EL REPROCHE NO ES SEXY

 Y mira que suele ser un impulso natural, o casi natural. También podría decirse que es fácil e inmediato. El reproche sería el equivalente en el lenguaje verbal a un contraataque en una pelea. No voy a decir que es insano, aunque estoy seguro que un cortejo abundante de gurús de la mal llamada autoayuda, puestos en fila y ordenados por orden alfabético, alegarían gustosos en una conferencia, que emplear el reproche es al menos “mal karma”.

Yo no digo que sea malo, pero cuando recibes un reproche puedes estar seguro de que la has cagado. No quiero dar a entender que sea justificado, solo quiero decir que cuando te echan un reproche encima, da igual lo que hagas o dejes de hacer después, no te lo sueltan para arreglar una situación… te lo echan encima para hacerte polvo.

Los maridos y los novios, son expertos en recibir reproches. Si existiera una estadística regulada, calculo a ojo de buen cubero, que el 85% de los reproches son lanzados a escala mundial por parte de novias y esposas, y el 15% restante se reparte entre hombres despechados, jefes en el trabajo y algún que otro despistado que cree que así la que lo reciba de su parte, va a “reflexionar en lo nuestro”.

Decir que el uso del reproche depende del género, sería una soberana soplapollez; pero si tuviera que calificarlo de alguna manera, me atrevería a tacharlo de femenino. Y no porque tenga fama de ser usado por más mujeres que hombres (he dicho fama ¡ojo!), sino porque bien hecho y con rotundidad en lo más puro del concepto, suelen emplearlo mejor ellas que ellos.

SI ELLA TE LANZA UN 
REPROCHE, ESTÁS MUERTO
Quiero decir, que ya da igual lo que hagas o dejes de hacer, cualquier cosa que digas o hagas en base a un reproche, después de que tu novia o tu mujer te lo haya soltado, tiene puntuación cero o negativa en la escala de puntuación. Ya poco se puede hacer, o nada si ha caído sobre la mesa. Erróneamente, puedes pensar que todavía hay solución si actúas en base a lo que te han dicho y que te pesa en la conciencia… pues no.

Es algo que he visto mil veces: hombre haciendo sus cosas, o lo que tenga que hacer, o lo que no tenga que hacer, o cometiendo errores y descuidos, que recibe un reproche en base a una carencia, a una falta de atención, a una promesa no cumplida, o a cualquier necesidad que ella sienta insatisfecha. Recibe “la receta” y modifica su conducta, exactamente en base a lo que se le está reclamando.

Después de esto, vemos relaciones a la deriva y cayendo en picado. Básicamente, porque aceptamos una agresión como información útil cuando no lo es. El objetivo del reproche no es hacer que un reclamo se materialice en la realidad, sino es lanzarte una losa para que no te levantes empleando la culpa, dando a entender que ya no hay remedio y que la responsabilidad del fallo es tuya.

Y por más que hagas o digas después, nunca será suficiente. Vamos, en resumen: quien te lanza un reproche, hace ya un tiempo que ha dejado de quererte. Vete de ahí, antes de que se hunda el barco y te pille dentro. También puedes fingir como que no lo has oído y seguir viviendo tu vida; pero desde luego lo que nunca debes hacer, es reaccionar en base al mismo.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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