PRESENTISMO: LO QUE PASA EN TU CABEZA

El otro día me encontré con una compañera del instituto. La recordaba tan rubia, tan guapa, tan bien hecha… Bueno, pues no me encontré con nada de eso. De hecho, me tuvo que parar ella porque no la reconocí. Ya era una señora. Supongo que yo un señor. Hay quien dice que los hombres envejecemos como el vino y las mujeres como la leche.


Un artículo de Daniel Díez
 A ver, a nivel de precio de mercado sexual, es cierto que un hombre puede mejorar o empeorar con el tiempo. Dependerá de lo que suba en la escala social y económica y lo bien que se mantenga físicamente. Una mujer, joda a quien joda, en el mercado sexual, a partir de cierta edad solo se puede perder valor. De momento es así y no tiene pinta de que vaya a cambiar.

Bueno, pues mi antigua compañera, chica con la que jamás me atreví a ir más allá de una amistad de colegueo, había cambiado mucho. Ya no tenía el cuerpo en forma de guitarra ni la cintura estrecha. Su rostro había pasado los años y las arrugas habían aparecido. Las ojeras también. Los kilos de más, esos kilos que tan poco cuesta ganar, pero tanto perder ahí estaban haciendo su trabajo de ensanchar su rostro.

Una cosa que me llamó la atención, no en ese momento, si no más tarde fue el caer en la cuenta que hace unos años, es muy probable que no se le hubiese pasado por la cabeza parar y saludarme. Ella era… como decirlo, de otra “clase social”. Yo era el del club de ajedrez y ella la animadora. Me entiendes ¿no? Pero claro, ya no estamos en el instituto.

 NOS MONTAMOS PELICULAS EN 3D

 Una de las cosas que nos pasan a todos los hombres cuando vemos a una mujer bella es que el cerebro de la cabeza nos deja de funcionar. Nos imaginamos en una relación sexual y afectiva con esa chica tan atractiva. Y creemos que será genial. Y es que seguramente el sexo con ella será genial. Estar con ella si llegamos a enamorarnos será genial. Y el presentismo hace acto de presencia.

Para quien no lo sepa, el presentismo es un mecanismo mental que nos hacer razonar por inducción a nivel emocional. O sea, si por ejemplo es sábado de verano, nos levantamos, estamos de vacaciones, hace bueno y huele a mar. En ese momento pensamos que la vida es maravillosa. A la mente no nos viene el pesimismo, el sentir que todo se va a ir a la mierda. Todo lo contrario. Si nos preguntasen que pensamos de la vida y las expectativas que tenemos sobre ella, es fácil que nuestra respuesta fuese positiva.

En cambio, imagínate un domingo antes de acostarte o un lunes cuando suena el despertador. El viernes pasado el jefe te abroncó, discutiste con un compañero y tienes un taco de informes sobre la mesa deseando darte los “buenos” días. En ese momento es fácil que sientas que tu vida es una mierda y las expectativas de que cambie a algo feliz van a ser bajas.

Pues eso es el presentismo, es el sentir que tu futuro va a ser igual que como te sientes en el presente. Por eso, cuando estamos con una mujer bella, o cuando nos imaginamos con ella, lo vemos todo de color rosa. Nos gusta la imagen. La sentimos como algo bueno. Y, sobre todo, lo proyectamos a futuro.

Malas noticias: El primer mordisco del helado sabe genial. Los últimos mordiscos no tan bien. Un atracón a helado ni siquiera es placentero. La dosis puede estropear el placer, pero, sobre todo, nuestro cerebro se acostumbra a lo bueno. Y lo que era bueno al principio es normal después y cansino en sobre dosis.

Pues así puede llegar a ser una relación con esa mujer que tanto te gusta. Siento que pienses que soy un cenizo. Pero los estudios sobre la mente humana nos dicen esto.

Y es que encima, para empeorarlo, los elementos de la ecuación empeoran con el tiempo. Esa niña preciosa deja de ser una niña y deja de ser preciosa. Al menos a nivel físico.

Siento decirte que tu cerebro te engaña. Y como consejo, te diré que es mejor que intentes estropear un poco el cuadro tan bonito que te estás montando en tu mente. Estropéalo un poco. Y mira si aun así te gusta. Pero bueno, no todo van a ser malas noticias.

GUARDAMOS SU IMAGEN TAL

 Y COMO LA CONOCIMOS

¿Nunca te ha pasado que te paran por la calle y es un familiar o amigo de la infancia y te dice que no has cambiado nada? A muchos les pasa. Y es que nuestra mente tiende a proyectar sobre las personas la imagen que tenía de ella cuando la conocieron.

Imagínate a George Clooney. Llevas décadas viéndolo en la pantalla. Es George Clooney y siempre será George Clooney. En cambio, si nunca hubieses visto a este actor y en cambio fuese conocido por el resto del planeta y te lo encontrases en un supermercado, te parecería un señor de mediana edad más. Y te dirían: “Mira, es George Clooney”. Y tu contestarías “¿Quién es ese? Si es un puto viejo. No sé quién es ese”.

Por eso, esa mujer que te pareció hermosa en la juventud, aunque se haga mayor, tú seguirás proyectando en ella esa imagen mental que se te quedó grabada en la mente. Para ti seguirá siendo ese ángel hermoso que un día te fascinó.

Salvo que se eche mucho a perder. Porque algo muy estropeado no se puede arreglar ni tu mente puede modificar para verlo como algo que ya no es. Quizá ahí esté el truco. En enamorarte hasta las trancas y que ella envejezca con salud y sin echarse a perder. El resto lo hará tu mente y tus recuerdos.

Pero por si acaso, si ya te estás haciendo la película mental de matrimonio y vida feliz. Para un poco. Quieto parao: Las cosas solo pueden empeorar. Si piensas que, aunque empeoren un poco aun será bueno, OK. En cambio, si ves que le da mucho al donut, se cuida poco, ya tiene sus arranques de rabia y discutís un poco por cosas que no se lo merecen. Cuidado, la rubia preciosa que me encontré el otro día hubiese sido mi sueño de juventud y mi pesadilla de madurez.

Lo que te decimos mucho por estos lares: No piensas tanto con la polla y si más con el cerebro que tienes arriba. No te dejes engañar. Hoy te he explicado como tu cerebro tiende a engañarte. De ti depende de que evites que te juegue malas pasadas. Las cosas van a ir a peor. Imagínatela como una señora de 45 años. Algo parecido a su madre. Si aun así te gusta el cuadro adelante. Pero no proyectes.
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