YA TENEMOS UN ROBOT, NO ERES NECESARIO

El Crack del 29, La burbuja de las punto Com (2001), La Crisis en el Sudeste Asiático (1997), Los Tulipanes en Holanda (1634), El Lunes negro (1987), La crisis petrolera (1973), La Hiperinflación Alemana (1921), El Efecto Tequila (1994), La Crisis Española que empezó en 2008 o El Corralito Argentino de los noventa, y seguro que me dejo más de una por citar.

Un artículo de Miguel Lázaro

 El hombre es un animal que prefiere mirar hacia otro lado, si lo que está por venir no le conviene. En este sentido, está demostrado que evolutivamente somos bastante estúpidos y cada vez menos previsores. Se supone que en Occidente se vive bien ¿no? En cambio, China puede pasarnos por encima como un rodillo, aun estando en crisis o recesión… y nosotros tan tranquilos. Si no lo han hecho ya, debe ser porque o no se quieren mezclar culturalmente, o no les hace falta, o directamente rechazan el ideario occidental.

No hace falta ser un conspiranoico para darse cuenta: siempre hay alguien que saldrá ganando, mientras el resto seguimos arreando con lo que nos echen. Lo peor de todo, es que nos creemos todo lo que nos dicen. ¿Por qué? Sobre todo, porque no nos hace ninguna gracia que nos muevan el escenario, y hacemos lo que haga falta para conservarlo. Alguien gana, porque todo el capital va de un lugar a otro, y por eso parece que desaparece, o se devalúa, o se adeuda, o se gasta de pronto; pero siempre hay un destinatario de todo ese capital a la fuga.

En un hipotético futuro cada vez más cercano, el capital humano será menos necesario en las empresas a nivel organizativo, también lo es y cada vez menos en los procesos de fabricación. Si bien los profesionales, estamos obligados a estar al día y a formarnos continuamente en todas las herramientas que el mercado nos presenta, cada vez el nivel de especialización que se nos pide en nuevas tecnologías, es mayor. ¿Esto qué quiere decir? Fácil, nos estamos quedando atrás.

Poco a poco, las herramientas tecnológicas nos van superando. Tenemos que aprenderlas, implementarlas en nuestra vida personal y profesional, y cuando ya creemos tenerlas controladas, aparece una nueva versión, que nos obliga de nuevo a dar otro salto. En efecto, vamos por detrás. Aunque se nos pinte un futuro la mar de cómodo, con toda la información y todas las prestaciones al alcance de un clic (y ni si quiera hace falta ya dar un clic), todo ello nos va situando poco a poco y sin apenas darnos cuenta, como demanda forzada de la tecnología, que ya prácticamente avanza por sí misma.

SOMOS CLIENTES CAUTIVOS DE LAS

 HERRAMIENTAS QUE NOS SUSTITUYEN

Todo lo que presencialmente teníamos que resolver hace veinte años, ahora lo podemos gestionar a través del móvil, o a través de una interfaz cada vez más simple. Es una obviedad, pero en las cadenas de intercambio, el capital humano intermediario, emisor o receptor de la información o del servicio, cada vez tiene menos peso. Donde únicamente el ser humano como tal sigue teniendo peso, es al final dela cadena, como consumidor.

Solamente como consumidores, pero esto ¿qué quiere decir? Si somos menos necesarios durante el proceso productivo, y solamente se nos tiene en cuenta como consumidores finales ¿en qué nos estamos convirtiendo? Básicamente en inútiles. Podemos pintarlo como queramos, pero solamente valemos para consumir. Es por ello, que los hilos los tejen aquellos que se encuentran en la fase creativa del producto, de la información o del servicio, que son los que nos dictan qué consumir, cuándo consumirlo y endeudarnos para no quedarnos atrás en el mínimo de consumo establecido. Y este nivel creativo en los procesos de producción, obviamente no está al alcance de todos.

Por otro lado, si el capital humano es menos necesario en las tareas, en las cadenas de producción o en la prestación directa de los servicios, esto se traduce en menos puestos de trabajo disponibles en el mercado. Por lo tanto, menos sueldos, menos rendimiento económico por el trabajo y menos personas con capacidad para consumir. Si no consumes, no existes. Y si no existes, estás fuera del sistema. Parece que es fácil de ver, no es algo que resulte complicado a la intuición, o a un nivel mínimo de previsión social. Pero parece que “no pasa nada” ¿verdad? Pues ahí tenemos montada ya una crisis mundial, que tarde o temprano terminará por hacerse ver. ¿Miramos para otro lado como siempre?
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