SER RESPONSABLE DE LO QUE SE PROPONE

 Ahora oigo que hay parte de la población británica que quiere volver a la Unión, que se repita el referéndum… No me extraña. Esto es lo que pasa cuando se juega con fuego. Ahora hay división por regiones, solicitudes de negociación a la carta. No todos querían irse, pero una vez declarada la ruptura, el proceso es irreversible. Puede alcanzarse un estatus negociado en un futuro próximo, pero la relación del Reino Unido con el mundo, no va a ser la misma.

Esto es lo que pasa cuando “se dice a todo que sí”, que son unos cuantos los que terminan decidiendo por la mayoría. No es justo, no te puedes adueñar del destino de nadie sin antes haber calculado las consecuencias. Agradar a unos cuantos, es una irresponsabilidad de cara a la mayoría. La política, el empleo, las comunicaciones, los derechos de los ciudadanos no son una broma.

De igual forma que no se puede hablar en nombre de nadie, tampoco se puede decidir el destino de nadie. Estamos hablando de vidas humanas. La libertad debe ser respetada, pero la libertad no es “hacer lo que uno quiera”. La libertad es tener la posibilidad de ejercitar tus derechos, y saber qué puedes hacer con ellos. Si quemas tus barcos, si destrozas tus posibilidades, tu libertad se reduce.

¿QUIERES ELEGIR TENER MENOS OPCIONES? 
Si optas por tener menos opciones que antes, hay algo que no funciona bien. Cuando en mi país escucho alegatos que invitan a secesión y a la separación, siento lástima. Sobre todo cuando estas peticiones, se hacen bajo el amparo de una Constitución que por derecho, permite precisamente esta libertad. Quien las hace, no se da cuenta que en efecto, puede hacerlas. Quizás fuera, no pueda hablar ni la mitad, ni la cuarta y tenga que someterse a lo que le quieran dar.

Tengo la sensación de que no valoramos lo que tenemos, hasta que lo perdemos. Es así: parece que es algo comprobado. Como si fuéramos un niño con un berrinche, que no se calla hasta que se le satisface. Pues bueno, ya sabemos lo que pasa cuando se atiende a los berrinches infantiles: es cuestión de tiempo que llegue el siguiente, igual o más fuerte. Un niño no aprende atendiendo a sus berrinches, más bien sale malcriado y después cuando crece, cada vez es más difícil que se adapte a lo que le espera: la vida real.

Aun así, parece que no terminamos de madurar. Muchos proyectan su insatisfacción y su no conformidad en todo aquello que les rodea. En lugar de mejorarlo, o cambiarlo, prefieren cortar o destrozarlo. Después, cuando ya no hay, o ya no queda escenario donde expresarse y el margen de maniobra que tenías antes ya no lo tienes ¿a quién le vas a reclamar? ¿no tienes ya lo que querías? Pues asúmelo: madura.
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