EL AMOR YA NO ES CIEGO, ES SORDO

No es ciego, pero creo que a día de hoy sigue siendo sordo porque solo atiende a lo que le interesa ¿verdad? Intenta convencer a un hombre enamorado y sacarle esa idea de la cabeza: verás que es imposible. Si te digo que ya no es ciego, es porque en la era que nos ha tocado vivir, pocas cosas son las que no entran por la vista.

Si te das cuenta, todo empieza siempre con una mirada o por una palabra, el resto son solo las consecuencias de esa inyección de motivación, que nos ha provocado esa otra persona para que deseemos que no nos falte. Otra ciega por costumbre es la señora Justicia, o eso dicen… que es la misma para todos. Amor y Justicia, una extraña pareja que no se suele dar conjuntamente, a pesar de que a cada cual en su momento se le acuse de ceguera.

Y aunque parezca que estos dos, por ser buenos y recomendables para todo hijo de vecino hacen buena pareja, rara vez Amor y Justicia tienen algo que ver el uno con la otra o al revés. Pocas veces salen juntos en la misma postal. Esto es algo que te van enseñando las experiencias: Amor y Justicia se quieren, pero se suelen poner los cuernos mutuamente con la realidad, que siempre se mete por el medio.

He dudado mucho antes de escribirte estas líneas, por no estar seguro de que te fueran a servir, pero al final he optado por hacerlo. Quizás estas palabras sean más necesarias para mí que para ti. Aun así confío que algo de provecho sacarás. La Realidad siempre se impone entre dos personas, si esto fuera una película sería más fácil, porque sabríamos que pasara lo que pasara terminaría bien, pero no es así.

¿Y QUÉ NOMBRE LE PONEMOS CUANDO SALE BIEN? 
A pesar de lo que nos pase, de lo que podamos ver y oír, o de lo que te pueda contar yo, Amor y Justicia se quieren… y se quieren mucho. No siempre pueden estar juntos, pero cuando lo consiguen, hacen que todo lo ocurrido hasta ese momento haya valido la pena. Porque sí, porque también se encuentran de vez en cuando y coinciden, y hacen que en este mundo, haya momentos en los que a más de uno, nos gustaría parar el reloj y hacer que se detuviera el tiempo.

¿Amor quizás? No hace falta, porque con que haya uno de los dos que quiera, el Amor ya se hace presente. Lo llamaría Reciprocidad, que igual no es una palabra tan brillante, o tan bonita o tan musical… pero cuando existe reciprocidad entre un hombre y una mujer, poco más hay que aclarar porque entonces y solo entonces dos personas por fin se han entendido sin necesidad de más condiciones.

No te hablo de correspondencia, esta palabra siempre me ha sonado a comercio y a intercambio. ¿Qué quizás la hay? ¿Qué seguro la habrá? Claro, como se da en tantas otras partes. Vivir sin intercambio nunca ha sido posible. Pero la Reciprocidad es distinta, porque implica dar sin que te lo pidan, y recibir lo que el otro te puede dar. Algo tan sencillo y que a veces parece tan imposible, también se da.

Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco está escrito en ninguna parte que sea imposible. Y si no es imposible, es posible… y entonces puede pasar. Parece una secuencia de simplezas y obviedades, pero creo que quizás por eso mismo, nos cuesta tanto creer que necesitemos tan poco para ser felices. No dije eternamente, dije simplemente felices.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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