¿POR QUÉ SIEMPRE DAMOS MÁS A QUIÉN MÁS TIENE?

 ¿Te imaginas levantarte una mañana cualquiera, mirarte al espejo y que veas reflejado al magnate (de ficción) Tony Stark? No creo que eso pase, a menos que te parezcas al actor Roby Downey JR. Si eso te pasara, quien dice Tony Stark, dice algún rostro famoso asociado a una imagen de éxito, tu vida se volvería de la noche a la mañana, increíblemente más fácil, hablando solo de la apariencia. Pero bueno, no somos el puto Iron Man ¿correcto?

Digo que la vida se nos volvería mucho más fácil, porque cuando eres guapo y tienes dinero y fama, el público, prácticamente de forma automática empieza a “trabajar para ti”. La sociedad, de forma febril y cuasi-natural, tiende a darle más al que más tiene: al que sale mejor en la foto, a quien habla desde una plataforma con espectadores o fans, al que es guapo o guapa y a quien a fin de cuentas, se le puede idealizar o admirar.

Somos así, nos quejamos muchas veces de que nos falta esto o lo otro, pero somos nosotros mismos los que adoramos ídolos a los cuales les entregamos, todo lo que tenemos. ¿Y qué tenemos? Nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestra voluntad… Cada uno da lo que tiene, en función de acercarse a la gloria o al éxito al que se quiere acercar. No es que seamos tontos y tontas y nos guste regalar al que más tiene. La cosa no va por ahí. Entonces ¿por qué lo hacemos?

Lo hacemos, porque a un nivel primario, y diría que casi inconsciente, queremos “comprar” esa apariencia, esa compañía, ese éxito… es la forma en la que los individuos pretenden igualarse en un aura de éxito. Los guapos y guapas tienen que esforzarse menos social y profesionalmente, los demás tendemos a hacerles la vida más cómoda ¿nunca te has preguntado por qué? ¿somos tan borregos?

Aquí tienes la razón: queremos tener a personas de éxito cerca, o que proyecten esa imagen de éxito y belleza, porque somos nosotros mismos, los que queremos que se identifiquen con nosotros y “nos suban el valor”. Aun así, no todo el monte es orégano, también existe la reacción contraria: lo que vulgarmente se llama envidia. Y la envidia, caso contrario al que “da para sentirse en igualdad” con esa persona de éxito, vendrá marcada por la escasez de recursos, al no poder competir por esa sensación de igualdad.

LA GENEROSIDAD NO ES GRATIS, PERO FUNCIONA

Hablo de sensaciones, pero verás que es propio de personas positivas una actitud generosa y de dar. Esa actitud no es que te regale el acceso al Olimpo, pero te enmarcará siempre en la abundancia. Al contrario, la negatividad siempre viene asociada a una carencia de recursos, por eso las personas que practican la envidia, tienen a bajar el valor a las personas que les rodean. Ya que no tienen medios o posibilidad de obtener nuevos recursos para mejorar, pretenden que nadie a su alrededor lo haga, de forma que no puedan competir.

Si lo explicamos así, es más fácil de entender ¿verdad? El por qué muchas veces somos las propias personas, las que marcamos el éxito de otras, simplemente por lo que nos hacen sentir. Si te das cuenta, lo podríamos llamar “marketing natural”. Y aunque suene egoísta o contradictorio, la generosidad, la actitud positiva y el dar a los demás, siempre es la mejor campaña de imagen que nos podemos dar para tener éxito.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
Publicar un comentario en la entrada