SI TIENES ALGO QUE DARLE AL MUNDO…

La de cantidad de ideas y proyectos geniales que se quedan en el tintero, en la memoria, en un disco duro o en un pensamiento pasajero que no se termina por poner en marcha, debe ser tan numerosa como la suma de los átomos del universo entero. El Mundo de las ideas, que no el que se le atribuye a Platón, debe ser como una biblioteca en plan macro, poco frecuentada, llena de libros, revistas y archivos… de vez en cuando viene alguien, se lleva un libro y pone sus ideas en marcha, si es que tiene voluntad y medios para hacerlo. La idea original no tuvo por qué ser suya, pero la encontró, la eligió y le prestó la atención, que hasta ese momento parecía no haber recibido.

Un artículo de Miguel Lázaro

 Los genios pueden morirse de hambre, no así quienes saben ver la oportunidad de llevar sus ideas a cabo. Les ha pasado a pintores, escritores, ingenieros… todos considerados genios a título póstumo. Luego ves a los grandes empresarios, muchos de ellos con un origen humilde, o con poca formación o cultura, encumbrados en la élite económica. Es curioso ¿verdad? Después están los intermediarios, los que unen a unos y otros, los que saben conectar necesidades con ideas, con las personas que tienen los medios materiales, y que también obtienen su parte. Conclusión: solo no vas a ninguna parte, a menos que te guste viajar así o seas un ermitaño.

Mientras tanto, hay ideas geniales y soluciones que se siguen almacenando una tras otra, en una dimensión paralela. Llenando las estanterías de una biblioteca infinita, esperando a que venga alguien y las tome por el lomo del libro. Si supiera cuál es el secreto del éxito, ya lo habría puesto en marcha. Por ahí hay gurús que te lo venden, pero son tantos… que la verdad no me veo creyéndomelo. Supongo que ellos han encontrado un camino, o una vía que les ha funcionado (eso no voy a ponerlo en duda); pero a menudo la cara B de estas personalidades, es muy jodida porque viven de la fachada, es lo que venden. Y sí, todos tenemos una cara B, más oscura de lo que quisiéramos reconocer. Quien diga que no tiene, miente.

Bajo el paraguas de las grandes corporaciones, el talento se ralentiza, se desespera, se pudre, se vuelve a desesperar… el talento se cansa de que haya alguien por encima, dictando las necesidades de la demanda, para plantear una oferta, que nada tiene que ver con la idea original ¿te suena? Si trabajas para otro, o en una empresa, cuanto más grande sea, mayor es el sentimiento de talento desperdiciado. A veces frustración, otras simplemente el talento se rinde y se calla. Las menos, lo manda todo a la mierda y se larga a vivir su vida: hay que pagar el alquiler. Y es que quien tiene una idea diferente, que es capaz de poner en duda la competencia de quien está por encima, es a día de hoy (y me atrevería a decir que siempre ha sido así) el rival a batir. Hay mucha gente a su alrededor que también tiene que pagar el alquiler, la hipoteca, o el fraude personal, del que se trate en cuestión de cada uno.

… NO ESPERES A QUE TE DEN PERMISO

Porque si esperas a que alguien de arriba, te de OK al plan… te puedes morir esperando. Que la idea se quede en el limbo, es competencia exclusiva de quien la dejó allí muriéndose de asco entre todas las demás. Tendemos a culpar al que tenemos arriba, tachándole de incompetente, de ignorante o de parásito, porque decimos que “vive de nosotros”, pero la realidad es, que preferimos no dar el paso del emprendedor y echarle huevos. Aun así, no quita que el de arriba sea todo lo anterior y más, añadamos fantasma, por ejemplo… pero por lo menos, sabe posicionarse mejor, al menos en apariencia.

Realmente será el mercado el que juzgue a la idea si esta finalmente, se pone en marcha. ¿Y si no sale? ¿y si no funciona? ¿y si al final el genio no era tan listo como creía? ¿y si te arruinas? Amigo, estos miedos que paralizan cerebros, llenan los despachos y las oficinas de todas las empresas: talento malgastado. Otras personas en cambio, se encuentran a gusto en su incompetencia, lo de no tener que pensar, ni responsabilizarse de sí mismos, parece que les hace la vida más fácil. Emporios de escritorios alineados, uno tras otro, con curritos produciendo, recibiendo y enviando e-mails, contestando al teléfono, recibiendo tareas, y usando alguna aplicación propia de la empresa… a mí me da la sensación, que así no vamos a salvar el mundo.

Por todo ello, si sientes dentro de ti, que quieres darle algo al mundo, hazlo. No te lo guardes porque es tu vocación. Hazlo como puedas, pero hazlo… quizás si no lo haces, lo último que queda de auténtico en ti, se consuma dentro de este escenario prefabricado, tan contrario al instinto y a lo auténtico. En tu medida o más, pero no te lo guardes porque ese será tu triunfo: tu yo verdadero, aquello para lo que narices sea que hayas venido a hacer aquí. Todos somos consumidores, pero podemos elegir entre ser consumidores netos, o aportar algo. Y si no aportas nada, es como si jamás hubieras existido. Pero tú existes ¿verdad? ¿o solo somos como esas ideas que se almacenan en esa biblioteca infinita? Tú verás.
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