¿A QUÉ ALTURA HAS DEJADO TU LISTÓN?

Somos productos de mercado: puedes llamarlo de una forma más o menos amable, pero de cara a las relaciones y al intercambio necesario, que se ha de dar entre personas para que exista una relación, no podemos separarnos de la idea de mercado. Se nos evalúa por lo que somos capaces de dar, de comprar, de adquirir, de suministrar, de proveer, etc. como mínimo. Después lo que brille tu escaparate, hará que te vaya mejor o peor.
 
Un artículo de Daniel Díez

 La vida hay dos formas de vivirla: en compañía o solo. Cuando decimos en pareja, hablamos de vivir bajo el mismo techo, aunque pueden existir mil variantes. También puedes vivir solo y tener “amigas” con las que pasar tu tiempo. O no tenerlas. Este último caso, a quien le toque, ya sea porque no ha habido forma o por elección propia, es visto normalmente como un estado no deseado sólo para perdedores.

Vale: No quieres ser un perdedor a ojos de la sociedad. Quieres tener sexo frecuentemente e incluso vivir en pareja. O tirar la casa por la ventana y casarte y formar una familia feliz, con foto de domingo de picnic, abrazos y sonrisas por doquier.

¿Qué habría que hacer? Pues encontrar a una chica. Caerle bien, atraerle y por consiguiente te haga caso. Y si no eres un muñón y torpe hasta el extremo vas quemando etapas y llegando a ese estado de “felicidad sin fin” de vida en pareja y familia.

¿Y si ninguna te hace caso? ¿O no te hace caso la que a ti te gustaría? Por ejemplo, a mí me gusta Adriana Lima. Da gusto verla a sus 35 años, pero no la conozco. Y me viene mal recorrerme el mundo detrás de ella, en plan fan psicópata. Así que, lo siento Adriana, tendrás que conformarte con algún empresario rico, estrella deportiva o de la música.

Por lo que, si quiero pillar cacho con alguna, me da que he de bajar el listón. Por ejemplo, mujeres con cuerpos esculturales y guapas a más no poder… debería descartarlas. Sobre todo, porque no viven cerca de mí, y de vivir, preferirán a una súper estrella triunfadora de cualquier mierda.

Por un lado, yo tengo mi valor de mercado. Y ellas el suyo. Mientras más demandada está una mercancía (y todos somos mercancías del mercado del amor), más caro será el precio a pagar por ella. Sobre todo, si esa mercancía es escasa. Y por desgracia, salvo que te gusten todas, las mejores suelen estar cogidas.

Para que dos personas se conozcan y se elijan mutuamente, ambas han de sentir que han encontrado el mejor producto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios límites de intercambio. Vivimos en una cultura donde manda la orientación capitalista o mercantil. Y el éxito, constituye el valor predominante. Es lo más valorado: lo siento, no basta con ser buena persona.

Así que, las relaciones amorosas y humanas siguen el mismo esquema de intercambio que gobierna en la sociedad capitalista. Si vales poco en términos de valor de mercado, tendrás que comprar más barato. Y si vales una mierda, pues solo podrás comprar la atención o la compañía, pagando o cosas por el estilo de esa liga. Eso o pagar, aunque visto en plan práctico, siempre se paga.

Entonces. Aquí se da un dilema que muy pocos se plantean. Y sobre todo una pregunta que muy pocos se hacen:

SINCERAMENTE ¿CUÁNTO DESEAS
 
VIVIR EN PAREJA?

 Porque si lo anhelas mucho, pero tu valor de mercado es cero patatero, igual has de ir al mercado de las mujeres que nadie quiere. O sea, tu mercado paralelo. Si no hay ninguna que quiera contigo, puedes inclinarte por una mujer así. De entrada ¿No te seduce? Igual te da más amor que nadie ¿no era eso lo que querías?

Casi seguro que me dices que pasas. Que prefieres quedarte solo y a pajas que tocar a “un engendro” así. Eres un superficial, te dirá alguien. Quizás a quien te llame superficial, habría que preguntarle si él o ella harían de ONG en una relación de pareja ¿cuál sería la respuesta? Ya lo sabes. Ahí está el quid de la cuestión: todos tenemos un listón. Algunos lo ponen bien alto y todas las que pasen por debajo les sirven… casi que les envidio. Pero la mayoría, tienen unas mínimas exigencias que ellas han de superar. Muchos matrimonios dan fe.

Pero ¿y si tu necesidad de pareja es grande? No vamos a entrar en casos particulares, ni en históricos de relaciones insanas, ni en la presión familiar ¿OK? Por ejemplo, hay quien no concibe la vida de otra forma, programado para estar en pareja, y si no es así, considera su vida un fracaso. Pues si no has encontrado a una o varias mujeres como a ti te gustaría que fueran, te va a tocar bajar el listón.

¿QUÉ PASA CUANDO BAJAS EL LISTÓN?

Y por eso vemos a caballeros paseando con la parienta, y dicha mujer, con atractivo sexual nulo. Piensas entonces: bueno, quizás sea una bellísima persona… pero encima, ves que ella está echándole la bronca y hablándole con desprecio y desdén. O sea, que hay situaciones en las que dices: pues para eso mejor estar solo ¿correcto? Bueno, pues el calzonazos de turno, no parece que se haga esa pregunta. Es probable, que antes el tema pintase mejor y poco a poco se ha ido encontrando en esa tesitura. O bien, que el asunto haya degenerado poco a poco hasta estallarle en la cara. Pero ahí sigue, en su jaula… porque deshacer lo ya establecido, resulta que es chungo de cojones. Los abogados de ella, su familia, tu situación económica milagrosa, etc. Bueno, ya sabemos cómo van estas cosas.

¿Y si todos nos pusiéramos un listón y no admitiésemos a nadie que no cumpliese unos mínimos de calidad? Si por ejemplo, no toleramos que nadie nos chille y nos monte numeritos, porque no hemos de permitirlo nunca. Y si alguna lo hace, la mandamos a freír puñetas. Pero claro, eso puede llevarte a que te quedes solo. Que la gente te apunte y te clasifique como un bicho raro. Y claro, a pajas hasta que pilles a otra que supere tus criterios de calidad, suponiendo que no te estuvieran fiscalizando la vida sexual, que eso en pareja se da y mucho.

Por eso mucha gente, una vez está en una situación lejos de ser deseable, siguen adelante porque ya no se ven solos, o no se atreven a empezar de cero, y menos cogiendo algo bueno del mercado de mujeres solteras infinitas contra su voluntad. O sea, del mercado de mujeres que nadie ha querido previamente. Si no, no estarían solteras ¿No? Al menos, eso suelen pensar de ti si te quedas soltero: algo raro tendrás porque no te quiere ninguna.

Igual que se hace el testamento, habría que poner por escrito las condiciones que una mujer ha de cumplir para estar contigo. Y luego lo contrastamos con las mujeres que vayan llegando a nuestra vida y solo nos quedaremos con la que lo cumpla: la que lo cumpla y se interese en nosotros.

¿Difícil? Bueno, como hablamos de que la mayoría de los hombres piensan con lo que piensan, no van a permitir que ningún listón o baremo de calidad, les estropee la posibilidad de una escasa y mínima vida sexual en un matrimonio convencional. Así que los criterios de calidad se establecen flexibles y se relativizan en función al calentón y los niveles de testosterona.  Y lo que empieza por ser una tabla de salvación sexual en medio del océano, termina con dos niños, ojeras y cara de destrozado de la vida un domingo por el centro comercial, con el carrito y la mujer agobiándote y rayándote la cabeza. Luego, como nos cuesta decir que no y nos acomodamos, pues la que era un rollo se convierte en tu mujer ¡hala! ¡a vivir la vida loca! O mejor dicho: a vivir con una mujer que ni si quiera te atrae, o que no querías, porque era la que te tocó, o la que había… hiciste por quedarte y quererla para hacer familia: ahí tienes tu premio.

Moraleja: Hazte una lista, ten tu listón cuanto más realista mejor. Hazme caso, es mejor ser soltero, tener tu tiempo para ti y tener dinero para tus cosas, que tener un supuesto sexo seguro y de mínimos, terminar amargado de la vida y en el peor de los casos, vuelto a estar solo y desechado con deudas. Tú mismo, piensa con el cerebro: el de abajo o el de arriba… y luego recoge los frutos de tus elecciones.
Publicar un comentario