CÓMO ENAMORARSE DE FORMA REALISTA

 Mírala, si es que parece la mujer de tu vida y  la acabas de conocer ¿verdad que te gustaría que todo fuese perfecto? Durante las dos primeras conversaciones, parece que todo fluye, no hay fricción, no hay precipitación. Sabes que en esta o en la siguiente, puede caer una cita de las que molan. Ya te han caído antes varias fake, petardas, interesadas, gorronas y buscadoras de chollos… qué se le va a hacer: es el mercado, es lo que hay. Pero siempre termina saltando una, y la gracia es mutua. Eso sí, el petardeo que te has tenido que tragar, no te lo quita nadie.

Algunas ya de vueltas, te explicas perfectamente por qué no tienen pareja, o por qué se han divorciado, o por qué ponen a abrir a todas sus exparejas en la primera conversación; pero aun así, de vez en cuando sale alguna a la que merece la pena conocer y con la que gusta estar. Gusta y mucho. A veces salta a la primera, los novatos suelen tener esa suerte. O no diría novatos: diría mejor que confían, que no hay doble juego, y que tampoco tienen reserva de fondos o resquemor.

Además eso ya lo ves en la primera conversación, el feeling ya te dice, o al menos te anuncia que puede haber química. Por cierto ¿quiénes son los tíos del resquemor? Suelen ser los que llevan un año o más sin sexo, o los que les han puesto los cuernos, o ambos a la vez. Ya te digo yo que estos van a tardar más, porque “la fase de negación” les dura más que a los demás. Además conforme más tiempo pasa, más cayo hacen y más raros se vuelven. Hay que pasar página, si no la mala hostia se queda dentro y te agría no solo la sangre, el carácter también y las cejas se espesan. Este tipo de hombre acaba “oliendo a cerrado”.

SUPÉRALO, ENTRE HOMBRES 

Y MUJERES PASAN COSAS
Pues sí, de vez en cuando sale alguna buena o muy buena, y cuando eso pasa, siempre y en todos los casos te parece guapa. Lo sea, o no lo sea a ojos de los demás, ella es guapa porque para ti lo es. Es la más guapa y no necesitas, porque es que ni se te ocurre, mirar  a otra, porque te hace ilusión verla, quedar con ella y pasar todo el tiempo que puedas (y más). Y no te lo tiene que decir nadie, ni tienes que ir como los casados, humillados y con un 40% menos de testosterona en sangre que un hombre normal, con la cabeza gacha pensando en que no llegan, o en que no se den cuenta que has mirado a esta o aquella...

Por conocer a una de las buenas, fíjate en lo que te digo: merece la pena haber pasado por la tanda de impresentables anteriores, en su inmensa mayoría cazadoras de chollos y tarificadoras de sexo ante la ausencia de valor añadido del producto base. Vamos, que tienen que poner muy cuesta arriba el sexo, porque no tienen otra cosa mejor que ofrecer. Eso es algo que se sigue viendo con frecuencia, y suele coincidir además, con las que lo primero que te dicen es: nunca me voy a la cama en la primera cita. Esto está certificado, debería recogerse en una ley porque siempre se cumple.

Lo que es cierto, es que es imposible ilusionarse cuando se está siempre en guardia y a la defensiva. Si no dejas la puerta entreabierta para que poco a poco, las palabras vayan tomando forma y puedas disfrutar, es difícil que venga la mujer de tu vida y eche la puerta abajo para sacarte de tu guarida. Oye, que igual en tu guarida estás de puta madre de bien, pero si no la aireas de vez en cuando, acabarás siendo uno de esos que huelen a cerrado, toman gin-tonics en vaso de tubo, terminan descuidándose y se casan con su asistenta, que les saca hasta el último euro que les queda, haciéndoles además la vida imposible.

Y como no quiero quedarme, ni que te quedes en el extremo de ser un iluso pagafantas, ni un pureta perdedor de pelo graso y ruina económica, creo que lo mejor es dejar la puerta entreabierta y ver caso por caso sin prisas. He dicho sin prisas, insisto por si te entran las prisas igual la cagas y acabas firmando algo que no te conviene. Ves que pasa el tiempo, los años… y uno ya no se ve tan fresco como antes ¿te suena ese pensamiento? Y ya te sientes ridículo sosteniendo una copa y entrando a tías, que llegado un punto, ya te llaman de usted.

Los hombres firman cosas que no deben, porque prefieren asegurar opciones presentes, por miedo a no tener opciones en el futuro… pero nunca por amor. Nunca: esto es algo que sabes tú, que sé yo y que sabemos todos, pero  que no nos atrevemos a decir en voz alta. Por eso mismo, lo pintamos como que es un regalo que le hacemos a ella, cuando no es más que convertir el miedo, en un seguro de vida. Si ellas tienen sus temores, nosotros tenemos los nuestros. ¿Sabemos vivir con esos miedos? o ¿tratamos de encerrarlos poniéndoles un candado, que puede saltar en cualquier momento?
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