DESDE MI JAULA SIGO SIENDO LIBRE (AÑO 2033)

Han pasado 10 años desde la restricción de zona segura (R.C.S.). Aunque a mí ya me pilló tarde, me incapacitaron legalmente, o mejor dicho: me condenaron por declararme insumiso a la restricción. No soy un preso político, soy un preso de género, aunque no se me reconoce como tal. No tenía por qué hacerlo, pero preferí pasar el resto de mis días siendo coherente, aunque fuese dentro de un bloque de celdas. No lo llaman cárcel, pero no puedo salir del recinto: no hay rejas, pero las puertas se abren y se cierran a determinadas horas. Se parece más bien a un hospital psiquiátrico. Si alguien puede leer esto, escribo desde el Centro de Convictos Monegros I.


Un relato de Miguel Lázaro
 No construyeron un casino en Los Monegros, finalmente levantaron una cárcel, para todos aquellos que cometieran delitos de comportamiento antisocial. Mi matrícula es la 004… por lo visto, hubo tres antes que yo, pero me consta que soy el convicto más antiguo. Los otros tres terminaron por aceptar el tratamiento, y deben de ir vagando por ahí como zombies, realizando tareas de mantenimiento, bajo el seguimiento de alguna agente de servicios sociales, que les proporcione las pastillas y controle sus rutinas.

Tengo derecho a una visita al mes que no recibo, porque no tengo hijos, ni esposa, ni familia que me reconozca. Solo tengo mi cabeza y aunque no se me permite ni divulgar, ni publicar contenidos… puedo escribir, leer y pensar para mí. Eso no me lo pueden quitar, ni con las drogas que me meten en la comida. Por eso como y bebo lo justo para mantenerme, saben que me puedo negar a recibir el tratamiento, y por eso me lo dan en la comida y en el agua. Creo que peso unos 50 kg, pero me siento bien: por fin dejé de fumar, dejé el café y el alcohol (aquí no te queda otra). Tengo mejor salud que cuando tenía 30 años.

Si hubiese aceptado el tratamiento de control, podría circular y trabajar hasta la jubilación o el desecho, como lo llaman ahora para quienes no aceptan una pensión de jubilación. Aunque aquí te dan puntos por realizar tareas, para dejarte ver alguna película de vez en cuando. Solamente películas de Disney y libros escolares. Puedes imaginarte por donde me paso la bonificación de puntos. También te dan puntos si aceptas la esterilización, y… por eyacular para el Banco de semen. Sí, por eyacular aplicándote un electrodo en la próstata, como hacen con el ganado para la inseminación artificial. No creas que viene una enfermera sexy a ayudarte con la tarea, ni que te dejan ver porno aquí.

ESTO ES UNA PRISIÓN 

DE LA QUE NO VOY A SALIR


Sé que no voy a salir de aquí, no me queda nada fuera: esto es un congelador de tiempo y a estas alturas las personas a las que conocía y con las que trataba, se han olvidado de mí. Pero ¿sabes una cosa? No tengo intención ninguna de salir, no me gusta lo que hay fuera, porque fuera ya no hay humanidad, ni justicia, ni nada que se le parezca. Es un régimen legitimado por el miedo. Es fascismo, no terminan conmigo de una inyección, porque creen que si me mantienen vivo me hacen sufrir. Esperan que me humille y que acepte el tratamiento, pero no lo voy a hacer. Lo tengo claro, no pienso darles ni una gota de mi sangre ni de mi esperma, si es que a mi edad sigue sirviendo. Nunca lo sabré.

Cuando años atrás decía que la libertad tenía un precio, nunca lo había tenido tan claro como hasta ahora. Todos han cedido, por tener una vida de mascota, como hormigas obreras, siendo esclavos de un régimen que criminaliza la existencia del varón. Se afanan por depositar su esperma en los bancos sin obtener nada a cambio, por una mínima esperanza de permanecer y prolongarse en el tiempo. Me río de ellos desde esta prisión, como me río del tribunal que me supervisa cada seis meses, para comprobar una vez tras otra, que en efecto no me he rehabilitado según sus normas. Sí, soy un animal y lo seguiré siendo hasta el final de mis días.

Esto es lo que pasa, cuando quienes pueden no hacen nada. Cuando se permiten las injusticias, cuando pesan más las palabras políticamente correctas que los hechos, cuando se da por bueno que alguien pueda ser marcado por lo que tiene entre las piernas, por lo que piensa, por lo que cree y por simplemente, existir y haber nacido varón. No puedo entender por qué se rindieron y por qué aceptaron despreciarse a sí mismos. Están muertos: están vivos, pero están muertos. Lo único que echo de verdad de menos, es tomarme una jarra de cerveza fría y un entrecot poco hecho.
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