LOS NIÑOS SON EL FUTURO: TENGAMOS UN BEBÉ

La palabra futuro es una palabra común. Es accesible, es fácil, puede emplearse de forma positiva, y siempre está al alcance de cualquiera, que quiera usarla sin temor alguno. Cuando empleamos esta palabra, cada uno en su cabeza tendrá una imagen distinta. Para algunos significará esperanza; para otros, querrá decir avances tecnológicos; para los de más allá… mejoras en la calidad de vida; y quizás para los más tremendistas, algo así como Apocalipsis.

 Un artículo de Miguel Lázaro

 Mira lo que dice la R.A.E. si tecleamos futuro: 1. adj. Que está por venir. U. t. c. s. m. 2. m. y f. coloq. Persona que tiene compromiso formal de casamiento con otra de distinto sexo. 3. m. Econ. Valor o mercancía cuya entrega se pacta para después de un cierto plazo, pero cuyo precio queda fijado al concertar la operación. 4. m. Gram. Tiempo que sitúa la acción, el proceso o el estado expresados por el verbo en un punto posterior al momento del habla. 5. f. Derecho a la sucesión de un empleo o beneficio antes de estar vacante.

Suelo utilizar la palabra futuro como sustantivo, refiriéndome al FUTURO, como protagonista de la acción, por lo que me he quedado un poco K.O. Si te digo la verdad, me esperaba significados más intuitivos. Será que soy más ignorante de lo que pensaba, porque utilizo las palabras, para lo que no son. O eso, o que el futuro tal y como lo entiendo, no existe. Decirlo es duro ¿verdad?

Dicen que los niños son el futuro, y de hecho lo son. Lo eran antes, se supone que lo siguen siendo ahora, pero valga la redundancia, en un futuro ¿lo seguirán siendo? Los niños han sido siempre una consecuencia de las relaciones. No diré una consecuencia necesaria, tampoco inevitable, ni si quiera una consecuencia deseada o esperada, aunque en la inmensa mayoría de los casos, salvando excepciones, así lo han sido desde siempre. Ya se sabe, no se puede generalizar: algunos hemos venido al mundo en tiempo de descuento, y a balón parado.

Sin embargo, al vernos ahora con margen de maniobra, para decidir y pensar más en nosotros mismos como individuos, antes que en el conjunto, el hecho de tener hijos se puede meditar, elegir, aplazar, o directamente suspender. Lo puedo decir bien alto porque es así: los hijos ya no son el futuro, son un producto de consumo. En el momento en el que podemos intervenir, de mil y una maneras en la procreación de hijos, esto ha dejado de ser una consecuencia, para convertirse en un mercado.


ESOS PEQUEÑOS SERES HUMANOS 

QUE NOS REEMPLAZARÁN

Un mercado, en el que entran en juego, variables como el estatus económico, la situación laboral, el deseo o no de la mujer por tenerlos, la anticoncepción, la fertilidad, la adopción, la familia cercana como soporte, etc. Antes, los hijos venían o no venían y punto; era lo que había, o lo que “la vida te daba”. Y si bien, en las familias donde el poder social o económico, la especulación era una variable a tener en cuenta para perpetuarse, se especulaba con tener hijos con y según quien. Si te das cuenta, siempre ha sido un mercado, en el que los productos son los hijos. No es solo de ahora, quizás en la actualidad, solamente tengamos más información y más grados de libertad; pero esto, es lo que es: convertir a un ser humano en un objeto, para comercializarlo con unos intereses concretos.

¿Y qué intereses son estos? La auto-realización, los deseos particulares, las políticas de natalidad para el mantenimiento de la seguridad social a través de la cotización, la perpetuidad de los sistemas, las garantías sociales ¿te das cuenta? El amor es para los pobres como nosotros… ¡y ni eso! ¿Dónde está aquí el amor? No me sale por ninguna parte, y mira que lo busco con intención de encontrarlo… ¿Sabes por qué? Porque los hijos, son un interés más, por mucha colonia Nenuco que anuncien con abrazos de una madre a un bebé, sonrisas, besos y música tierna. De hecho, esas imágenes son puro marketing. No están elegidas por casualidad.

Si te das cuenta, conforme se alarga la esperanza de vida en la burbuja Occidental, la natalidad se resiente. Esto tiene su por qué, y es tan fácil y tan lógico que asusta: si duramos más, necesitamos menos reemplazos. Algo tan simple como eso, o bien si queremos vivir mejor como individuos, no queremos renunciar a nuestro bienestar y estatus, subyugándolos a mantener una familia. Por eso, los hijos se han convertido en un producto de consumo cuasi a la carta. En una decisión que te puedas plantear según te convenga, puedas asumir o te apetezca. Aun así, y que no se nos olvide: no vivimos eternamente, por lo que de momento, seguimos necesitando que nos reemplacen. Porque sin reemplazos, se termina todo.
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