ADEPTOS AL RÉGIMEN DE LA CONVENIENCIA

 Me pregunto hace cuánto tiempo que dejé de creer en las utopías. Supongo que tendría que retroceder en el tiempo, cuando vi a mi padre en la crisis del 93, por primera vez con miedo real de que le echaran del trabajo. Yo no me enteraba de mucho por aquel entonces, pero esa vez creo recordar que fue la primera, en la que pensé que por mucho que me protegiera mi familia, siendo yo un niño todavía, tarde o temprano mi vida y situación, dependerían de mí. Mis padres no iban a estar siempre ahí y tarde o temprano tendría que sacarme las castañas.

Un ciudadano como yo, de clase media raspada, con el margen de maniobra justo que le permite su trabajo, no pierde el miedo a quedarse fuera… más bien, todo lo contrario. Pero yo como muchos otros, dependo de mí mismo y si me caigo, me tengo que levantar yo y buscarme la vida, independientemente de lo que me digan por la TV. De un problema, no me va a sacar ningún político, ni ningún régimen que me prometa que “me va a proteger”. Ese miedo te hace víctima, dejas de ser activo y pasas a recibir lo que te quieran dar.

A día de hoy, este miedo a estar fuera, se traduce al miedo a no encontrar trabajo. Muchos damos por hecho, sabemos, o somos ya plenamente conscientes, de que quedarse trabajando en una empresa “para toda la vida”, es algo que prácticamente no sucede. Ya no existe esa seguridad contractual, ni margen de maniobra legal o económico que lo recoja. Cada vez somos más, somos más viejos y eso poco a poco ha tenido que ir absorbiéndolo el mercado.

A los que no tienen una oposición, o no tienen una jubilación ya ganada, o no tienen la suerte de pertenecer a una cuna de privilegios, les toca calcular probabilidades, jugársela y necesariamente, ser competitivos para seguir vivos en el mercado laboral. Digamos en palabras sencillas, que les toca producir más de lo que consumen. Si fuésemos un país con una baja densidad de población, el problema del reparto de la riqueza sería menos complicado, y mucho más justo… pero para bien o para mal, en España respira todo pitxitxi.

No es fácil equilibrar esta balanza: lo que pueden producir unos pocos, deben disfrutarlo todos en la medida de sus necesidades, porque somos un país que cree en la justicia social. Si bien esta versión no es igual para todos, si todos entendemos que como ciudadanos tenemos unos derechos civiles que al menos, nos procuren un trato de convivencia y desarrollo, que garantice un estatus de bienestar y servicios mínimos. El caso, es que esto no es gratis, y tiene un coste. Y como somos pocos los que producimos, hay que calcular mucho para que todo, nos llegue a todos. Es lo justo.

TOTALITARISMO DE COLEGAS
La justicia y el equilibrio social, tienen costes concretos, que sostenemos todos aquellos que podemos contribuir con nuestro trabajo y con nuestros impuestos. Esto es algo fácil de ver y de entender. Cuantas más personas trabajan, más impuestos se generan, más bienes y servicios a disposición de los ciudadanos de un país. Esto es algo que puede entender hasta un niño, si se lo explican bien ¿correcto? Quien te diga que la riqueza se genera “sola” o “por ley” o no tiene ni puta idea, o cree en la magia, o simplemente te está tomando por gilipollas. El crecimiento no se crea, se trabaja.

Las ideas, están para trabajarlas y ponerlas en marcha. Las ideologías, que son otra cosa muy distinta, no producen: imponen normas y leyes que no tienen por qué respetar las dinámicas que necesitan las personas y los países para desarrollarse. Crean lobbies y élites sociales, destinados solamente aquellos que divulgan esas ideas. Pero estás dentro, o estás en contra. Las ideologías, convierten en enemigos a todos aquellos que no comulgan con su imposición.

Dicen que el papel lo aguanta todo, las palabras dichas… ya no te quiero ni contar, porque se las lleva el viento. A mis años, no me entra en la cabeza, que todavía existan personas mayores de edad, que de verdad crean en “la magia estatal” y en el discurso de imprimir billetes, para generar riqueza ¿de dónde sacan estos colegas el dinero si no es con trabajo propio o ajeno? No lo sé, a mí que me lo expliquen. En cuanto empiezas a trabajar, te das cuenta de lo que valen las cosas.

Cuando haces tu primera declaración de la renta, ya puedes estar seguro, de que eres población activa. Por eso creo, que quien habla de crear bienestar desde el papel, o no tiene muy claro lo que es trabajar, o no tiene muy claro lo que significa pagar impuestos.
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