CÓMO SER UN HOMBRE Y NO MORIR EN EL INTENTO

 Y no, no es una película, ni una comedia, ni el título de un libro de auto-ayuda escrito por algún gordito barbudo que hace tiempo que no se la ve cuando mea (ni la usa) o por una menopáusica de las que siguen abogando por modelos masculinos asexuados. Básicamente te puedo decir, que no se puede ser hombre sin morir en el intento. Prefiero decírtelo con antelación: si eres hombre, acabarás entregándolo todo hasta quedarte sin nada ¿a que no te gusta? Pues es lo que hay.

No puede llamarse uno hombre sin pasar por el desgaste, sin que te consuman, sin que tarde o temprano entregues tu tiempo, voluntad y esfuerzo a alguna causa, empresa, lucha, familia o misión que te reclame por resultar necesario. No sé si te lo han dicho alguna vez: el hombre es un ser necesario. No creo que veas esto muy a menudo, quizás nunca te lo hayan dicho antes: si eres hombre, eres necesario. Supongo que te resultará extraño, y más cuando parece que no es la mejor época para la imagen pública del varón heterosexual medio.

Yo fui de esos niños que vieron Superman (1978) cuando eran pequeños y quisieron ser como él. A día de hoy, el niño que llevo dentro a pesar de mi histórico y mis treinta y tantos, todavía quiere ser como Superman, a mi entender el único súper héroe verdadero y por excelencia ¿por qué? Simplemente, porque es perfecto y su voluntad de entrega a los demás siempre ha estado por encima de todo. Pudiendo ser cualquier cosa, eligió entregarse y ponerse al servicio de la humanidad. Es un personaje de cómic ¿y qué? Lo importante es su idea y lo que representa.

La ventaja que tendría Superman si existiera frente al resto de hombres, es que no se desgasta. Los hombres normales como tú y como yo, sí sufrimos este desgaste, porque se nos valora en función de lo que somos capaces de dar y de entregar. Miento, no es que se nos valore… es que ese desgaste se da por hecho por condición. Si te doy a entender que se nos valora por ello, vas a ir corriendo a regalarte a la primera que pase ¿a que sí? Si lo estás deseando ¿o no? Entonces te llamarán poco-hombre, inmaduro, cobarde, etc. etc.

Pero espera antes de salir corriendo por la puerta, para entregarte al mundo “a lo loco” ¿cuántas veces te he dicho que antes de nada pienses primero en ti? Parece que esto se contradice con la definición de hombre en base a la entrega. Pues no, se nos olvida algo muy importante: vocación, que es aquello para lo que tú y solo tú te sientes llamado. Ahí está la diferencia entre Superman y un hombre casado, miedoso, gobernado por compromisos, hipotecado hasta las cejas y frustrado por no poder hacer para los restos, todo lo que hubiera deseado como proyección de sí mismo.

TU VOCACIÓN ES AQUELLO 

QUE TE DEFINE

 Claro, si estás casado e hipotecado, me dirás que esa fue tu vocación desde siempre, no la de Superman ¿verdad? ¡qué maduro eres! Está tu mujer delante ¿verdad? Lo suponía ¿qué me vas a decir si no te queda otra? Te entiendo, aunque no te lo creas, te entiendo. Tomaste una decisión y ahora no te queda otra que arrear: eso, o la ruina. Tienes que justificarlo, si no… vaya mierda de vida; pero no te preocupes, todos nos justificamos constantemente. Yo también lo hago, solo que cuando te escribo, es como si pensara en voz alta.

Un hombre verdadero, no se deja consumir y desgastar en cualquier tarea tal y como le dicta el mercado. Se consume: sí. Se desgasta: si, por supuesto porque si no, no sería hombre. La diferencia entre uno (Superman) y otro (el hipotecado, por ponerle nombre), es que uno ha elegido seguir el camino de su vocación y ha decidido invertir su tiempo, voluntad y esfuerzo en esa vocación, consumiéndose y desgastándose con ella. Y el otro, se ha dejado consumir y desgastar a demanda de mercado, dejando que otros elijan por él.

¿Quién puede llamarse hombre? Aquel que ha tenido el valor de entregarse a su vocación. Ni más, ni menos. Para los que nunca seremos tan fuertes y tan perfectos como Superman, no nos queda otra que enfrentarnos a nuestros miedos y a nuestros demonios. Pero bueno, ni si quiera él está exento de punto débil ¿eso significa consuelo? No te diré que sí, porque te rendirías a tu propia complacencia y seguirías justificándote (exacto, como el casado que solo se habla al cuello de la camisa). Nuestra kriptonita es dejarnos llevar y no elegir, dejarse llevar siempre es más fácil.

Y si bien no todos estamos llamados a “salvar el mundo”, cada uno dentro de sus deseos y conciencia, sabe muy bien cuál es la vocación que le come por dentro cuando se levanta un lunes cualquiera para ir a currar. Lo sabes y lo sé, por eso mismo y como dentro de ti solo te oyes tú mismo, aunque digas de puertas para fuera “que lo tienes todo” y que eres un hombre “muy afortunado”, no te creeré. Te seguiré la corriente como me veo obligado a hacer siempre, a menos que estés invirtiendo tu vida en tu vocación, cosa que dudo mucho, porque si así fuera no estarías justificándote.

SEGUIR TU VOCACIÓN IMPLICA ASUMIR RIESGOS Y VENCER MIEDOS
Y por ahí nos viene el problema a todos. Nos espanta la soledad, o el miedo a quedarnos en la calle o sin trabajo, por eso mismo las otras vías alternativas a la verdadera vocación son siempre más seguras, o al menos lo parecen. Digo que lo parecen, porque la seguridad no existe como objeto, es intangible y es algo que solo habita en tu mente. Parece que callar la vocación y ser uno más en la fábrica, da más seguridad ¿verdad? ¿y quién te dice que mañana habrá fábrica en la que trabajar? Si falta ¿qué harás con tu contrato de esclavitud? ¿cómo lo pagarás?

Vivimos y morimos en caminos seguros que nos matan cada día un poco más, por no ser en el mundo real quienes somos realmente: por no correr el riesgo de hacer aquello para lo que nos sentimos llamados. Así es como poco a poco nos vamos convirtiendo en esclavos, encajonando nuestra vocación en el mejor de los casos a unos escasos minutos de consuelo, mientras los días, los meses y los años van pasando. Si como hombres hemos de vivir y gastarnos, recuerda que no hay forma de serlo y no morir en el intento, así que al menos selo según tu propia vocación.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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