¿ES O NO ES AMOR? TÚ CREES QUE SÍ, PERO…

Lo veo en las novelas, en las series, en las películas y en la gente. El amor es maravilloso. Dos personas se conocen, se enamoran, se casan y tienen hijos. Para empezar he de decir, que el enamoramiento no es amor. Lo hemos dicho aquí muchas veces y lo repito de nuevo: es un estado transitorio. Un estado normalmente de enajenación mental al que te somete la naturaleza para que tengas descendencia y cuides de ella. Decisiones que tomas enamorado no las tomarías en un estado más sosegado. Y es que por amor, hacemos locuras ¿No?


Un artículo de Daniel Díez
 El gran error de nuestra sociedad es el dar por bueno y aceptar que un enamorado está cualificado para tomar decisiones inteligentes. Y es que, si hacemos caso a lo que la ciencia y estadística nos dicen, el enamoramiento no dura más allá de 36 meses. En muchos casos ni eso y en casos más extremos donde hay dificultades o separación de los amantes, puede prolongarse un poco más. Pero lo que está claro, es que decisiones que afecten a todo nuestro futuro, no deberían de tomarse en un estado de sentir que es transitorio. O si no, dime ¿Qué necesidad hay de casarse y tener hijos al año de conocerse?

Las estadísticas nos dicen que un 25% de los matrimonios se rompen antes de los 5 primeros años. El resto, mayoritariamente se rompen entre los 6 y 10 años. Esa es la zona más crítica de todas. Y a partir de los 10 casi se puede respirar tranquilo.

Tomar una decisión de formar una familia en un estado de enamoramiento nos llevará irremediablemente a un estado donde, pasado el tiempo, vas a tener unos sentimientos por tu pareja que no eran los mismos que al principio. Y estos sentimientos pueden derivar en un apego fuerte o, por lo contrario, derivar en un sentimiento de quererte follar a cualquiera menos a tu pareja. Y a ella, le pasará algo parecido. Y es que el ángel que te volvía loco, ahora es una gorda histérica, reclamante, exigente y reprochadora continua, que no hay quien la aguante.

El enamoramiento ya ha destrozado a demasiadas familias. Dos personas se enamoran, tienen hijos, se desenamoran y se separan. Y es cuando llega el infierno del divorcio. Sobre todo, para el hombre porque ya a ser desposeído de muchas cosas.

EL ENAMORAMIENTO 

NO ES UNA FASE INTELIGENTE

 Lo inteligente sería pensar que es mejor esperar a casarse y tener una familia. A partir de los 5 años de convivencia ya vas viendo cómo está la relación, si va bien o ha perdido fuelle. Si estas a gusto o por el contrario las discusiones, las movidas y el desencanto han hecho su aparición. Y es cuando se podría tomar una decisión en una u otra dirección.

Pero claro, tenemos un problema. Las parejas, cada vez posponen más el tener familia. Primero hay que “vivir la vida”, probar relaciones, fracasar, tener experiencias y “aprender”. Y luego, cuando se acerca peligrosamente la mediada trentena, ponerse con el tema de la familia. Porque es en ese momento o nunca. Y claro, es cada vez más común que las mujeres lleguen a esas edades con una pareja nueva o relativamente nueva. Y eso de esperar a ver como evoluciona la relación no es una opción.

Así que nos encontramos con una aceptación por parte de la sociedad de que el enamoramiento es amor y una etapa idónea para tomar decisiones vitales. A mayores, tenemos que las personas cada vez más van de relación en relación hasta que con la pareja de mediados los treinta, es con la que deciden tener descendencia. Aunque sea una pareja relativamente nueva fruto del enamoramiento.

NO ENAMORAMOS 

DE CÓMO NOS HACEN SENTIR

Pues hombre, tú que has llegado hasta esta parte del texto. No te voy a decir lo que hacer. Aunque cuando estés encoñado, de nada van a servir los consejos de los amigos, así que menos los de un extraño como yo. Pero sí te diré, que cuando ella diga que te quiere, en realidad es fácil que se refiera a que está enamorada de ti. Algo que pasará con el tiempo. Pero es que además, en realidad, ella no te quiere. Ella está enamorada de cómo se siente cuando está contigo. Que es muy diferente. Algo que sí o sí, desaparecerá. El amor de verdad, el que te tiene que interesar, llegará (o no) a partir de que el enamoramiento deje paso a otras emociones y sentires. Y es ahí, donde deberás de ver como te trata. Si te trata bien, te cuida y se esfuerza en tu bienestar o simplemente eres su compañero de piso que paga las facturas. Porque el amor no se dice, el amor se demuestra. Y una vez demostrado, ya podrás saber si deberías de casarte y tener hijos. Y por supuesto, nunca ceder a las prisas de casamiento y familia.

Por lo tanto, lo ideal sería conocerlas jóvenes. Sin prisas para procrear. Y tener con ellas una relación suficientemente larga como para poder tomar decisiones sensatas y meditadas cuando toque tomarlas. Pero no enamorado o presionado por las prisas biológicas.

Si eres mujer y la curiosidad te ha llevado hasta este texto, espero que no estés entrada en los treinta, porque estarás odiándome. Bueno, pues ódiame. Pero creo que demasiados hombres están sufriendo el divorcio. El no ver a sus hijos, el convertirse en un proveedor de recursos sin nada a cambio ni ninguna satisfacción en la vida a cambio de sus sacrificios y esfuerzos. Hombres con vidas grises y desesperanza. A estos hombres les deseo que no tomen decisiones encoñados. Que no cedan a las prisas por parte de ellas.

Por no decir lo que pasa con los niños. Demasiados niños viven en familias desestructuradas. En familias rotas con problemas con las custodias y guerras frías o batallas despiadadas entre sus padres. Y estos niños crecen. Y lo hacen con una herencia emocional normalmente chunga. Y ellos son el futuro.

Así que a los hombres del mundo les deseo que aprendan esto. Aunque se que es inútil para la mayoría de ellos. Pero el machacar cada cierto tiempo, a algunos, poco a poco les irá calando. Empezarán a ver estas cosas reflejadas en otros. Lo verán y se darán cuenta de que no es lo que desean para su vida. Y quizá, eso sea lo que les lleve a tomar decisiones más pensadas. Porque las cosas importantes de la vida, hay que decidirlas con el cerebro. Ni con el corazón ni con la polla.
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