EL POR QUÉ LOS HOMBRES SOLO DEBERÍAMOS USAR MONOSÍLABOS Y HABLAR LO MENOS POSIBLE

En nuestro deseo de sentirnos aceptados por la mujer que nos ama, por la mujer a la que amamos, un impulso cuasi automático que despierta en nosotros, es el de abrirnos a ella. Te diría que es lo mejor que te puede pasar, porque es un signo inequívoco de que confías en ella; y la confianza, es la base de toda relación ¿verdad? Pero… la confianza en el otro y el hecho de abrirte y desembucharlo todo, no son la misma cosa. Lo malo de esto, es que los guiones cinematográficos y la psicología moderna, han hecho mucho daño contribuyendo a la destrucción de la personalidad masculina, si es que se puede decir así.


Un artículo de Miguel Lázaro
 Soy profano en tantos temas y en ocasiones me siento tan ignorante, que a veces, me da miedo que la gente me haga caso, por si me estuviera equivocando. Lo cierto y lo que me hace insoportable, es que casi nunca me equivoco. Muchas personas lo ven como pedantería, egocentrismo y un YO exacerbado, pero para mí es más una maldición, porque de facto y doliéndome a veces en lo más profundo, me equivoco poco. Ahora si quieres me mandas a la mierda, porque lo entendería perfectamente, pero no quiero que te quedes igual que antes, así que si puedes o quieres aprovechar algo de lo que viene ahora, quédate un poquito más.

Los hombres no debiéramos articular más que simples monosílabos, no tendríamos ni que saber hablar. No deberíamos pronunciar dos palabras seguidas, ni reproducir una secuencia semántica más allá de la afirmación o la negación, siempre y cuando pudiéramos ahorrárnosla con un gesto, o con lenguaje no verbal. Sé perfectamente cómo suena lo que estoy diciendo, y sé que es grave y que puede dar lugar a infinidad de interpretaciones de carácter negativo, y todas muy políticamente correctas. Pero… es lo que hay en el menú.

Las palabras son un tesoro, que deberíamos no solo aprender a utilizar en el momento justo, sino un bien preciado que hace que los demás nos definan cuando nos expresamos. No, nos definimos nosotros: hacen que los demás nos definan, sobre todo si queremos expresar algo que llevamos por dentro. Dos personas diferentes, no lo entenderán igual. ¿Ves? Yo lo tengo claro: si tengo un defecto, es precisamente que hablo demasiado. Y sé que esto, tarde o temprano me traerá consecuencias. Pero también sé, que alguien tiene que hacerlo. Tú solamente sabes quién es eres dentro de ti, y tú solamente sabes el por qué haces o no haces, pero querido amigo: esto solo te importa a ti.

LOS HECHOS PERMANECEN
LAS PALABRAS SE VAN
 Te hablaba en la introducción, del daño que han hecho los guiones cinematográficos y la psicología moderna, a la personalidad masculina: el caso es, que cada vez que un hombre abre la boca y expresa un deseo, un temor, una confesión, un sentimiento, una meta, una verdad que cree que debe sincerar y ponerla en común con quien le importa, reconocer un error, o decir realmente lo que piensa… está siendo tasado por la naturaleza, y por quien tiene delante, como NO APTO.

Y no es una cuestión de hombría mal entendida; es una cuestión de pérdida de confianza en uno mismo, de necesidad de aprobación y aceptación en el otro, y a fin de cuentas, de debilidad. Porque es debilidad; lo pinten como lo quieran pintar: más valen mil noches sin dormir, que una vida entera perdida, por no saber controlarnos a nosotros mismos. Porque precisamente, eso es lo que diferencia a los hombres de las bestias: el autocontrol. Y en el momento que lo cedes, quien está al otro lado, sabe que ya no eres digno de confianza, ni de ser considerado un soporte afectivo, profesional, familiar, económico o amistoso.

NO ES LO QUE DICES, ES LO QUE HACES
Parece que hablo de juicio ¿verdad? Como si realmente me importara lo que otros pensaran de mí si abro la boca. La verdad, es que me da igual, si no, no llevaría diez años escribiendo; pero no: nosotros no necesitamos hablar de lo que llevamos dentro. Y si lo hacemos, será intuitivamente con alguien, con quien no nos una ningún lazo de dependencia. No nos engañemos, todos necesitamos desahogarnos: todos y sin excepción lo necesitamos. La diferencia, es que nuestro desahogo siempre tiene un precio, un coste asociado, un riesgo que quien lo corre, ni siquiera es consciente de ser o no, capaz de asumirlo.

Me vienen a la mente mil imágenes, y mil escenas de la vida real, recuerdos, anclajes porque lo son, de tremendas cagadas que lo fueron, precisamente, por creer que la confianza, era contarlo todo. Craso error, del que estoy seguro al 100% del que casi todos tenemos experiencia. La razón es, que nadie nos perdona una debilidad, y menos la persona que dice que nos ama, a menos de que se trate de pura atracción: que la hay y sabes bien, que no precisa palabras con las que justificarse. Calladitos estamos más guapos, siempre y cuando hagamos lo que tengamos que hacer. No fuimos concebidos para ser consumidos a base de emociones, fuimos puestos aquí y ahora, para materializar y llevar a cabo, lo que llevamos dentro.

Los que hablamos tanto, en la selva o en un combate a vida o muerte, difícilmente sobreviviríamos “expresando lo que llevamos dentro” y compartiéndolo. En ese tipo de situaciones, simplemente hay que actuar.
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