BILL MURRAY TE DESEA FELICES FIESTAS

La batalla perdida por concienciar al público sobre lo auténtico, en efecto está perdida. La gente básicamente no hace lo que quiere, si no lo que puede. Aunque crees que eres libre de elegir, lo harás siempre dentro del menú que te presentan, dentro de una relación calidad/precio que no siempre está a tu alcance.  ¿Te das cuenta? Pasan los años, las décadas y los siglos… sí, también los siglos: desde noviembre a primeros de enero y enlazando con las rebajas, se nos disfraza de forma implacable consumir más que el resto del año, bajo una máscara de moral judeo-cristiana. Si quieres seguir siendo un borrego, no sigas leyendo. Recuerda: es tu opción.
 
Un artículo de Miguel Lázaro

 Eres libre de celebrar lo que quieras, esa es tu opción: aunque traten de impedírtelo, de censurártelo, aunque te quieran cambiar el nombre de la fiesta, aunque traten de borrar su significado con máscaras políticamente correctas. Si lo sientes, hazlo. También eres libre de no celebrarlo, es tu opción: aunque se te señale como bicho raro, aunque te obvien socialmente por ello, aunque seas el raro o rara de la familia, de la oficina, o de tu grupo de amigos por ello, aunque la condescendencia generalizada te tache de alternativo. Igual te digo, que no lo hagas si así lo sientes, pero siempre has de ser tú el que decida.

Soy muy fan de Bill Murray: Scrooged (año 1988, título original) o Los fantasmas atacan al jefe, como nos tradujeron aquí la película. Obviamente no es su mejor película, pero viene al pelo para parodiar la obra de Dickens, A Christmas Carol o Cuento de Navidad. En todas las versiones de este cuento, al final el Mr. Scrooge de turno, termina cediendo bajo una futura amenaza de soledad y muerte. No sé tú, pero a mí me parece un chantaje de lo más grave. Me dirás: Ya, solo es una película ¿verdad?


Supongo que una crítica al consumismo está ya demasiado archimanida, por eso no va por ahí la cosa. No soy quien, para dar lecciones morales a nadie, lo que pretendo más bien, es que te cuestiones el por qué haces las cosas. Las hagas finalmente, o no las hagas, deberías saber tus porqués. Decir presión social, es demasiado general, un paraguas demasiado amplio para refugiar aquello que solamente debería habitar en tu conciencia: no en unas fechas concretas, si no en tu vida diaria.

Dime ¿a qué te sientes obligado? Quizás tengas un debate familiar, o alguna pelea de dominio por elegir a qué mesa sentarte. Quizás sea la única fecha en la que veas a tus padres, o al resto de tu familia. Si es así y deseas estar con ellos ¿por qué no lo has hecho antes? Quizás para ti, nada de todo esto tenga algún sentido real, pero sin embargo lo haces y celebras estas fiestas, porque “lo hace todo el mundo”. Quizás te fuerzas a ello, para satisfacer una demanda creada por tu familia, o bien lo haces por pura convicción. Dentro de esta modesta lista, o fuera de ella, solamente tú sabes por qué haces las cosas.


 Pretextos, excusas, condicionantes, etc. ¿Qué hay de auténtico en todo ello? Acaso ¿los amigos y la familia realmente te piden que tengas un comportamiento excepcional? El mundo sigue girando y siguen pasando las mismas cosas, pero parece que toca ser mejor persona y desembolsar. ¿No te das cuenta? Esta supuesta generosidad moral, no es más que un estímulo al consumo. Tú eres un consumidor, yo soy otro consumidor: exactamente igual que tú. Y si no consumes, estás fuera del sistema, porque si no lo haces se supone que no quieres a los tuyos, tal y como está establecido que debes “quererlos” comprándoles cosas.


 Si realmente quieres y amas a alguien, lo más preciado que le puedes regalar es tu tiempo. Quizás este amor no sea correspondido, o no valorado… no todos queremos y amamos igual; y hay personas que de una forma u otra te piden cosas; pero quien de verdad te quiere, lo que realmente desea es estar contigo y todo lo demás le sobra. Y lo quiere cuando sea, no solamente al final del año porque toca. Puede que haya personas con las que realmente desees estar, y no puedas, o no valoren tu amor, tu compañía, pero aun así se lo quieras dar ¿Sabes qué? Eso sí es amor verdadero y no hace falta ir a una tienda. Mira bien como inviertes tu tiempo, porque ese sí es el regalo más valioso que existe, porque no se puede sustituir.


Ahora mismo mientras te escribo, tengo a muchas personas en mente: personas a las que quiero, con unas puedo estar, con otras no. Algunas de estas personas, si las quiero ver o estar con ellas, tengo que pasar por ciertos aros: algunos estoy dispuesto a asumirlos, otros no. Quien dice que te quiere y te impone un aro, una condición o una prueba, para estar con ella, no te quiere de verdad, se quiere más a sí misma. Quizás en tu vida haya personas así, quizás más de la que piensas y no lo veas. Solamente te pregunto, si realmente te merece la pena mantenerlas en tu vida de esta forma. Como verás, no hay discurso navideño final: solo un reclamo de amor verdadero ¿no es eso lo que todos queremos? Quizás sí, quizás no.
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