LA CRISIS DE LOS 39+1

Dicen que el 13 es un número maldito, por eso lo pintan muchas veces como 12+1, o ni siquiera lo pintan… sus razones tendrán. Hablando de edades, a los 13 años no eres nadie. Es como si no existieras: solamente eres un conjunto de hormonas, que darán lugar a un preadolescente alterado por motivos varios, desafiante, ruidoso y abanderado por varios complejos, que busca cualquier momento a puerta cerrada, para hacer lo que hacemos todos. Bien puede decirse, que los 13 años son una edad maldita, en los que los micro-problemas de tu universo, parecen crisis mundiales. Eso sí, una vez terminada la adolescencia, no es el fin de las crisis: es solo el principio.


Un artículo de Miguel Lázaro
 Hacemos lo que podemos: aunque no sea hasta el límite, cada uno hacemos lo que entendemos que es mejor, lo que se supone que está bien, o lo que socialmente se da por bueno. No puedo meterme bajo la piel de cada uno para juzgar, pero al menos por mi parte, desde que volé del nido, las opciones que he ido tomando, siempre han ido encaminadas a llevar tener la mejor calidad de vida posible, con los medios que he tenido a mi alcance, y los que he ido ganando por el camino. ¿Podemos aplicar esta filosofía al hombre medio corriente? Supongamos que sí, nadie quiere vivir mal.

Cuando miras al futuro, siempre te ves con margen: tienes tiempo para mejorar, para progresar, para lograr objetivos y ¿por qué no? Para soñar e ilusionarte. La imagen de nosotros mismos que proyectamos al futuro, puede ser nuestro mejor yo, aquello a lo que aspiramos a ser. Otros cambian el ser por el tener, y lo que ven en un futuro, es lo que quieren ganar, o lo que quieren poseer, o la seguridad que quieren ganar con el paso del tiempo para vivir mejor. No es reprochable, pero no es mi opción.

Basar la seguridad y el futuro en posesiones, suele encerrarte en una cárcel de deudas en vida, que jamás tendrás la certeza de poder abordar. Si recuerdas, o igual no: al mundo vinimos todos desnudos, y así nos vamos a ir. Todo lo que se acumula entre medias, es peso que tarde o temprano liberaremos, queramos o no; porque la hora nos llega a todos sin excepción. Ese es el tema, que nos vemos con tiempo y margen, y se nos olvida que este tiempo es el único bien que no se recupera, pasa solo en un sentido, avanza y es implacable.

Cuando cumples los 30, se puede decir que mentalmente “estás hecho” y te ves con margen. Trabajas, amas, vives lo mejor que puedes y te proyectas pensando de ti en futuro, que cuanto más te esfuerces, mejor irá y mayor será la recompensa. Un buen día abres los ojos, han pasado 10 años y ya tienes 40 o casi cuarenta… pero ¿ya? ¿tan pronto? ¿qué ha pasado aquí que no me he enterado? No tienes el mismo físico que a los 25, o que a los 30, has mejorado algo en el trabajo, tienes tus cuatro cosas y un margen económico, que depende muy mucho de las opciones que hayas tomado por el camino. A lo mejor te parece una perogrullada, pero ¿Sabes de qué me he dado cuenta?

ENTRE LOS 30 Y LOS 39+1 

ES CUANDO UN HOMBRE SE ACOMODA

¿Y sabes cuándo nuestro sujeto se percata de ello? El día que abre los ojos y se da cuenta, que no se ha esforzado lo suficiente, por llegar a ser quien quería ser. Y no por una sola razón, no ha sido por pereza, o al menos no todo ha sido pereza o falta de voluntad. Esas cuatro cosas que te dije antes, con las que se cuentan por haberlas ganado… el miedo a perder esas cuatro malditas cosas, ese es el causante de que no hayamos llegado a coincidir con la imagen, que teníamos de nosotros mismos en un futuro. El dejar llevarnos por ese miedo a perder, es que hace que muchos quieran retroceder en tiempo 20 años de golpe.

Pero recordemos: el maldito reloj es implacable y no se pueden retroceder dos décadas en el tiempo. Ni si quiera el puto Benjamin Button, pudo retroceder 20 años en un día. Algunos quieren dar un acelerón hacia atrás y se compran un deportivo, o una moto de las gordas, o empiezan a flirtear con mujeres 20 años más jóvenes que ellos para recuperar ese tiempo. Otros se divorcian y se buscan la ruina, otros en cambio se resignan y mienten diciendo que son felices cuando su mujer está delante, y se mueren por follarse a la nueva becaria, o a la vecina. Otros también te dicen que son felices, porque no les queda otra que arrear con sus opciones ¿qué van a decir?

¿Van a reconocer acaso que por miedo a perder, no cortaron con lo que les daba una seguridad artificial por miedo a…? A quedarse solos, a perder un trabajo, a no ser queridos, o a quedar fuera del perfil tipo de esclavo de una hipoteca. Cada vez oposita más gente, pan asegurado ¿verdad? Ahí voy, esas cuatro cosas que queremos asegurar, también las soltaremos queramos o no, aunque tengamos una oposición. El arraigo al suelo, o a un trabajo, no es algo que te convierta en quien querías ser. No vale tanto como parece, lo que vale es mirar al miedo a la cara y pasarle por encima. Ya lo verás con tus propios ojos.
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