LA INDIFERENCIA DE LOS HOMBRES BUENOS

 Recuerdo cuando era pequeño y mi padre llegaba del trabajo a eso de las diez de la noche a casa. Cansado y supongo más que harto de su jornada laboral, de sus marrones, de sus broncas, de su jefe y acompañado solo por el run run que todo hombre nacido bajo el sol, lleva en la cabeza con sus dudas e incertidumbres existenciales, hasta que una voz de mujer (de su mujer, en este caso mi madre) le hace salir de su propio yo, para que no se quede demasiado tiempo dentro de su cueva masculina. Dudas, que un hombre casado con responsabilidades no puede permitirse, precisamente por tener que pensar globalmente en su trabajo, casa, mujer e hijos, teniendo que dejar las dudas aparcadas a un lado:

Pero papá ¿por qué no puedes tener un poco de espacio para ti mismo? ¿no estamos en la era de los derechos individuales?-
Ya hijo ya, pero es que… las dudas existenciales no dan de comer, y tengo que atender al trabajo, a vosotros, a tu madre y a la casa-

Nunca tuve esta conversación con mi padre, aunque esa hubiera sido su respuesta 100% seguro. Supongo que era demasiado pequeño para saber lo que eran los derechos individuales, o para comprender la renuncia a uno mismo que él hacía día a día para que la maquinaria funcionara, pero desde luego no hubiera venido nada mal tenerla. Los niños son egoístas y cuando eres pequeño crees que todo el mundo gira en torno a ti.

Y bueno, cuando él llegaba a casa ¿qué te crees que se encontraba? ¿una esposa complaciente que le preguntaba qué tal día había tenido? ¿un momento de paz en el sofá con una cerveza y un partido de Champions League en TV? ¿unos hijos que se habían portado bien durante todo el día y que le dejaban tranquilo un momento? ¿descanso? ¿relajación? Pues no, más bien todo lo contrario. Se encontraba con mi señora madre encargándole alguna bronca para mi hermano y para mi, que habríamos hecho mil y una hijoputeces que la habrían traído de cabeza, se encontraba con una tanda de recados y tareas pendientes que hacer en casa y fuera, y con algún reproche gratuito típico de los matrimonios. Pues vaya mierda ¿no?

Llegas y ya te estaban esperando. Pero no te esperan para darte un abrazo de bienvenida no, te estaban esperando para cargarte de retahílas, curro, algún descuido y alguna que otra responsabilidad que ha quedado descubierta durante tu ausencia. Desde luego, que “así da gusto”… que te tengan en cuenta y no precisamente para premiarte, si no precisamente para recordarte que tu ausencia tiene penalización. Y ya has podido estar haciendo todo el día, o toda la semana, o todo el mes, lo que tenías que hacer que da igual. El tráfico de responsabilidad desemboca justo encima de tu cabeza, desembocando sobre tus hombros y alargándose en tu espalda.

Cualquier carga es poca: si eres un varón heterosexual entre 30 y 50 años, no hay dios que te defienda.

En este plan y en una sociedad que pide héroes salvadores a gritos, al no ser encontrados, cada vez que se encuentran con alguien que tiene hombros y espalda, ya te vienen a colgar algún San Benito. Pero bueno, por regla general los varones no reclamamos que nadie nos defienda ni subvencione, lo que solemos pedir a voz en grito es una cosa muy simple:

QUE NOS DEJEN EN PAZ... ¡JODER!

 Esta idea tan simple, esta necesidad tan básica del varón, esta felicidad tan sencilla y gratuita, es algo que parecen no querer entender o simplemente aceptar nuestras parejas, y la práctica totalidad de la sociedad actual. Mientras tanto, al león en la Sabana Africana, nadie le chista ni le toca los cojones, ni le llama machista, ni vago, ni recibe reproches, ni hostias en vinagre ¿es que nadie lo entiende? ¿tan difícil es de captar? Al igual que el león, cuando hay que salir se sale, cuando hay que actuar se actúa, cuando hay que trabajar se trabaja… A alguna le parecerá un mal ejemplo, mientras que a alguno (deseando de solidarizarse de cintura para abajo con esa “alguna”), dirá aquello de “no se puede generalizar”. “Alguno” ¿sabes qué te digo? Me río en tu cara.
                 
Así cada vez es más fácil encontrarse con antiguos hombres que en su soltería y ausencia de compromiso, eran activos, voluntariosos, emprendedores, serviciales, inteligentes… y después de- parezca que haya que arrastrarlos por los pelos para hacerles salir de casa cuando no trabajan, o bien para poner una simple bombilla, o para salir al centro comercial a comprar… Y si ya la imposición de lo cotidiano, roza la batalla campal, cuyo ejemplo gráfico muy bien identificado, sería sacar a Excalibur de la piedra, no digamos ya tomar una decisión importante, o bien abordar una confrontación directa con algún problema grave. Yo lo llamo, la indiferencia de los hombres buenos.

Si no eres libre de aceptar un compromiso, o varios, o una responsabilidad, cada vez lo serás menos. De lo que era anteriormente un hombre luchador, no quedará más que una sombra de un hombre bueno y capaz en potencia, pero indiferente e irresponsable, acerca de todo lo que no le afecte a él directamente, a su trabajo, a su pareja, o a su familia. Un hombre que solamente actuará, cuando no le quede más remedio y siempre a demanda obligada: perezoso, simple y agobiado, que querrá hacer de todo, antes que entrar por la puerta de su casa, para que le carguen con más fardos. ¿Y todo esto por qué? Porque el que nos dejen en paz un rato todos los días, es tan importante como el comer o el follar, pero como parece que es obligado obviar y menospreciar esta necesidad del varón, y en este mundo…

HAY MÁS HIJOPUTAS 

QUE VENTANAS

… cada vez y conforme pase el tiempo, el perfil de varón “tipo” cuyas necesidades básicas, socialmente se respetan poco o nada, será más vago, pasivo, falto de voluntad y perezoso –Es que de novios, siempre improvisabas una escapada juntos a un lugar romántico… ¡y ahora nunca quieres salir de casa!- dijo ella mientras le reprochaba una comparación con el novio de una amiga suya. Pero claro, lo que ella no entiende ni quiere entender, es que él antes tenía su espacio, su tiempo era su tiempo y podía elegir en qué invertirlo, entraba y salía cuando quería, y su mente estaba libre para poder idear y tener iniciativa.

Ahora, todo ese capital humano se destina a otros fines impuestos en pareja, trabajo, familia y obligaciones, que no permiten al hombre ser hombre, ni al león comportarse como un león. ¿ves lo que pasa cuando a un tío no se le deja en paz? Si eres hombre y estás leyendo esto, estés como estés nunca, nunca y jamás de los jamases descuides tener tu propio espacio. Y si no lo tienes, te lo inventas, te cierras la puerta, te das una vuelta, llegas antes cuando en casa no haya nadie, te pegas una carrera… lo que te dé la gana, pero al menos ten un rato para ti sin escuchar a nadie que te quiera echar nada encima. Tienes que cuidar ese espacio, básicamente si tú quieres seguir siendo tú y no quieres acabar hecho un indiferente pasivo más.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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