EL PODER DE SEDUCCIÓN DEL VACÍO

Cuanto más sencillas quieres hacer las cosas, parece que más se complican. O no se puede, o no te dejan, o no hay ganas, o vete tú a saber por qué narices, el universo hace lo que le sale de ahí mismo… ¡sí! ¡de ahí! Porque eso de que el universo conspira, para que te salgas con la tuya, quiero verlo yo fuera de un meme de Paulo Coelho; y mira que el Alquimista fue para mí (y para medio mundo) un despertar en el alma; pero esas cosas no pasan cuando las buscas. Quizás sea eso, que buscas… o mejor dicho, que busco y me muevo; quizás debería quedarme quieto y no mover un dedo.


Un artículo de Miguel Lázaro
 Una cosa está clara: cuando hay ganas, las fronteras del tiempo y de la distancia desaparecen. Las ganas pueden más que las dos famosas carretas, esas mismas carretas que son tiradas a tracción, por un buen par de… RAZONES. Esas ganas que tanto, tantísimo echo de menos, que cuando vuelven, tardan en irse lo mismo que un tercer o cuarto intento, intentando mejorar siempre; pero pareciendo que no termina de cuajar.

Pero tienes ganas, y más… tienes ganas de tener siempre ganas. Eres un mamífero social, más o menos social pero mamífero 100%. Y por eso mismo, te atraen ciertas cosas: el contacto, el calor humano, una piel cerca de la tuya que no sea la tuya, llevar el desayuno a la cama, escuchar un chiste, reír, sentir algo que se salga de lo neutro, convertir un momento en especial, darle un significado a las palabras, al tacto, a un orgasmo… aunque un orgasmo es en sí mismo un orgasmo, no necesita acompañamiento; pero hay quien prefiere adornarlo con un significado cósmico.

Si no escribiera nadie se enteraría, pero por algún lado habrá que salir ¿no? ¿Para cuándo unos cursos de acción motivada por el cerebro reptiliano? Porque yo me apunto, en serio que me apunto y así pasaré a ser del nicho de mercado, que mi amigo Daniel llama “el gilipollas”. Sí, ese. No es que quiera luchar contra mí mismo, ni contra mi forma de ser, pero no me gusta perder el tiempo, si el mecanismo es el que es. Desde luego, parece que es lo más rentable en cuanto a inversión de tiempo y esfuerzo. Y lo peor de todo, es que funciona… así que ¿para qué ir a la contra?

La jugada inteligente 

ES no IMPLICARSE, PERO…

 Al final, aquél al que llamamos “el gilipollas” de forma despectiva, es el más listo, porque carece de la conciencia propia de un mamífero. Básicamente le resbala. Es además una filosofía 100% compatible con la generación Milenial: máximo impacto con un contenido insustancial sin arraigo, acompañado de un mínimo esfuerzo, obteniendo siempre un resultado trabajado por otro. A eso parece que se resume todo: It’s not a big deal, no hay que darle excesiva a importancia.

Y si esto fuese tan fácil de hacer, como de decir, lo dinosaurios seguirían dominando la tierra; por eso no me termino de creer, que la solución definitiva sea simplemente, no sentir o no implicarse. El mecanismo de la atracción funciona de forma curiosa. Me encantaba y me sigue encantando su funcionamiento, visto desde fuera claro; que siempre hablar de lo de fuera, es más fácil que analizar lo de dentro; por eso la gente va al cirujano y no se cura a sí misma.

Después tienes buenos recuerdos, quieres evocar buenos momentos en tu vida, quieres crearlos de nuevo, quieres hacer que ocurran. Y para ello, te sirves del capital de experiencia que llevas en los bolsillos, te abres a otras personas, abres la puerta, poco a poco, pero vaya… ¡la abres! Te das una oportunidad, das oportunidades también, porque claro… piensas, que no eres el único que se la merece. Y si buscas para ti una oportunidad, tienes también que ser capaz de darlas. Peeeero… el mundo gira muy deprisa y te das cuenta que eres tú el que siempre llama a la puerta. Y te cansas de llamar, y te jode…  Te jode porque podría ser maravilloso, pero te cansas.

EL GILIPOLLAS CONTRAATACA

Y no es que contraataque realmente, es que según su cerebro primario reptiliano, hace lo que tiene que hacer con empatía cero. Sí cero, porque básicamente no persigue lo mismo que tú, ni que yo. Parece una contrariedad, pero de vez en cuando me gustaría ser considerado un gilipollas según el diccionario de amigo Dani, pero no me sale natural… tendría que intencionarlo, calcularlo y ejecutarlo. Lo peor es saber que hacer esto funciona, pero cuando lo haces y no eres un reptil, sino un mamífero social, entras en contradicción con tu conciencia, ésta te termina pudiendo y la cagas.

Pero ¿por qué la cagas? ¿lo has hecho mal?  No, realmente no. Ellas están encantadas con sus machos alfa reptiles de cerebro primario ejecutor y no empático… no pueden evitarlo. La REAL cagada, es no ser congruente con ese comportamiento de reptil y comportarte como un mamífero, cuando antes has jugado a ser reptil. Cuando simbolizaron la seducción con una serpiente, y no con un gato, acertaron plenamente con el concepto: el reflejo del reptil es instantáneo y más rápido. El vacío, es el elemento con más capacidad de seducción que existe, porque puede con el fuego, con el agua, con la tierra y con el aire. El vacío lo absorbe todo, atrae la materia y la energía y todo lo que ambas sustentan: no se puede luchar contra el vacío, porque simplemente “no es”. Los aficionados a la literatura vampírica lo entenderán perfectamente.

La Naturaleza penaliza seriamente al que duda, al que tarda, al que se lo piensa demasiado, al que piensa antes en el otro que en sí mismo… es implacable. Da igual toda la moral que nos hayan enseñado, o que tengamos interiorizada, o que actúes según tus principios y valores: todo ello solamente servirá, para que sientas congruencia con lo que previamente te han enseñado a hacer y a pensar.

¿A ti eso te sabe a premio? A mí no.
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