CÓMPRAME UNA VIDA Y TE DIRÉ QUE “TE QUIERO”

 Si, que te quiero y lo que haga falta; pero solo si me prometes aquí y ahora que de aquí en adelante tendré la garantía de que nunca me faltará de nada, te daré mi “amor”. Me enamoraré de ti y todo será romántico y perfecto, nos sacaremos la foto y tendremos hipoteca con hijos, si antes la cama, la casa, el coche y todo lo demás está puesto. Cómpramelo todo antes y así me podré enamorar de ti… y si además eres guapo y más alto que yo, me sentiré atraída y protegida. Y después de este recital de conciencia, uno no puede juzgar porque son deseos.

Deseos que muchas veces ni si quiera son conscientes, aunque sí considerados “el mínimo civil obligatorio” por la inmensa mayoría. Garantías… siempre piden garantías, hasta que se tienen. Cuando se tienen se empiezan a mirar otras cosas y todo deja de ser romántico, para convertirse en exigencia y reproche hasta considerar al varón como un agente de servicios mínimos. Esto me asquea, me asquea tanto que me da ganas de vomitar.

Cuando ya está el chiringuito montado, empieza la cuesta arriba. Y cuanto más das, más se exige y más se da por hecho. Si te digo que eres un incauto por buscar el amor verdadero, es porque lo eres. Y eso me convierte a mí en el primero de los incautos. Sí, el primero. Por eso cuando compruebo que todo se reduce a lo material huyo, corro, escapo… Prefiero estar solo, porque comprar la compañía y en efecto, comprobar que puedes comprarla es una mierda. Eso no.

¿ERES GUAPO PORQUE TIENES DINERO? 
 La palabra dada no tiene ningún valor en el mercado: ninguno. El compromiso no existe, es una mentira y quienes se lo creen, no se dan cuenta de que están pagando a plazos una relación. A veces me pregunto ¿cómo puede ser todo tan barato? ¿de verdad ha de ser así? Se lo preguntaba a una mujer a la que quiero y en la que confío. No entiendo como valen los convenios que se pactan, cuando de compartir tu tiempo, tu cuerpo y tu voluntad se trata de forma supuestamente verdadera… y a esto juega el mercado.

Si fuera un reptil no me haría estas preguntas, probablemente no me cuestionaría nada. Quizás sea un reptil en otra vida, quizás sea todo más fácil cuando tu única misión en moverte para morder sin ver más allá de la presa que necesitas para satisfacer tus instintos. De verdad, te lo juro… a veces desearía ser un inconsciente y que me diera todo igual, pero no me sale natural. Ojalá fuese un débil mental y me dejara convencer, comprar o me supiera dejar llevar, pero no… tampoco. A veces lo pienso, que hubiera sido de mi vida si me hubiese casado con esa primera novia, cuando todavía creía en toda esa basura.

HAY ESCLAVOS QUE DESEAN SUS CADENAS

Lo pienso y me alegro de haberme ido a tiempo; esa es la verdad. Fue como darme cuenta de que en efecto, yo tenía algo que decir. Creo que fue la primera decisión realmente mía, que tomé en toda mi vida. Digamos que todo se resumió a un “o tú o una mentira”. Después me di cuenta que no pasaba nada, que se podía vivir, que se podía conocer, que se podía experimentar… que había más mujeres en el mundo que eran especiales y que merecía la pena conocer, que no tenía que creerme nada que me hubieran contado antes. Se podía todo esto y más. He vivido muchos momentos especiales, que no hubiera podido vivir desde esa posición. Lo sé y me alegro.

Antes sentía una profunda lástima y una necesidad enraizada en el sentido del deber de ayudar a otros hombres a que “abrieran los ojos”. Pero ¿sabes qué? Ya no siento esa necesidad, te das cuenta de que son muchos hombres los que están deseando que los salven con una relación. Al menos, las mujeres siempre están abiertas a más… así se cogen los rebotes, las depresiones, los traumas y demás, todos aquellos que piensan que una vez casados, ya tienen la vida hecha. Con un poquito que les menees el escenario, se vuelven locos, nerviosos e inseguros. La deuda les supera y se terminan aferrando a un clavo ardiendo, perdiendo toda razón de ser al haber perdido “su seguro de vida”.

Ante alguien así, que desea ser esclavo, intentar ayudar es un imposible. ¿Sabes por qué? Hay esclavos que no quieren deshacerse de sus cadenas. Es más, las desean porque así es otro quien tiene que tomar las decisiones por ellos. Cada hombre sabe en su interior lo que desea realmente, y aunque no lo quieran admitir en voz alta, saben que lo que digo es verdad. A veces, ni si quiera es necesario que lo pierdan, el miedo a perder es suficiente para que un hombre deje de ser un hombre, y se convierta en el mero accesorio de un plan que él no controla. Así que ¿crees que tienes la vida hecha? Querido amigo: jódete.
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