AQUÍ NO HA TERMINADO LA GUERRA CIVIL: ESTO ES UN SINDIOS… Y MÁS QUE LO VA A SER #SpainIsDifferent #TypicalSpanish

 Una vez me hice una carta astral por Internet que aparte del horóscopo, te decía también qué habías sido en una vida anterior y ¿a qué no sabes qué me salió? Inquisidor de la Santa Inquisición ¡tócate los cojones! No me podía haber salido otra cosa más normal, más loable o más heroica… No, me tenía que salir Inquisidor: lo que venía a ser un “cazador de brujas y herejes” rollito medieval castellano, pero sin el glamour Hollywoodiense que le ponen a Van Helsing. Lo peor de todo, es que le conté la anécdota a un amigo y su respuesta fue –Macho, han dado en el clavo contigo porque te pega un montón- El Inquisidor siempre es el malo de la película, el cabrón, el hijoputa, el que al final tiene una muerte horrible como en El nombre de la rosa. Todos se alegran cuando por fin el Inquisidor la diña al final. Porque el malo en las películas, siempre muere.

En el país en el que vivo, o mejor dicho “sobrevivo” en lo que queda de él, la caza de brujas y herejes es rotativa. Según el bando que gobierne, las brujas y los herejes van cambiando de color y de marca comercial. Y sí, he dicho bando con todo el sentido, porque aquí todavía no ha terminado la guerra civil. Ya parece que no nos pegamos tiros entre hermanos, y digo parece, pero nos seguimos haciendo daño entre nosotros. Mientras nos siguen vendiendo causas más o menos nobles como distracción, el pastel se lo comen los mismos de siempre. Y no es que tenga resentimientos: es que cuando veo algo que me convence, me lo quedo, y cuando veo algo que no me convence, lo desecho. Ya sabes cuál es el lema de esta casa: Toma lo que te sirva y desecha lo que no.

No sé si será cosa mía, pero desde que terminé la carrera y empecé a trabajar hasta ahora (más de una década) la sensación que tengo año tras año, es la de deriva y cuesta abajo. No sé si será un sentimiento común entre los que formamos parte de la llamada “población activa”: cada año que pasa parece que tienes que trabajar más y todo cuesta más también, porque parece que ganas menos. Después, como uno también tiene amigos en todas partes, te das cuenta que esta percepción la tenemos sobre todo los que estamos “en el medio” de esta pirámide alimenticia, vamos… los que curramos, porque esto sigue siendo pese a quien le pese, una sociedad de clases pero con los nombres de los nichos ecológicos cambiados.

¡QUE EMPIECE LA CACERÍA! 


 Fíjate lo que te voy a decir ahora: es imposible que esto se limpie. Imposible, y no porque haya perdido la fe en el ser humano (que siempre ha sido así, pero lo que no queremos es aceptarlo), porque sé cómo es y cómo somos: lo acepto, simplemente lo acepto. Aquí lo que llaman “limpiar” es quitar a los de antes, para poner a otros (a los suyos ¡claro!). Por eso, cuando veo a tanta gente que lo está pasando realmente mal porque no tiene trabajo, ni ingreso ninguno, y por tanto nada que perder, esperanzada porque va a venir aquí un tío o quien sea a ponerlo todo en su sitio y a “limpiar” no puedo más que sentir una mezcla entre pena y miedo. Porque éste o el otro vendrán, quitarán a los de antes y pondrán a los suyos: esa es la única limpieza que va  a haber aquí, que no va a ser tal limpieza, si no un cambio en el juego de las sillas, como es, como será y como ha sido siempre –Vamos a pararlo todo y a cambiarlo todo- Si, claro.
VAMOS A CAMBIARLO TODO: 

ENTRE TODOS “PODEMOS”

 Esta nueva ola de justicia y reformas, me recuerda mucho al sistema de captación que tienen los integristas islámicos, quienes hacen su agosto entre las personas sin recursos, para hacer masa, vendiendo ideales de justicia divina y destrucción de lo establecido, para crear un nuevo mundo convertido por completo al Islam. Algo parecido a lo que quería Hitler, pero barriendo para su casa con la creación del Tercer Reich. Similar a cualquier ideología totalitaria, que haya sido resultado y fruto de una desigualdad social. Cuando la gente no tiene nada que perder, le da lo mismo ocho que ochenta, porque si no tiene nada, todo lo que le pueda venir es añadidura (si es que le viene algo, claro).

Esto no deja de ser un ciclo, y en cada país, cada región, tienen su propia versión. Aquí tenemos la nuestra, pero el patrón común ha sido siempre el mismo: un pueblo, un país cabreado es fácilmente manipulable cuando se encuentra al límite. El pueblo es borrego y cuando se le dice lo que quiere oír, no duda en adoctrinarse: da igual que sea justo, idealista, materializable o no… siempre pensamos que el próximo que venga lo va a hacer mejor, y que nos va a tocar la lotería si la compramos en “el bar de abajo”. Seguid comprando lotería borregos, a ver si os toca… que como siempre le acabará tocando por segunda o tercera vez “casualmente” a algún alcalde de pueblo, o no tan pueblo.

¿NO QUERÍAS CAMBIOS? 

PUES AQUÍ LOS TIENES

Y una vez que los cambios van llegando, después de la noche de borrachera de la inauguración, te vas dando cuenta que las imposiciones de antes ya no existen. OK, pero en cambio tienes otras imposiciones distintas ahora, que te putean tanto o más que las de antes. Cuando esto pasa, algunos se vuelven nostálgicos de lo anterior. Otros en cambio, para no quedarse con el culo al aire, de pronto “se radicalizan”. Al darse cuenta que no tenían ni puta idea de lo que han seguido y firmado… al no poder recular a lo de antes, por miedo al rechazo social y a la nueva dictadura, se suben al carro del bando que de momento gobierna volviéndose más papistas que el Papa.

Es lo que pasa cuando un pueblo quemado, deposita sus esperanzas en alguien que dice “querer cambiarlo todo”: acaba convirtiéndose en lo mismo que no hace mucho perseguía. Lo único que cambia es el color de la camiseta, de la bandera, la marca comercial o nombre de la ideología, porque la gente sigue siendo la misma, sigue comportándose igual, sigue reclamando cada uno su justicia y practicándola a su manera. Quien es un libertador para unos, es un dictador y un opresor para otros. Lo más peligroso de todo, es creer que una dictadura es mejor que otra, cuando no deja de ser una dictadura, porque si eres capaz de justificarla solo por estar en el bando que manda, también serás capaz de justificar una guerra civil cuando no lo estés.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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