NO ESTAMOS AQUÍ PARA PERDER EL TIEMPO

 Hay cosas que por mucho que creas que sepas y dominas, con el tiempo y a largo plazo, te das cuenta que se trata de meras rachas. ¿De qué te hablo? Pues de lo de siempre, hombre… de lo de siempre ¿de qué te voy a hablar si no? A estas alturas de la película, me hace mucha gracia cuando escucho o me cuentan, que tal o que cual, domina tal o domina cual. Básicamente, mi reacción es el descojone si estoy en confianza, o un silencio correcto y educado si en la mesa hay personas que creen saberlo todo: básicamente, dejo hablar y escucho.

Si hay algo que he aprendido, es que el postureo es algo que aparte de alimentar el ego, a la hora de la verdad sirve bastante para nada. Y que si le atraes a alguna mujer en concreto, muy pocas veces será por aquello por lo que tú crees que la atraes. Lo dicho, esto es un sindios y no seré yo quien venga aquí a innovar ¿sabes por qué? Porque entre hombres y mujeres, lleva ya estando todo escrito desde aquel momento en el que apareció una diferenciación cromosómica. Tan simple como eso.

Cuando vivimos rodeados de comodidades (aunque nos quejemos de que son pocas) y a un nivel real de necesidades básicas estamos satisfechos (irse de vacaciones no es una necesidad básica), cualquier pequeñez nos parece un mundo. Esto pasa entre otras cosas, porque tenemos tiempo para pensar en lo que nos falta… vamos, que tenemos tiempo para pensar. Creo que se me entiende, no tenemos que luchar a un nivel físico por nuestra propia supervivencia: no estamos en guerra.

Esto hace por ejemplo, que la verticalidad natural del instinto se pierda y se den vueltas y vueltas, para lo que en una situación o época de peligro o sin tanta seguridad, no nos planteáramos ni un segundo de duda. Por eso me hace gracia, cuando escucho a alguien teorizar acerca de cómo se deben hacer las cosas en cuanto a relaciones hombre-mujer. A fin de cuentas, no es más que postureo: o de ella, o de él… pero postureo, que aquí no hay vidas en juego. Se nos olvida a menudo que somos animalitos, es algo que te recuerdo a menudo ¿verdad? Esto ya no son dibujos animados.

Se nos olvida, o mejor dicho no pensamos, o no nos paramos a pensar en que probablemente, estemos aquí por casualidad y que el universo es demasiado grande como para que nos creamos que somos tan importantes como nos creemos. Por eso mismo nos da tiempo a pensar, porque nos creemos que tenemos ese tiempo y que podemos disponer de él pensando que nunca se acabará. Ya sabemos que esto no es así, realmente lo sabemos en concepto, pero pocas veces nos paramos a pensar de verdad, en que ese tiempo es limitado.

¿DE VERDAD TE VES CON MARGEN PARA PENSÁRTELO?

Pensar, pensar… demasiado pensar. Mientras tanto hay una mujer a la que te gustaría hacer feliz, o ser feliz con ella. Aunque solo sea una ilusión, aunque solo dure un día o un mes. Y mientras tanto, pensando qué vas a hacer o decir, o dejar de hacer, porque te ves con tiempo ¿qué tiempo? Si te das cuenta, el tiempo es el único medio que no se puede comprar en una tienda, o encerrar en un volumen cerrado para poder clasificarlo, acotarlo, venderlo o comprarlo.

El tiempo corre independientemente de lo guapo o feo que seas, de que tengas dinero o no: el tiempo corre para todos por igual. Por eso mismo, me doy cuenta que no merece tanto la pena el cómo, sino más bien el qué ¿lo ves? Esto te lo dice el rey de las perogrulladas más básicas que existen, alguien quien no ha inventado nada nuevo por estar ya todo expuesto sobre la mesa, antes de que nacieras tú, yo, mi padre o el tuyo. También te diré que no puedo evitar pensar en ella mientras te escribo estas líneas.

Cuando muchas veces los tíos nos decimos a nosotros mismos aquello de “hago lo puedo”, en el fondo de nuestras almas sabemos que siempre se puede hacer más. Y no me voy a poner a comparar con qué o cuánto nos den ellas, no… No voy por ahí. No estoy midiendo amores, ni estoy midiendo esfuerzos: toda esa mierda a la hora de la verdad importa bastante poco, o mejor dicho ¡no importa nada! Lo único que sí realmente importa, es si has hecho lo que realmente tenías que hacer. El cosmos, en toda su inmensidad no te va a preguntar otra cosa cuando te disuelvas en él.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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