, ya que a un nivel particular de individuo sería imposible sobrevivir o adaptarse.
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Imagen cedida por ThinkPink

Una vez más la respuesta la tienen los genes ¿Acaso hay algo más sencillo y más básico que un gen? La unidad de vida… y nosotros vamos detrás de ellos, no por delante. ¡Que nadie se piense que “sabe más que un gen”!, ya que todo esto está montado simplemente para mantener su perpetuidad en el tiempo, todo lo demás es filosofía. Al final va a resultar que en la inocencia de los niños está la clave de todo.

Un fuerte abrazo.


Arcángel.

DE HEROES Y HEROINAS, por STEEL

Imagen cedida por Sonia Meroño

Cuando miro hacia atrás y recuerdo mi niñez, veo a mi abuelo que había combatido en el Norte de África contándonos a mis primos y a mi, las historias de los soldados que combatieron a sus órdenes, la valentía, el arrojo, el espíritu de sacrificio y en muchos casos la desesperación que los llevaban acometer gestas en las que generalmente perdieron la vida, pero en palabras de mi abuelo se ganaron el reconocimiento y el recuerdo en sus respectivas compañías. Una vez le pregunté, Abuelo ¿No había cobardes en su regimiento? Mi abuelo muy serio me respondió, “ Ni la historia, ni nosotros debemos recordar a los que se deshonraron a ellos mismo y a sus compañeros”.

En un tiempo en el que lo único que importaba era cumplir una palabra dada, el honor no tenía precio. Hoy en día no hay honor ni deshonor, todo se reduce a dinero, y a ser lo bastante listo para que no te pillen haciendo una tropelía. Ojo que por tropelía no me refiero a robar, malversar etc. Pero si me refiero a mentir, “escurrir el bulto”, echar la culpa a otro, a no ser totalmente honesto ni sincero con los demás.

Estamos en un mundo en el que se nos empuja al éxito o lo que es lo mismo, al dinero. Si al dinero ya sea en forma de cuenta corriente en el banco o con la apariencia de una casa cara, un coche caro, ropa cara, restaurantes caros, y por supuesto “una mujer cara”, si vemos a un hombre con todo esto pensamos, “ que suerte tiene”. Sin embargo, la mayoría de las veces no es más que un pobre diablo. La idea del “honor” y de la “deshonra” de nuestros abuelos ha desaparecido junto con la idea del sacrificio personal para conseguir las cosas. Hoy en día, deshonra es no poder conseguir un coche más grande que tu vecino o amigo. Deshonra es no poder llevara a tu novia a un restaurante caro, o no llevar a tus hijos al mejor colegio de Madrid.

En definitiva, lo peor que te puede pasar es no tener dinero, la forma en que lo consigas no tiene importancia, y una temporada en prisión por haberte convertido en “amigo de lo ajeno” no tiene la menor importancia… ¡Total al salir serás rico!. Cuando se habla de alguien en según que estratos sociales, se le valora por el trabajo, la casa, las influencias, y por las fiestas que da en su casa, pero ya no se valora a la gente por su capacidad de mantener su palabra, su lealtad, su honestidad, ni por ninguna de esas cualidades por las que se le hubiera aceptado en la sociedad de principios y mediados del siglo XX.

Es muy fácil caer en la trampa que nos tiende la sociedad. Los niños hasta los tres años no saben mentir, aprenden de otros niños o de los adultos y hacerlo según los psicólogos y neurólogos es signo de inteligencia. ¿Curioso verdad? Implica un grado de madurez y de astucia para intentar librarse de castigos, lo que no dicen es que los monos tienen la misma habilidad, en particular los chimpancés aprenden a engañar a sus congéneres a una edad más temprana que lo hacemos los humanos. La forma mas sencilla de conseguir algunas cosas es precisamente mentir.

Imagen cedida por Sonia Meroño

Por ejemplo, quieres ligar y está claro que cuando te has mostrado como realmente eres no te has comido una rosca, y descubres que mostrándote de otra forma a las chicas les gustas más, así que te muestras de una forma que poco o nada tiene realmente que ver con como eres. En la oficina las cosas no van bien, tienes el trabajo atrasado y en lugar de asumir que has tenido problemas o que no has podido hacerlo, finges que eres el mejor y el más trabajador y delante de tu jefe le echas la culpa a los de informática, a tus compañeros, o al Espíritu Santo, a cualquiera menos a ti. Llegas tarde, en lugar de asumir que te entretuviste demasiado, le echas la culpa al trafico, a las obras o al alcalde.

En definitiva, estamos aprendiendo a echar la culpa de todo a cualquiera a no asumir nuestros fallos, a pensar que lo importante no es hacer bien las cosas o ser honesto, sino que lo importante es conseguir lo que queremos a costa de cualquier cosa… Estamos aprendiendo muy deprisa, porque es lo que se lleva en esta sociedad en la que vivimos, en la que las nuevas generaciones no saben lo que es el sacrificio, la dignidad, la honra, la hombría, la palabra dada. Donde las nuevas generaciones nacen con la frase “tengo derecho” perfectamente aprendida y con un desconocimiento total de lo que significa “sacrificarse para conseguir algo o pagar un precio por algo".

Cada vez que veo los cuadros de Goya recién restaurados de “La carga de los Mamelucos” y “ Los fusilamientos del 3 de mayo”, se me pone los pelos de punta. Me puedo imaginar a esa gente del pueblo luchando a sabiendas de que el precio que van a pagar no es sólo su vida, es la pobreza para su familia, la miseria para sus hijos, pero dispuestos a todo por no sufrir una humillación, por no tener que agachar la cabeza delante un invasor, muriendo por que sus mujeres pudieran ir por la calle sin que los franceses las molestaran, por que sus hijos pudieran crecer sintiéndose orgullosos de ser españoles. En ese tiempo no importaba la posición social, ni el hambre que se pasara, ni el dinero que se tuviera, solo importaba la dignidad, si se era pobre había que llevarlo con dignidad, cualquier trabajo era digno si se hacia bien, si eras rico pero no lo habías conseguido dignamente eras un paria social.
Los héroes del dos de mayo, se lanzaron a la calle obligados por la situación, el condicionamiento social y sus propias convicciones. Esta gente sabía lo que era el sacrificio y que para conseguir algo hay que saber pagar, el precio de su dignidad fue su vida. Hoy en día esto es impensable. Aún hoy en día, después de haber visto hasta la saciedad el cuadro de “Los fusilamientos del tres de mayo” la figura del hombre con la camisa blanca, afrontando la muerte con valor y dignidad, mirando a los ojos a sus verdugos y abriendo los brazos como retando a los franceses, no ya como en la jornada anterior había hecho enfrentándose a los fusiles y a las bayonetas con una pequeña navaja o unas tijeras, sino con la valentía del que afronta la muerte con la conciencia limpia de haber hecho lo que debía.

Nadie hoy en día se puede imaginar a una Agustina de Aragón, combatiendo en las murallas de Zaragoza, ocupando el lugar de su marido muerto, e intentando suplir la falta de hombres en una sociedad donde la mujer solo era concebida como esposa y madre. En la sociedad actual una hipotética Agustina de Aragón, se enrollaría con el general francés para seguir viviendo a cuerpo de rey.

Hoy en día los héroes son anónimos y se les suele calificar de tontos, son los que por no renunciar a sus convicciones dimiten de un puesto de trabajo donde gana una fortuna por no despedir a uno de los hombres de su equipo de más de cincuenta años, para meter en su puesto al sobrino de su jefe. O el aparejador que prefiere no robar en el cemento, aunque no tenga para comprarse una casa nueva, o el vendedor que no cambiará de coche o no saldrá todos los fines de semana, pero prefiere eso a engañar en las ventas.

Héroes son también las madres que les inculcan a sus hijos los principios de no mentir, de afrontar sus errores, asumir su fallos, que les enseñan que hay que sufrir y sacrificarse para conseguir las cosas, que tener no es derecho sino el resultado del esfuerzo, y les enseñan todo esto aún a sabiendas de que sus hijos serán raros en un mundo de falsedad y mentira. Los héroes actuales son pocos y anónimos, pero los hay sin distinción de clases sociales, religiones, ni sexo. En cuanto a las heroínas, han sido sustituidas por la cocaína, y otras drogas de diseño, en los gustos de las nuevas generaciones.

Nosotros decidimos en que mundo queremos vivir, y con nuestros actos nos encaminamos a él.


Steel