CARIÑO, ESTO NO ES LO QUE PARECE: EN REALIDAD ES MUCHO MEJOR

 En un menú a la carta de hombres a seleccionar para una mujer moderna, hay un ingrediente que no puede faltar. Hoy no hablaré ni del físico, ni del estatus económico, que son los primeros de la lista: lo son y no me lo he inventado yo, pregúntales a ellas. Tampoco hablaré de la sinceridad, al menos a tiempo completo. Pero aparte de eso y puestas a pedir, otro de los ingredientes que te requieren si ya has pasado los dos primeros filtros, es la fidelidad.

Parece que hemos avanzado mucho, pero no hemos avanzado tanto… y más cuando por la ley del embudo, la mujer moderna sigue pidiendo para su consumo personal, unos parámetros de exigencia que después no quiere que se le apliquen a ella, precisamente por considerar que le restan libertad. En cambio, no dudan en pedir hombres fieles y sinceros, perfectamente domesticados a sus demandas comerciales.

Es más, de hecho justificarán como mecanismo habitual de selección, el elegir racionalmente hombres fieles bajo una máscara de romanticismo, cuando lo que realmente buscan, es un hombre que no les de problemas a la hora de estar seguras, de que ese perfil, estará dispuesto a darles exclusividad de tiempo, dedicación, bienes y servicios. Dicho de otra forma, el producto que buscan por decreto es: un hombre atractivo, con un buen estatus, fiel y sincero… y si es más de uno, o más de dos para la misma, pues mejor.

LA FIDELIDAD HACIA LA MUJER DE

 HOY ES SINÓNIMO DE SUMISIÓN

 Si antiguamente se asociaba al patriarcado la sumisión de varias mujeres a una figura masculina, ahora el mercado de selección impuesto por el feminismo institucionalizado sostenido por el capitalismo del S. XXI, promueve que sean las mujeres quienes se comporten como antiguos señores feudales, o califas, o mormones, justificándose siempre en base a sus nuevas necesidades de mujeres modernas ¿Igualdad? No ¿las mujeres se han pasado de frenada? Totalmente.

La mujer moderna de primeros de este siglo, se ha convertido en aquella figura patriarcal dominante en las relaciones que tanto dice detestar, hasta el punto de imitar e invertir hasta el extremo, el rol de macho dominante y no solo esto, sino además volcando sobre este comportamiento de soberano de harén, sus necesidades femeninas de siempre, que hace que estén en continua contradicción, o como diría mi abuela “en misa y replicando”.

Hombres pensando en satisfacer necesidades femeninas, antes incluso que las propias, pero esto ¿por qué sucede? Lo cierto es que nosotros, los hombres de la sociedad moderna, no tenemos la culpa de las injusticias medievales y feudales cometidas sobre las mujeres, porque además hemos recibido una educación muy distinta a la de nuestros antepasados. Pero a la vez las mujeres modernas, la gran inmensa mayoría de ellas, no han sufrido esas injusticias o agravios que históricamente se imputan al varón.

Nos encontramos con mujeres que nunca han tenido la necesidad radical de luchar por sus derechos por tenerlos ya sobre la mesa, se ven en una posición privilegiada en el mercado para exigir y reclamar al varón un comportamiento de sumisión condicionado no ya a sus necesidades, que se encuentran cubiertas, si no a un afán de dominación auspiciado por el feminismo institucionalizado. Y tú y yo, como hombres actuales, si no entramos en esos parámetros, quedamos directamente fuera de mercado.

TÚ ME TIENES QUE SER FIEL, PERO

 YO HAGO LO QUE QUIERO

Este requerimiento de fidelidad incondicional y exclusividad, valor que parece que por modernidad no tuviera la misma transcendencia para esta generación y posteriores, y que siempre se ha asociado a la pareja y familia tradicional, es asimétrico y sinónimo de sumisión del hombre hacia la mujer moderna. Ya que si un hombre le pide fidelidad y exclusividad a la mujer con la que comparte su vida, su tiempo y su cuerpo, parezca que es que quiera tenerla encerrada en un cajón y se le trate públicamente de machista.

Al contrario, mientras que si es ella la que pide esa fidelidad incondicional y exclusividad, todo queda justificado bajo el amparo de las necesidades femeninas, consideradas por la ideología de género como lícitas, no así las del varón. Por eso, como hombre dentro de esta burbuja occidental del S. XXI desde la que hablamos, debes tener bien presente a la hora de comprometerte en mayor o menor grado con una mujer, que su percepción es absolutamente asimétrica y ventajista, y que la esfera jurídica y social apoya e implementa esta desigualdad.

De hecho, esto es muy fácil de comprobar: cada vez que veas una campaña de comunicación pública en materia de igualdad (tv, internet, prensa o radio), verás que solo se representan como nocivas y tóxicas (de hecho lo son) actitudes de posesión, celos, violencia verbal, física y psicológica siempre del varón hacia la mujer y solo en este sentido. Pero nunca de la mujer hacia el varón, cuando esa misma actitud de posesión, celos y maltrato es tanto o más habitual de ella hacia él, con la única diferencia que en ese caso no se encuentra penalizada.

Por todo esto, cuando una mujer te reclame exclusividad en cuanto a tu tiempo y recursos, o te reclame fidelidad incondicional, mira primero si esa mujer está a la altura de lo que te está pidiendo. Si en efecto, se ha ganado el poder hacerte ese reclamo, o si su actitud cambia cuando tú también se lo devuelves con sus mismas palabras y le pides a ella también esa exclusividad. Observa su reacción, eso te lo dirá todo. La pregunta que has de hacerte es ¿qué gano yo dándote mi exclusividad y mi fidelidad? La respuesta te tiene que compensar.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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