¿TE ATREVERÁS A HACER LO NECESARIO?

 Cuando se está en política, o en un contexto público, o en una posición social de responsabilidad, hay que tener cuidado con lo que se dice y con lo que se hace. Teniendo en cuenta que cada uno en su casa “hace y dice lo que quiere”, cuando se tiene una responsabilidad pública, esto no es así al menos en apariencia. La libertad de expresión, es más bien un don divino o virtual. De hecho, cualquier taxista en una conversación mañanera con cualquiera de sus clientes, goza de un margen de maniobra mucho más amplio que cualquier político con una cámara delante.

¿Qué importa más? Entre palabras y hechos, creo que es obvio lo que acaba pesando: la realidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver, y quienes desprecian los hechos en pro de las palabras o de lo que cabe en un papel, suelen creerse mejores que los demás para decirnos a todos lo que tenemos que hacer, pensar o creer según sus propios esquemas absoluta, completa y nefastamente inservibles en la vida real de las personas de carne y hueso.

Pero espera, poniendo ejemplos claros: un policía en acción en el desempeño de su trabajo, no puede permitirse el lujo de ser políticamente correcto, un médico tampoco, ni un bombero, ni un militar o una matrona durante un parto y menos un cirujano ¿por qué? Porque cualquier duda o cualquier acción que se lleve a cabo estas profesiones, y que no se ajuste a la realidad estricta de lo que está pasando, podría hacer que se perdieran vidas humanas. Todos estos profesionales, hacen lo que tienen que hacer.

Con esta frase en concreto: hacer lo que hay que hacer, más de uno y más de una se echa hoy en día las manos a la cabeza ¿por qué? Implica determinación, implica acción e implica que no te puedes quedar pensando ni consensuando a la espera del acuerdo de una mayoría, si el problema o conflicto, o situación en cuestión es extremo, es grave, o es a vida o muerte. Una cirujana en un quirófano, no puede ni debe esperar al consenso de la mayoría de la sala para abrir brecha en la piel y hacer su trabajo.

¿Te imaginas? Tienen que extirpar un tumor o el paciente se muere en un mes, y en la sala de operaciones hay ideólogos debatiendo entre si deben abrir de una manera u otra, por ejemplo “para no dejar cicatriz”. Y mientas tanto el paciente, esperando a que alguien le saque el tumor que le está matando y consumiendo, poco a poco y día tras día, aguardando que todo un comité de pensadores, autorice o no a quien debe operar, a si debe abrir o no, por aquello de “cómo va a quedar después el paciente”. Pues bueno, si se lo piensan mucho, el paciente se muere, pero a todos les ha quedado bien claro cómo habría que abrir o cómo proceder para no dejar cicatriz.

LAS CICATRICES AYUDAN A NO OLVIDAR
Esta es la tiranía de lo políticamente correcto: la que hace que la realidad de una situación pase a un segundo plano. La que nos dice que lo único que se puede hacer es guardar un minuto de silencio como acto simbólico. La que impide poner sobre la mesa lo que pasa realmente en la calle, en las casas, en las familias, en las parejas, en los trabajos, o en los conflictos bélicos… lo que les pasa a las personas de carne y hueso. La misma tiranía que nos condena a no actuar, la que hace que la indecisión y la falta de determinación reinen, mientras los problemas o tumores crecen, engordan, se hacen fuertes y terminen por matar al paciente por absoluta inacción.

Se nos olvida muy a menudo que vivimos en una burbuja llamada Occidente, que no es ni la cuarta parte, ni la quinta si quiera de la población mundial, que vive de otra manera muy distinta a nosotros sin tanta preocupación por lo superficial, ni por las emociones que generen o dejen de generar nuestras decisiones. Se nos olvida, que el ser humano es un animal: un mamífero social omnívoro y me atrevería a decir que hasta gregario, por lo de borrego.

Se nos olvida que en los modelos que vemos reflejados en la naturaleza, no hay opción al debate, cuando hay que hacer algo necesario. O se nos olvida, o no queremos reconocer lo que somos, porque si sabemos lo que somos quizás no nos guste y prefiramos “sentirnos mejor” concentrándonos en una plaza para darnos abrazos, hacer un concierto homenaje o levantar pancartas de repulsa. Mientras tanto, el tumor crece y el instinto sigue jugando libremente en B. Y ahora ¿qué hacemos? A estas alturas ¿sigues creyendo que hay que ser políticamente correcto?

Quien practica y ejerce la violencia, venga de donde venga no se queda a escuchar las quejas y reclamaciones pacíficas, cívicas, consensuadas y políticamente correctas, no… no lo hace. No se le puede pedir que se adapte a tu tablero de juego, no se le puede tratar como si tuviera entendederas para entenderlo. No nos terminamos por enterar que ni si quiera habla nuestro mismo idioma. Aquí estamos protegidos, y se nos olvida que esto es la puta jungla, preferimos guardar un minuto de silencio para no equivocarnos en la determinación y en la acción.

Un ser humano concebido en sociedad, no está diseñado ni para la guerra, ni para la violencia ¿o sí? ¿será que es imposible despreciar el instinto? Algunos lo llaman “miedo”, pero miedo ¿de quién? Actuar con raciocinio es una opción, una libre opción. Actuar según el instinto no lo es, por mucho papel y leyes que lo escriban. Puedes moderarlo más o menos pero siempre termina por aparecer ¿vamos a seguir mirando hacia otro lado mientras la bestia se manifiesta una y otra vez ante nuestras buenas palabras? Mientras sigamos ignorando y despreciando la verdadera naturaleza humana, seguiremos siendo borregos como pasto a los lobos.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
Publicar un comentario en la entrada