ERES UN TÍTERE DE TU CEREBRO


El origen etimológico del término emoción, proviene del latín “emovere” que significa sacar de lugar, remover o sacudir. El prefijo “e” significa de o desde. Una vez conocido esto, podemos concluir que una emoción es algo que nos saca de nuestra situación estática o fija a otra situación en la que es obligatorio moverse y hacer algo.



Hay obligaciones en la vida, como ir al trabajo, en las que casi te tienen que apuntar con pistola para que las hagas. Hay otras, por el contrario, como son las necesidades fisiológicas, que las haces sin que sea necesario obligarte. Nuestro cuerpo genera impulsos para que vayas al baño o para que bebas agua. No te lo planteas, lo haces.


El origen etimológico del término emoción, proviene del latín “emovere” que significa sacar de lugar, remover o sacudir. El prefijo “e” significa de o desde. Una vez conocido esto, podemos concluir que una emoción es algo que nos saca de nuestra situación estática o fija a otra situación en la que es obligatorio moverse y hacer algo.




Un artículo de Daniel Diez





Los impulsos biológicos son un imperativo que existe para que no te mueras. Si por ejemplo luchas contra el impulso de no beber agua quizá no consigas vencerlo. Y si lo consigues te mueres.
Hay otra necesidad con la que venimos equipados de serie que es la de reproducirnos y cuidar de nuestra descendencia. Es algo más que un impulso. Por eso, la naturaleza recurre a la emoción.
Cuando te enamoras de una mujer no es una decisión voluntaria. No es una elección. En realidad, tu cerebro ha detectado “algo”, ha generado unas emociones y estas te sacan de tu estado normal para que hagas algo. En este caso cortejarla y mantener relaciones sexuales. Si no lo consigues o no haces todo lo suficiente, tu cerebro te castiga con desamor, celos o ansiedad.


El amor son las emociones que te “obligan” a consumar una relación de pareja. Y dichas emociones no son tuyas. Bueno, a ver, claro que son tuyas. Lo que digo es que no tienes mucho control sobre ellas. Igual que vinieron, se pueden ir. Y en la práctica, es lo que suele pasar. ¿Por qué te crees que hay más relaciones de pareja que se rompen a las que se mantienen?

A todos nos gusta el sexo. Incluso sin amor. Y todos de una forma u otra, establecemos con las demás relaciones de conveniencia. Por ejemplo, nuestros amigos del paddle lo son porque tenemos esa afición en común y nos interesa estar juntos.

ACEPTALO: PERO PIENSA CON LO DE ARRIBA

Con las mujeres pasa lo mismo. Y ellas con nosotros igual. No es necesario estar enamorado para que queramos estar con una mujer. La simple promesa de un buen sexo es más que suficiente. Luego, si encima hay gustos y un estilo de vida compatible, el tema puede durar. Ellas con nosotros lo mismo. Solo que son menos visuales y se guían más por otras cosas. ¿Cuáles? Pues ya hemos hablado mucho de esto en el blog. Digamos, que, sin enamoramiento, una mujer es más fácil que esté contigo si eres capaz de cubrir mejor que nadie su puzle de necesidades.

¿Y que necesidades son esas?

Te recomiendo que vengas más a menudo por el blog porque tiene su miga. Pero hoy no me quiero centrar tanto es esto, si no en que, en realidad, o te andas muy listo, o tu biología te jugará muy malas pasadas.
¿Por qué?

Pues si ya hemos dicho que la atracción no es algo que se elija o tengamos demasiado control sobre ello, las emociones nos van a llevar a hacer cosas como crear lazos duraderos con una mujer. Y cuando digo duraderos, al menos así lo es en nuestra mente. Que gracias a un mecanismo que algunos lo llaman “presentismo”, nuestro cerebro se imagina un futuro tan bonito o malo como nos sintamos actualmente. Y ya no vivimos en chozas de barro, ahora nos metemos en hipotecas de 40 años y firmamos contratos de matrimonio con cláusulas que creemos que no se van a poner en nuestra contra.

La emoción va y viene. Los papeles siguen ahí. Las deudas siguen ahí. El juez va a ser implacable. Y así todo.


Las emociones son tuyas, pero a la vez no son tuyas. Su característica es ser volubles y limitadas en el tiempo. Cuanto menos, hemos de ser conscientes de ello. Las decisiones que tomes siempre han de tener en cuenta este factor: que mañana todo puede ser muy diferente. Haz las cosas de forma que no termines jodiendote la vida.

Cuando estés enamorado hasta las trancas, ten presente que en realidad ese ser no es alguien híper maravilloso. Eso solo te lo hace sentir tu cerebro. Y quizá, cuando estés metido de lleno en ello, ya no tengas ningún control y de poco servirá que te lo recuerden. Pero quizá, el saberlo, te ayude a poner los pies en el suelo y no termines metiéndote de cabeza en esa ilusión. El enamoramiento está muy bien. Sobre todo, si es correspondido. Pero no es buena idea ir alimentándolo artificialmente. Idealizando al otro ser. Enamorarte del amor e ir buscándolo como si no hubiese mañana. Eso es una receta para el desastre.

Si quieres amar, ama. Pero ama de verdad. Algo voluntario que sale de ti porque la otra persona es digna de ser amada. Sin pedir nada a cambio. Para eso no necesitas estar enamorado y depende de ti. Estarás tan seguro de todo que no necesitarás firmar nada. Lo harás todo sin vivir en un estado de enajenación mental transitoria. Lo harás todo mucho mejor.

Una de las verdaderas metas a perseguir en esta vida, es la de aprender a amar de verdad. Amor del que se da voluntariamente. Lo que ves en la sección del corazón de las revistas o de sociedad de los periódicos no es amor. Son solo gente dejándose llevar por sus emociones o por la necesidad de satisfacer sus necesidades. A nivel de la calle, sin tanto glamur es lo mismo. Gente anónima pensando que lo que vive es auténtico. Y lo es, es su cerebro diciéndole “reprodúcete”.


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