EL CIGARRO DE DESPUÉS

 Esa mañana no sonó el despertador, no tocaba. Me hubiera gustado prepararlo todo mejor, pero hubo que improvisar. No había hecho limpieza y la casa estaba un poco patas arriba. Aun así, parecía dar igual, la habitación se había convertido en un búnker del que parecía no querer moverse nadie. Debía ser temprano todavía, pero no había ningún reloj o móvil a la vista para mirar la hora. Mejor así…

Ella estaba dormida todavía, echa un cuatro bajo las sábanas. No quería despertarla, que descansara, que se sintiera a gusto. Era lo mejor. Ya no me volvería a dormir y quería ir al baño para asearme un poco, pero no quería moverme demasiado para no tambalear la cama. Con pies de gato me levanté y observé que ella se agitaba un poco. Pese a mis esfuerzos, se terminaría despertando -¿Qué hora es?- preguntó.

 Me hubiera hecho ilusión despertarla llevándole la bandeja, con café, zumo de naranja y unas tostadas con tomate, habiéndome cepillado los dientes y con un poco de colonia, pero… “son cosas del directo”. Los planes nunca son perfectos, al menos tan perfectos como uno siempre los pinta en la cabeza:

-No sé qué hora es, pero ya hay luz… igual no son ni las ocho-
-¿A dónde vas?-
-Pensaba ir al baño a asearme un poco y a hacer el desayuno-
-¿El desayuno?-
-Sí…-
-Anda, no seas tan romántico y ven aquí un rato-
-Vaya, me apetecía darte una sorpresa-
-Ya me la diste como me la tenías que dar-
-¿Ah sí?-
-Sí-
-Me alegro-
-Más me alegro yo guapo… ¿tienes tabaco?-
-Ahí justo, detrás de ti en la cómoda-
-No seas cagaprisas anda… siéntate un rato y echamos un cigarro-
-OK-

 Realmente me estaba meando, tenía que echar el primer pis mañanero y quería haberme aseado un poco por si entrábamos otra vez en faena, pero… Ella me alcanzó la cajetilla y nos encendimos dos cigarros. Lo malo de fumarse un piti por la mañana sin haberse cepillado uno los dientes, no solo es el muy mal aliento, sino que siempre le quita vigor a la famosa erección denominada “tienda de campaña”, pero bueno… era lo que tocaba.

-¿Tienes café?-
-Sí claro, y alguna cosilla más para hacerte un desayuno decente-
-Debería irme, pero se está a gusto aquí-
-¿Deberías irte?.
-Sí-
-Estate tranquila, no hay prisa ¿OK? A tu ritmo… hoy no hay que ir a trabajar-
-Es verdad, pero no quiero que te hagas ilusiones-
-¿Perdona?-
-Es que nunca me quedo-
-Tú tranquila, que intentaré no enamorarme desesperadamente de ti-
-Eso espero-

-¿Te pasa mucho?-
-Es que por la mañana… si es la primera vez que estoy con un tío, puedo sentirme muy incómoda-
-¿Siempre?-
-Depende-
-Bueno, entonces prefiero no preguntar-
-Oye, estos cigarros que fumas ¿de dónde los sacas?-
-Del estanco-
-Oye, pues están buenos-
-¿A qué sí?-
-¿Qué marca es? A ver…-
-No es por romper el encanto del momento… pero me estoy meando-
-Ve anda, ve-
-¿Tomas tostadas y zumo?-
-Si tienes y no te importa…-
-Servicio completo me llamaban-
-Será verdad-
-Pues sí, para qué te voy a mentir-
-Tío… eres raro de cojones, pero para bien-
-Lo tomaré como un cumplido- 

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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