EXTINCIÓN, ROBÓTICA Y MARKETING ONLINE

 Los humanoides que ya fabrican en Japón, aunque solamente se trate de prototipos y no se comercialicen (de momento) hacen que me rechinen los dientes. No por el hecho de su fabricación en sí, ni lo considero brujería, ni voy de inquisidor moderno. Lo que me aterra de estos engendros de la robótica, es la obsesión de sus inventores de darles rasgos humanos. Me vienen a la mente Los Sustitutos, Ex Machina, La Posibilidad de una Isla de Houellebecq, Yo Robot, Autómata, Inteligencia Artificial, etc. Mucho cine, si solo fuera cine…

El progreso tecnológico es algo que en teoría nos beneficia a todos. Digo en teoría, porque a la par que se optimizan los recursos, se gana velocidad en los procesos y se multiplican las posibilidades y el alcance de cada acción es maximizado, cada vez el nº de horas de trabajo humano es menor. Todo tras una interfaz que para el usuario se traduce en una búsqueda, un formulario y un botón “comprar” o “enviar”.

Ahora tienes una necesidad y lo primero que haces para suplirla, es buscar en Google o ir a Favoritos: vuelos baratos, buscar trabajo, una cita en una página de dating, un hotel, unas entradas, pareja, comprar ropa de tu marca preferida, una ruta para llegar más rápido desde tu casa hasta el lugar dónde has quedado, información de tu equipo de fútbol, hacer la compra online, el saldo de tu cuenta bancaria, hablar por chat, o las noticias políticas de los periódicos digitales que sueles seguir. Nada de esto, a día de hoy es novedad.

Intenta hacer un cómputo mental de todos los e-mails que te llegan a la bandeja de entrada, consecuencia de una compara anterior, de un login, de una suscripción… y te darás cuenta de que en la inmensa mayoría te llaman por tu nombre, y te venden o te proponen un producto que probablemente puedes comprar. Todo es tan fácil y te lleva tan poco tiempo consumir, que lo único que tienes que hacer es decir “sí” o “no”: lo demás está hecho.

PUEDES EXTINGUIRTE CÓMODAMENTE
No sé cuánto tiempo tardarán los avances de la robótica en llegar a las empresas fuera del uso industrial, en la que en los procesos de fabricación se encuentra ya implantada desde hace décadas. Me refiero a cuánto tiempo pasará, hasta que veamos a un robot andar por la calle. El día que eso ocurra, me largo. No sé a dónde, pero me largo. Si ya prácticamente quedamos reducidos a clientes por condición, eso ya sería el golpe de gracia que anunciaría, que ya ni si quiera somos necesarios para darle al botón “comprar” o “enviar”.

Necesariamente tarde o temprano, el dinero va a dejar de tener valor. No nos damos cuenta de ello, pero el dinero es algo que funciona porque las personas le dan un valor y lo cuantifica. Es un patrón que solamente nos sirve a nosotros. Pero si te das cuenta, si el factor humano se va eliminando poco a poco de las empresas, de los procesos, cuando todo está automatizado, cada vez habrá menos clientes que compren, porque cada vez habrá menos personas que trabajen. No nos damos cuenta, pero estamos poniendo piedra sobre piedra para nuestro propio apocalipsis.

Si bien ninguna especie conocida hasta la actualidad, se ha extinguido voluntariamente, la especie humana es la única que parece desearlo más o menos conscientemente, además hacerlo cómodamente y sin sufrimiento. A este paso queda que ya ni si quiera los niños, sean niños de verdad como David en Inteligencia Artificial de Spielberg. Y que tener un hijo sea un producto de consumo, si es que no lo es ya.

Y todo parece lejano, todo parece ciencia-ficción hasta que un día deja de serlo. La negación del instinto es tan fácil como darle a un botón para conseguir lo que se desea, no lo que se necesita. Nuestros derechos siguen escritos en papel, alejados de nuestra realidad verdadera, alejados de lo que somos. Se nos ha olvidado hace tiempo que somos animales, que estamos hechos de agua y de carbono, que nos afecta la luz de sol, la gravedad, el influjo lunar y que si bebemos agua, es porque antes tiene que llover. Nadie quiere morir.
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