LA MERITOCRACIA NO VALE EN EL AMOR

 Querido fan a la contra de Disney, hoy me dirijo a tu atención para hablarte de lo absurdo que resulta en ocasiones tratar de ganarse el corazón de alguien. Bueno, corazón… no sé si decir corazón o lo que hay entre las piernas. Ni yo mismo tengo la diferencia tan clara, si es que la hay. Y como no me van los cuentos de hadas, ni las moralejas pseudo-católicas, ni las judeo-cristianas, prefiero hablar de lo que veo y de lo que siento.

Si bien es cierto, que a veces parece imposible entrar en el corazón de la mujer a la que amas, poniendo en valor de oro una relación de mierda, por el enorme esfuerzo realizado; otras veces parece insultantemente fácil, porque quizás sientas que no hayas hecho algo especial para hacerlo, y sin embargo te dejan entrar. Lo peor de todo, es que cuando no te cuesta, no lo valoras por el simple hecho de que no ha habido rocas en el camino.

Sinceramente debo confesar, que en ocasiones me he encontrado con mujeres que me han aportado mucho y dado mucho, dándome un trato a mi entender inmerecido, por no tener la sensación de habérmelo ganado. En otras ocasiones, ha sido justo lo contrario: en una carrera de obstáculos con todo a la contra, me he partido la cara con todo y contra todo, para apenas recibir un gramo de atención… si es que a la reciprocidad, se la puede llamar atención.

SI NO SALE NATURAL…
NO VALE UNA MIERDA
Aun así, me considero afortunado y no le echo cuentas al destino, ni espero a que venga alguien a iluminarme, o a venderme tipo de moto alguna. Me siento satisfecho con mis experiencias, y mi nivel de deseo a estas alturas, tira más al cero neutral, que a una deuda a compensar. Si hay algo de lo que me he dado cuenta, es que en las relaciones con el sexo opuesto, la polaridad extrema, es lo peor que te puede pasar.

La estabilidad dentro de uno mismo en cuanto a necesidades y deseos, o lo que básicamente podríamos llamar “estar tranquilo” es un imán poderoso. Independientemente de que tengas más o menos experiencia, el equilibrio es algo que no se paga con dinero. Cuando se ofrecen a traerme algo del bar o de la máquina, mi respuesta siempre es “paz interior”. Quienes me conocen lo saben. No hay nada que valore más en mi vida, que un momento de calma y de reflexión, aunque este momento venga después de un orgasmo… que también ayuda mucho a estar uno más despejado.

Y hablando de orgasmos, de paz interior y de relaciones con el sexo opuesto, creo que algo que nos quita mucho la paz a los hombres, es quién nos da ese orgasmo anterior a la calma y al diálogo. Bueno, según lo exigente que seas, o las oportunidades que tengas… o no, porque si valoramos en exceso el esfuerzo que hacemos para ganar el corazón o el sexo de alguien, mayor es la deuda que contraemos con nuestro propio bienestar.

Cuando más te esfuerzas, más apuntas en la lista del “debe” del balance, mayores son tus expectativas, y por tanto mayor puede ser la sensación de premio, o el hostión contra la pared de la decepción. Después lo piensas ¿qué tienes a día de hoy que realmente te hayas merecido o hayas hecho por ganar? ¿fue una oportunidad o fue fruto 100% de tu trabajo y esfuerzo? Dime si el hacer méritos, te ha servido alguna vez para entrar en el corazón de alguien, o más bien eran intentos por intentar “comprar” la entrada.
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