YO ROBOT… TÚ COMPRA Y SI NO PUEDES, EXTÍNGUETE SIN MOLESTAR

Para el que no lo sepa, Yo Robot, aparte de ser una película muy bien protagonizada por el crack Will Smith, es una colección de cuentos y relatos que escribió Isaac Asimov y que fueron publicados en 1950. En este trabajo, el autor, pintaba situaciones que confrontaban los valores morales tradicionales, con las tres leyes básicas de la robótica, bajo el supuesto de que algún día llegaran a existir robots, que pudiéramos calificar como inteligentes. ¿Cómo te quedas? ¿pensabas que esto era una película?


Un artículo de Miguel Lázaro
 Lo muy poco que se nos ha dejado ver o saber, tanto de la robótica, como de la Inteligencia Artificial, básicamente se ha quedado en el cine y en la literatura de la ciencia-ficción. Se nos muestran paisajes dentro de amplios edificios, siempre de interior, con enormes cristaleras herméticamente cerradas. En estos escenarios, predominan el blanco y los colores suaves, los espacios son limpios y diáfanos, y todas las personas en él, se muestran siempre pulcramente vestidas.

La robótica real, es mucho menos elegante: si tienes oportunidad, visita una fábrica donde exista una cadena de montaje. Una fábrica de coches, por ejemplo, en la que brazos articulados gigantes, se emplazan a izquierda y derecha, bajo los cuales los operarios parecen curris. ¿Te acuerdas de los curris? Es un buen ejemplo, del papel al que nos tiene destinada la evolución de la robótica y de la inteligencia artificial: trabajadores de mantenimiento.

No es que me disgusten las máquinas de por sí, aunque me sienta más identificado con John Connor que con C3-PO. Pero jamás cedería el control de mi bienestar, suministros, salud o vivienda, a una inteligencia que no fuera la mía propia, por muy o por muy poco inteligente que me considere. Sobre todo, porque debemos ser nosotros los mismos, los dueños de nuestras vidas. La confianza es un valor caro de obtener, difícil de ganar y fácil de perder por un error, o por una mala intención.

Pues bien, hay personas que no confían en personas, eso es algo que todos sabemos. Ni mucho menos soy un entendido sociólogo, tengo estudios, pero no fueron esos… aun así, estoy en condiciones de afirmar, que la robótica, no es más que el fruto de la desconfianza del ser humano en sí mismo.


NO CONFIAMOS EN NOSOTROS, 

POR ESO CREAMOS ROBOTS

 Si no lo puede hacer otro humano, mejor y más rápido, voy a inventar algo que sea capaz de mejorar el rendimiento de un humano para realizar una tarea. Si además, este robot es capaz no solo de realizar una tarea mejor que un humano, sino de 10, 20, 100… además de eliminar cualquier factor de error o de riesgo, conseguimos multiplicar la producción.

Todo perfecto ¿verdad? Pero ¿perfecto para quién? Así es como veo la robótica aplicada. De todas formas, vale de poco tenerle miedo a algo, que ya está sobre la mesa, que ya existe y que se está desarrollando. Si no lo hubieran pensado unos, en su día Descartes a su manera con los autómatas, lo hubieran pensado y diseñado otros. Parece que cuando se crea algo, es imposible pararlo porque ya está ahí.


NO NOS OLVIDEMOS DE LADO 

HUMANO Y EMOCIONAL

Si solamente hablásemos de producción ¿verdad? Pero lo grave no es la aplicación de la robótica a la fabricación, que es algo bastante lógico de entender: optimización de procesos, reducción de costes de mano de obra y suprimir el error humano. Yo sin ser un empresario, lo puedo entender. Me puede gustar más o menos como trabajador, pero lo puedo entender desde un punto de vista empresarial.

Lo que demuestra que realmente el ser humano ha perdido la confianza en sí mismo, es que se quiera dotar de esa misma perfección, también en lo supuestamente emocional a los robots. Somos niños egoístas, que no quieren decepcionarse con la realidad y como no nos gusta esa realidad, nos inventamos otra realidad a conveniencia. Ya no hablamos de una interfaz personalizada, que nos lo pone más fácil para hacer la reserva de un hotel, porque su programación ya tiene información previa del cliente; estamos hablando de un rostro humano, que nos responde como nosotros queremos, aunque de humano solo tenga el rostro.

Pero si la robótica y la inteligencia artificial, fueron creadas para mejorar nuestro bienestar, a costa de sustituirnos poco a poco ¿quién quedará entonces para disfrutar de esas ventajas y ese bienestar? A la larga, seremos cada vez menos ¿es que esto no lo ha pensado nadie? El mercado no podrá absorber una cantidad de personas semejante, que de un día para otro, dejaran de ser útiles. Quizás solo unos pocos afortunados, útiles para realizar labores de programación y mantenimiento. ¿De verdad la robótica nos dará ventajas? Creo que más bien, nos hará esclavos.
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