CUANDO EL MATRIARCADO ES QUIEN OPRIME Y NO TE DEJA NI ABRIR LA BOCA

 Así es y me pondrá a parir más de una ¿sabes por qué? Porque cuando el feminismo se encuentra institucionalizado de forma endémica, no es posible la libertad de expresión, porque todo lo que se quiera decir o publicar en referencia a una igualdad real cuando y solamente cuando es alegado por un varón, como por ejemplo yo, es de inmediato tachado como una agresión machista. Da igual lo que diga, porque si lo digo yo será calificado como una agresión machista, un micromachismo, machismo, violencia de género, o cualquier calificativo que se le ocurra a las que forman parte del lobby feminista y que tienen cogidos “por los huevos” y nunca mejor dicho, a los partidos políticos.

Da igual de lo que un varón alegue, diga, enuncie o exprese: da exactamente igual porque la falta no está en la realidad o veracidad de lo que diga, sino en que lo dice un hombre. Si un varón declara, enuncia o alega que existe o puede existir violencia de género de una mujer hacia un hombre (y sí, lo estás leyendo bien) y se queja de la indefensión que sigue teniendo el varón hoy en día ante este tipo de agresión, que existe y la hay, de inmediato se le tacha de agresor, porque esto es inconcebible según el patrón (o matrón, mejor dicho) de la medida que hoy en día se encuentra absolutamente institucionalizada.

¿Por qué? Lo primero de lo que te van a acusar, es de que te estás olvidando de las mujeres que han muerto a manos de sus parejas, cuando esto es rotunda, absoluta, grave y nefastamente falso. Lo segundo, es que ni siquiera como hombre puedes alegar que estés sufriendo violencia de género, porque este delito solo se recoge legalmente del hombre hacia la mujer, pero no es un delito reconocido simétrico. ¿Sabes una cosa? Si una mujer te machaca la cabeza con un ladrillo en el ámbito doméstico, por considerarlo oportuno en ese momento, después de hacerlo puede denunciarte por violencia de género.

Y tú, mientras estás muerto o medio muerto, o como estés, enseguida entras en el protocolo de actuación. Te diré que quedes como quedes, a ella en ningún caso la van a pasar por el filtro de la violencia de género: en ninguno, básicamente porque no lo recoge la ley. Lo llamarán de otra forma, pero a ella no la van a juzgar por esa vía, y todavía espérate tú, que no tengas que cumplir el protocolo estando en coma en un hospital, porque es así. Si dices esto en voz alta, o tratas de expresarlo porque no existe refugio o derecho para el varón que sufre una agresión tal, pueden pasar tres cosas:

La primera, es que te van a callar la boca, diciendo que no tienes derecho a expresar la injusticia que estás experimentando, porque mueren más mujeres que hombres en el ámbito doméstico a manos de sus parejas. Esto es así y por eso este mal no existe (legalmente) de la mujer hacia el hombre. Y aunque exista, el que sufre ella “es más grande” en las estadísticas (filtradas) y por eso no tienes derecho a decir ni mu, porque si lo dices, eres lo de antes: un agresor, un machista, un defensor de los maltratadores, etc. Y te pondrán en la cara la última estadística publicada para que te calles. Porque eso es lo que pasará: querrán hacerte callar, sin mirar hacia los lados; lo harán en grupo, en voz alta y en acción coordinada, a ser posible de forma pública, acusándote a ti de ser un agresor.

Lo segundo, es encontrarse con personas que te ignoren, que pasen de lo que estás expresando por no mancharse, por no complicarse la vida, o por miedo a recibir el mismo rechazo público que hayas podido experimentar. Te dirán que lo dejes, que no merece la pena, que pases página, que te olvides, que solo te vas a buscar problemas, que no te ha pasado nada, que ¿de qué te quejas? que no des la brasa, que les dejes en paz, y que “si eres un hombre” no puedes reclamar porque no tienes derecho. Vuelven a decirte que te calles, pero sin obligarte activamente, más bien de una forma pasiva y resbaladiza, fingiendo que no tu casuística no existe.

Lo tercero, es encontrarse con personas muy contadas que en petit comité y sin que nadie les oiga, empatizarán contigo, reconocerán que dices la verdad, se encogerán de hombros y pondrán paños calientes en la conversación. Insisto: en voz baja y sin que nadie les vea o les oiga. ¿Sabes qué pasa? Que si denuncias esta discriminación legal que sufre el varón, por ejemplo en las rrss, o te da por escribir sobre ello o por denunciarlo, directamente pasas a ser un proscrito. Públicamente, no tienes derecho a pedir igualdad real, porque eres un hombre.

ESTO TIENE QUE CAMBIAR, 
POR UNA IGUALDAD REAL

Porque una igualdad real no es lo que está imponiendo el lobby feminista: no lo es, porque es unidireccional, opresivo y represivo. Porque si eres hombre, se te discrimina ante la justicia y no se te reconoce el papel de víctima aunque se te agreda o discrimine, porque no puedes sufrir violencia de género por condición. Da igual lo grande que pinten la pancarta, mientras solamente se condene al varón  por un HECHO que sucede, se da, ocurre y pasa en las dos direcciones, no habrá una igualdad de derechos. Y mientras solamente se redacten textos que condenen al varón exonerando moralmente a la mujer haga lo que haga, no habrá igualdad, ni corresponsablidad entre hombres y mujeres, ni justicia.

Te acusarán de justificar el maltrato y la violencia cuando eso es mentira, te acusarán de que te olvidas de las víctimas tachándote de agresor, cuando eso también es mentira. La falta absoluta de autocrítica y radicalización desde el odio del feminismo institucionalizado, hace que no podamos expresarnos con libertad, ni sentido común, ni raciocinio, ni desde la realidad. Esta censura ideológica es diga de una dictadura en la que se nos discrimina de forma pasiva y también de forma activa por llevar un pene entre las piernas. No se nos permite expresarnos y más, cuando abiertamente ya este lobby pretende instaurar de forma totalitaria en las leyes, en la política y en los medios de comunicación todos sus filtros e influencia para tarificarlo absolutamente todo. No existe actitud ni comportamiento más violento, que ser “políticamente correcto”. Eso sí que es violencia invisible y más violento es aún callarse y consentir en silencio.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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