LOS VARONES HETEROSEXUALES ENTRE 25 Y 70 AÑOS, TAMBIÉN VOTAMOS

¿Cómo definiría la R.A.E. al hombre invisible? Si vamos al diccionario de la Real Academia Española, buscamos primero varón, del latín varo, -ōnis 'fuerte, esforzado': 1. m. Persona del sexo masculino; y después invisible: 1. adj. Que no puede ser visto; tendremos la siguiente definición compuesta: Persona del sexo masculino que no puede ser vista.

 Cuando medio mundo anda escandalizado por la victoria electoral de Donald Trump en USA, lejos de defender sus políticas o sus palabras, debo decir que en lo personal, que este señor haya ganado las elecciones, no me sorprende absolutamente nada. Es más, no me extraña que haya ganado. Pero ¿por qué digo esto?

Quizás el único y definitivo acierto de Trump en su campaña más mediática que política, ha sido en primer lugar, reconocer que él no es un político. Y en segundo lugar, y más importante, hablarle de trabajo al trabajador en un idioma básico y muy de la calle. Dentro de todos sus desfases, machadas y burradas públicas, populistas y notorias, estos dos puntos clave, pero sobre todo el segundo: hablarle de trabajo al trabajador, ha sido lo que le ha hecho ganar. El mundo está lleno de don nadies, que lo único que quieren es tener un trabajo, trabajar y llevar una vida lo más digna posible. Yo por ejemplo, soy uno de esos don nadie. Y si fuese ciudadano de Estados Unidos, probablemente sería clase social media-baja o White Trash.

LOS DON NADIE, EXISTIMOS

 Y TAMBIÉN VOTAMOS
 El varón heterosexual entre 25 y 70 años, no es el objeto de deseo de ningún partido político, ni de ningún lobby. Tampoco es apto como reclamo publicitario, ni como colectivo objeto de protección social. Y si afino un poco más, diré que en concreto estoy hablando del varón blanco caucásico, porque si fuese una persona de raza negra, oriental, o de etnia árabe, gitana, o cualquier otra, se me podría encajar dentro de una minoría étnica. Y si no, al menos dentro de un colectivo diferenciado, aunque éste no constituya una minoría. Si fuese un inmigrante, de igual forma. O si me identificara como homosexual, también, ya que podría incluirme dentro de un colectivo diferenciado, que actualmente tiene una presencia social y política propia. Mirando la edad, si tienes más de 65-70 años, eres un jubilado.

El segmento de población del que estoy hablando, y del que yo formo parte, también existe. Y básicamente no estoy muy seguro de cuál sería nuestro reclamo o reivindicación concreta. Espera… miento, sí lo sé: trabajar y llevar una vida digna. Nada más, que no es poco. Una reivindicación y un derecho, que además es compatible con cualquier persona, hombre o mujer, que esté dentro o fuera de los colectivos anteriormente citados. Nosotros, solo tenemos esa reivindicación o ese papel: trabajar y contribuir de forma activa con nuestros impuestos. Por lo demás, con que nos dejen en paz nos basta.

Así parece que nuestro papel, si es que éste papel se diferencia en algo del resto, se da por hecho e impuesto. Se da por hecho que somos productores o proveedores puros, se nos tiene ahí para que hagamos motor como al resto de la población activa, pero a diferencia del resto, a nosotros nadie nos pregunta nada. Ni nadie nos pregunta nada, ni nadie nos protege con una legislación específica, ni nadie nos dedica un solo minuto de su tiempo, en una campaña mediática o política. Pues oigan señoras y señores políticos y legisladores, estamos aquí y aparte de trabajar y pagar impuestos, también votamos.

LOS HOMBRES INVISIBLES NO TIENEN SINDICATO
 El caso, es que empezando por el que suscribe estas líneas, este segmento de la población no pide protección alguna, ni ventaja social, ni discriminación positiva, ni derechos extras, ni políticas específicas. Básicamente no lo hacemos, porque nadie nos ha enseñado a reclamar ni a quejarnos. Entendemos que nosotros mismos, somos responsables de nuestras vidas y de los que nos pase. No pedimos ayuda, porque somos nosotros quienes nos enfrentamos a nuestros problemas cuando los tenemos. Pero una cosa es esto, y otra muy diferente, que se nos convierta en personas invisibles, que solamente existen una vez al año cuando tienen que presentar la declaración de la renta, o bien a final de mes, cuando nos ingresan la nómina. Y si no puedes participar de esta forma, ni si quiera existes. Social, política y económicamente, se nos reduce a una cuenta corriente sobre la que domiciliar recibos y pagar facturas.

A nosotros no se nos ofrece prestación alguna, que previamente no nos hayamos ganado o cotizado, pero en cambio, se nos vende absolutamente de todo, porque todos los bienes y servicios que se nos ponen delante, tenemos que pagarlos o comprarlos antes. Somos solidarios de facto y por defecto, ya que no solamente pagamos por lo nuestro, sino por lo de todas y todos. Es algo que entendemos y que hacemos, porque sin nuestra contribución, ni la rueda ni la máquina funcionarían. Estamos en el eje, pero no tenemos recambio. Si nos rompemos, hay que poner otro, pero si esto pasa, nadie viene a repararnos: se nos desecha y se nos aparta como a chatarra. Si esto pasa, es tu problema… o te levantas, o mueres, porque estás solo.

EL SISTEMA ACTUAL NO RECONOCE  AL VARÓN
Leyes y derechos asimétricos, han convertido al varón de forma implacable, en ciudadanos de segunda, o tercera categoría, a los que se le pueden imputar cualquier responsabilidad, deuda, pena o delito, por el mero hecho de estar presente. A nuestra cuenta, pueden cargar cualquier concepto, proceda o no. Primero se carga y después se pregunta, porque se da por hecho que somos nosotros los que siempre lo pagamos, independientemente de cual sea nuestra situación personal, laboral o económica. Si hay algo seguro, es que a nosotros la factura siempre nos llega.

A pesar de ello, no nos reconocemos como víctimas, aunque lo seamos en más de una ocasión. No queremos refugiarnos en ese rol, nosotros mismos somos los primeros que no lo aceptamos, aunque legal y socialmente lo seamos de facto. Es algo que no se reconoce, que no entra en ningún campo al rellenar un formulario. Simplemente entendemos, que si tenemos trabajo, seremos nosotros mismos los que solucionemos los problemas con los que cualquier persona se enfrenta en su día a día. Si no es el caso, directamente ni existimos.

No podemos decir, que nosotros no podemos. O mejor dicho, aunque lo digamos va a dar igual: debemos. El sistema no procesa nuestra debilidad, porque no la reconoce. Solamente reconoce nuestra capacidad productiva y económica, no tenemos derecho a nada salvo a pagar y ser responsables absolutamente de todo. Si hablamos de igualdad, no solamente debemos hablar de igualdad de derechos, sino también de igualdad de responsabilidades. Cuando hombres y mujeres, tengamos los mismos derechos, y no solo eso, sino que seamos legalmente responsables, de forma equitativa en cada uno de los niveles, entonces podremos hablar de igualdad real… y así, basiliscos como Donald Trump, no ganarán las elecciones.

Esta debería ser razón suficiente para que toda esta raza de políticos, tan políticamente correctos, se lo hicieran mirar. Por algo tan sencillo, como si no le das voz a todos los segmentos de la población, te pueden pasar cosas como estas. Rara vez, un hombre corriente sale en los medios de comunicación por algo bueno o positivo, por eso, lo mismo va para todos los medios de comunicación, que también son muy políticamente correctos. Medios que dicen que un elefante es rosa y que los unicornios existen, pero son incapaces de enunciar realidades, por si alguna minoría o colectivo se siente ofendido por ello.
Publicar un comentario en la entrada