LA PELÍCULA DE ENAMORARSE

Hay personas que enamoran. No voy a decir por su sonrisa, no voy a decir por su físico, no voy a decir por su forma de hablar… ni si quiera por su aura para aquellos que la puedan ver. Además, te lo he dicho mal, porque quiero que seas consciente de ello: hay personas que atraen, por todo lo anterior que no dije, personas que sin pretenderlo despiertan un deseo de proximidad. Y si lo pretenden, nos atraen igual. Lo dije mal, porque esas personas nos atraen, pero los que nos enamoramos somos nosotros.


Un artículo de Miguel Lázaro
 Hay veces que no sabes por dónde empezar, pero esa persona te dice algo. No me refiero a palabras, ni a intención porque eres tú el que, por así decirlo, siente la llamada. No puedes “echarle la culpa a nadie” de que esa persona te guste, o de que te atrape su forma de ser, o su forma de ver la vida. Y mientras tanto, en tu cabeza sigue la película. Te estás enamorando.

No hay nada peor (o mejor, según se mire) para enamorarse, que la falta de comunicación y de conocimiento. La idealización sale de ahí: entre lo que ves, lo que te inventas y lo que imaginas… ya vas directo a quedarte colgado. Tienes una imagen y eres tú quien la adorna y le da vueltas. De hecho, soy de los que creen que, si dos personas acaban juntas, es precisamente por su falta de conocimiento del otro y no al revés. Nos enamoramos de lo que creemos que son, de lo que significan para nosotros, o de lo que podrían ser. ¿Ves? Hasta para esto somos egoístas.

Sé de sobra que habrá mucho “limpito y limpita” de conciencia que lean esto y pensarán que lo suyo es diferente y que es amor verdadero. Pero claro, la pregunta es si ese amor verdadero no es ya una paja mental en concepto, como cualquier otra. Si estamos con alguien o queremos estar con alguien, es por lo que nos hace sentir. Punto. Y obviamente, por lo que le hacemos sentir a la otra persona en recíproco, porque sin feedback, no hay relación. Por cierto, los amores platónicos no cuentan como relación ¿eh?

No te libras de sentir, porque de eso solo se libran los reptiles y los peces. Por eso les había pedido a los reyes magos, un nuevo cerebro reptiliano, cuanto más básico y primario mejor. Pero parece que no me he salido con la mía: sigo siendo un mamífero consciente más o menos viable, aunque lo de la memoria del pez, parece que sí es más fácil de conseguir.

ES DIFÍCIL NO PENSAR 

EN ALGUIEN EXCEPCIONAL
Y sentir admiración por las personas que brillan con luz propia, porque las hay. Es difícil resistirse a idealizarlas, aunque ello suponga reducirlas a un concepto en tu mente y en tus sentimientos. Cuanto sientes admiración por alguien, es porque en esa persona, ves cosas que no encuentras en las demás, y esto hace que las quieras tener cerca, que las quieras incluir en tu vida.

Cuando uno idealiza, es porque tiene tiempo para pensar. A mí me pasa y supongo que no seré el único. Por eso, aunque no quiera, me sigo enamorando cuando veo una manera de ser que seduce. Me gustaría que no fuera así y poder estar centrado en mis cosas, que es cuando soy yo realmente. Pero piensa un poco: intenta no pensar en un elefante en la habitación. Pero el elefante ya está dentro. Sería algo así el protocolo. Por eso quiero un cerebro reptiliano, para no pensar tanto.

Tampoco todos los días, uno tiene la oportunidad de conocer o compartir con alguien que realmente valga la pena. Y entre tanta mediocridad, apariencias y comportamiento social aceptado, esas personas que enamoran brillan por sí mismas. Brillan, independientemente de lo que te hacen sentir, porque son excepcionales. El sol brilla para todos, queramos o no, puedes taparte o ponerte a la sombra, pero no por ello el sol va a dejar de dar calor: es el sol, hace su trabajo y cumple su función, es así… igual que las personas excepcionales.
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