CON Y SIN NOVIO: DA LO MISMO

 Las fronteras las ponen las personas: dinero, estatus, belleza, físico… están siempre ahí pero no son más que indicadores. La última palabra la tiene la persona, sí. Y si bien estamos hablando de nuestras amigas y compañeras y esas fronteras suelen ser típicas y tópicas, te puedo decir que “hay gente para todo”. Muchas veces lo único que hace falta, es intimidad y que nadie se entere. Lo dicho, con y sin novio, marido o cualquier otro tipo de mascota que cuelgue. Normalmente, la peor parte se la lleva el marido.

Conozco hombres que se afanan por dar la talla, única y exclusivamente motivados por mejorar su vida sexual. Cuando digo mejorar, quiero decir realmente emprender, porque hasta este momento es nula, escasa y desesperadamente necesitada. Esta necesidad de puertas para fuera, lo que ve el mercado, es que a este tipo “le pasa algo”. No es algo atractivo. En cambio, si esta misma situación es vivida por una mujer, se le achaca a que es fruto de su libre opción y socialmente, está muy bien vista.

Lo único que tengo que decirle a los lectores masculinos, es que dejen de perder el tiempo, tratando de “adaptarse”. Ellas no lo hacen. No os carguéis vosotros con esa carga social por ambos sexos, cuando lo único que queréis hacer es satisfacer una necesidad, dos o tres. No seáis miedosos, en este sentido no se gana nada compitiendo “dejándose barba”. En el momento en el que dejes de “correr detrás del balón” podrás tener la visión completa del juego.

ES ELLA QUIEN TE PONE LA FRONTERA, NO SU SITUACIÓN
Cuando por fin entiendas que en cuestión de sexo y relaciones, la única frontera es la que tú aceptes y te quieran imponer, todo tu afán por competir y por hacer el capullo con el resto de galgos que van detrás de la misma libre, debería desaparecer por completo. Porque sí, esforzándote como te esfuerzas no haciéndolo por ti y para ti, si no para que todas lo vean y se fijen en ti, te coloca en esa posición: sumisión y servilismo.

Y lo que es peor, con esa actitud lo único que consigues es crear un exceso de demanda, provocando que hasta la última de la fila, se sobrevalore muy por encima de su “precio real de compra”, si es que lo tiene. Cuando seas consciente que quien regula este mercado, es “el que paga”, o sea tú, te pensarás muy mucho el continuar compitiendo poniéndote a la fila junto con toda la hilera de hombres, que una vez más no han sabido interpretar las necesidades femeninas.

Es más fácil de lo que parece, o acaso ¿nunca has percibido el inconformismo natural que existe en toda mujer? ¿de verdad te has planteado completar todas las casillas de su puzle de necesidades con el fin de conseguirla? Da igual lo que ofertes, porque siempre puede venir alguien que oferte más que tú. Y lo que es peor, al “intentar comprar” ya estás asumiendo que pagas, convirtiendo a la mujer en un objeto, que hace que te creas “con derecho a” cuando esa frontera no te pertenece. Deja de hacer el tonto.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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