LIBERTAD DE EXPRESIÓN PARA TOD@S MENOS PARA EL VARON HETEROSEXUAL

 Primero pensé que era una de tantas chorradas que se publican en las redes sociales, que se trataba de una broma, o de una exageración buscada para que un titular llame la atención por encima de los demás. Una rubia de ojos azules a la que no llamaré por su nombre, ni mucho menos piropearé, sale en las noticias diciendo que "El piropo supone una invasión de la intimidad de la mujer y debe erradicarse". Por supuesto, no hace mención alguna acerca de la que se sería la actitud recíproca o contraria: un piropo de una mujer hacia un hombre. Se trata como siempre de la misma mierda: criminalizar y tachar de violento, cualquier gesto de un hombre hacia una mujer, convirtiéndolo en motivo y causa de condena.

La rubia de ojos azules que ha soltado esta perla, no es cualquier rubia. No es cualquier mujer. No es una vecina cualquiera que le haga este comentario en privado a una amiga. Esta rubia de ojos azules, ostenta un cargo público jurado y se permite realizar esta sentencia, siendo la presidenta del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Así que no, no es “cualquier tipa”. Se trata de una responsable y gestora de un organismo público y esto es lo que realmente me preocupa.

Me preocupa que el feminismo institucionalizado que todo lo interviene, tenga poder sobre la libertad de expresión de las personas, en este caso de nosotros: porque aunque a esta señora que insisto, ostenta un cargo público jurado se le olvide, los hombres, los varones, los XY, los machos de la especie humana o como nos queramos llamar, también somos personas igual que ella y su comparsa. Y una vez más como viene siendo norma y costumbre de este feminismo institucionalizado tóxicamente, se nos apunta con el dedo y se nos juzga solo a los hombres.

Esta rubia de ojos azules, me está diciendo que no puedo decirle a una amiga, a una compañera, a una novia o a una mujer cualquiera (incluso a mi propia madre o hermana o prima) que un día esté especialmente guapa o hacerle un comentario acerca de lo que percibo de ella en un determinado momento. Me está diciendo que si lo hago, estoy invadiendo su intimidad y que estoy ejerciendo “violencia invisible” contra ella. En cambio, esta rubia de ojos azules sí se ve con derecho y con poder de intervenir en mi vida privada, para decirme o dejarme de decir lo que puedo y no puedo decirle a una mujer: es mi vida privada señora, que no se le olvide ni por un momento.

ELLA EN CAMBIO PUEDE 

DECIR LO QUE QUIERA

 Lo que me está diciendo desde su pedestal público, es lo que yo puedo o no puedo decirle a una mujer. A esta rubia de ojos azules, se le olvida que ni ella, ni nadie tienen derecho a meterse en mi vida privada y mucho menos a coartar mi libertad de expresión. Porque claro, parece que si hablamos del varón, se le puede hacer y decir de todo con total impunidad: no pasa nada. Se trata solamente de decirnos una vez más, que el varón no tiene derecho a nada, ni si quiera a hablar o expresarse hacia  a una mujer. Como varones, solo tenemos un derecho: pagar por todo y responsabilizarnos de todo. Se nos manda callar, se nos prohíbe comunicarnos de forma natural hacia la mujer. Se nos está diciendo que un halago hacia una mujer es violencia.

A estas alturas yo me pregunto ¿qué acto o palabra por parte del varón hacia una mujer según estas feministas institucionalizadas y sostenidas por los poderes públicos, no constituye violencia? La respuesta es ninguna ¿sabes por qué? Porque no se juzga ni el acto ni la palabra, lo que se juzga es la naturaleza y el origen de quien proviene. Se trata de juzgar al varón por el mero hecho de ser y haber nacido varón. Es así de simple: si tienes pene, hagas lo que hagas y digas lo que digas eres culpable y no tienes derecho a nada: ni si quiera a expresarte.

COMO HOMBRE ¿QUÉ PUEDES

 HACER? ¿QUÉ PUEDES DECIR?

Como se trata de una discriminación hacia el varón impuesta desde las propias instituciones, absolutamente nada. Como hombres, no podemos defendernos ni tenemos elementos de recurso, ni protección ante esta acusación que se emite directamente desde las instituciones por el mero hecho de expresarnos. Básicamente, lo que se nos dice es que nos callemos, que no hagamos nada, que no nos expresemos y que estemos quietos y sentados hasta que venga alguien a darnos una orden de pago, porque para eso por lo visto sí que valemos. Para pagar.

De todas formas esta rubia de ojos azules y su comparsa, así como todo el colectivo feminista institucionalizado, no solamente pretende coartar y eliminar cualquier expresión o atisbo masculino en el ámbito social, laboral o privado, si no también imperar doctrina hacia el resto de las mujeres, diciéndoles cómo se deben sentir y como deben recibir una expresión tan natural como un halago o un piropo. Desde su atrio feminista sostenido con mis impuestos y los tuyos, le dicen a la mujer: si recibes un piropo, estás siendo maltratada.

Es más que grave, es fascismo totalitario, es manipulación social, es meterse dentro de cada casa, de cada relación, de cada interacción hombre-mujer, en la que lo último que ha dejado de respetarse no es ya nuestra libertad de expresión, o nuestra libertad afectiva como hombres, sino que además privan a la mujer de su propia libertad a la hora de decidir si recibir como buena, mala, regular o indiferente una expresión de un hombre hacia una mujer, calificándola directamente como “violencia invisible”, convirtiendo a la mujer en víctima, por el mero hecho de ser mujer.

Esto es lo único que se está consiguiendo: si el varón de por sí es agresor por el simple hecho de comunicarse y expresarse, la mujer es víctima simplemente porque pasaba por allí. Y si todas las mujeres han sido víctimas en algún momento de su vida por haber recibido un piropo o un halago, eso nos convierte a todos en agresores. Ya no somos ni hombres ni mujeres, somos agresores y víctimas. Lo próximo ¿qué será? Pues al paso que vamos, no me extrañaría que ni si quiera pudiésemos como hombres mirar si quiera  a una mujer, porque quizás eso fuera “violencia visual”. O simplemente hablar con una, o quizás ni si quiera compartir el mismo espacio, ni sentarte al lado de una mujer en un avión porque eso podría ser acoso sexual.

¿Esta rubia de ojos azules a la que no llamaré por su nombre nos va a meter a todos los hombres en un ghetto como hacían los alemanes nazis con los judíos en Polonía? ¿nos van a obligar dentro de unos años a vivir en barrios para hombres y barrios para mujeres? A este paso vamos. Si como hombre tengo que pagar por condición, no quiero que mis impuestos sufraguen el sueldo de esta señora, por llamarla de alguna manera, que me dice que no puedo expresar lo que siento hacia una mujer porque soy un hombre ¿yo le pago el sueldo a esa rubia de ojos azules? ¿y tú también? Quizás lo que debiéramos hacer es dejar de pagar.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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