¿QUIERES SER LA MADRE DE MIS HIJOS?

 Menuda preguntita ¿eh? Directo al grano. ¿Alguna vez seré padre? Al paso que voy, lo veo realmente difícil, aunque afortunadamente matrimonio y paternidad son dos cosas distintas. Digo afortunadamente, porque una cosa es el cuerpo y como funciona… y otra muy distinta la firma de un contrato. Tengo que mencionar a dos buenos amigos: por un lado a mi amigo Javier Ruiz, autor de El Mercado, quien ha definido a la perfección lo que es para una mujer cerrar el trato en pareja, y por otro a mi amigo Daniel Díez, quien me ha propuesto escribir este artículo, en el que hablaremos de admitir la posibilidad en la que paternidad y maternidad puedan llevarse a cabo amistosamente entre un hombre y una mujer. Sí, he dicho amistosamente.

Quizás a más de una y a más de uno, le pueda parecer una obviedad, pero tal y como está el mundo, creo que esta sería una muy buena opción para hombres y mujeres que en la actualidad, no hemos comulgado (ni comulgaremos) con ruedas de molino. Es una simple cuestión de igualdad real entre sexos: si yo como hombre actual, valoro por encima de cualquier cosa mi autonomía, mi independencia y mi espacio, puedo, debo, quiero entender y entiendo, que una mujer actual tenga esas mismas necesidades. Si bien podrá haber diferencias o matices, entre sus criterios y los míos, ambos dos queremos ser independientes.

Por mucho que nos queramos (o no), uno siempre ha de estar dispuesto a dar, lo mismo que pide para sí. Al menos, cuantitativamente que no cualitativamente, porque sus necesidades no son iguales que las mías. Has oído bien: no son iguales, a día de hoy se parecen más, pero no son las mismas, ni lo serán nunca mientras sobre la faz de la tierra caminen dos sexos diferenciados. Las necesidades intelectuales pueden parecerse, pero las biológicas no son las mismas, pero sí son complementarias entre hombres y mujeres. Y a esto, es a lo que voy:

Como hombre, te voy a preguntar si confías en una mujer: ya sea tu esposa, tu novia, tu amiga, quien sea… ¿confías en ella? Ahora quiero que hagas memoria y recuerdes a modo de “listado” a todas las mujeres que hayan pasado por tu vida y por las que hayas sentido o tenido alguna implicación: te hayas enamorado de ellas, hayan sido tu pareja, hayas sido correspondido o no, hayáis tenido sexo juntos, o una relación de amistad más o menos profunda o más o menos superficial. Dime ahora entre todas ellas, entre todas esas relaciones ¿cuál ha sido para ti como hombre la más satisfactoria?

Quiero que me respondas según tu propio criterio, sin medir la respuesta como correcta o incorrecta, y que partiendo de ahí, sigamos hablando ¿Con cuál de todas ellas te quedarías? ¿Cuál de todas ellas te ha aportado más como hombre y como persona? Más que ellas, que ya pertenecen a tu histórico, te pregunto por la forma en la que compartiste con ellas tu tiempo, tu vida, tu cama o quizás solo amistad y trabajo ¿por qué no? Hay que mirar todo lo bueno y quedarse con ello como capital propio. Míralo todo y dime cuál de todas ellas te llenó más, con cuál de ellas fuiste más tú mismo, te aportó más y contribuyó para bien en tu vida. Quiero que te repases todo esto en lo que a ellas se refiere, porque esa es la fibra más inteligente que puedes usar para buscar o encontrar a la mujer adecuada para cerrar el trato ¿Cómo? Sí, te hablo de…

CERRAR EL TRATO CON 

LA MUJER ADECUADA

Una inversión de confianza tal, que realmente ella sepa que puede contar contigo y tú con ella para ser padre y madre, compañeros a fin de cuentas. Esta es la máxima inversión de confianza que puede hacer una mujer en un hombre. Lo demás puede ir y venir, pero la presencia de un hijo es más fuerte que cualquier contrato: es un compromiso en sí mismo… y no se le da a cualquiera. Fíjate que he dicho confianza y no amor, o cualquier otra cosa como esfuerzo, voluntad, pasión, capital… ¿sabes por qué? Porque la confianza es la base de cualquier relación sana. Si tú confías en ella y ella en ti, se puede construir algo verdadero.

¿Cómo saber quién es la mujer adecuada? Es más fácil de ver de lo que parece, lo que no quiere decir que sea fácil de encontrar (ni mucho menos). Hay que conocerse mucho, pero en resumen te puedo decir, que se trataría de una mujer a la que no hiciera falta pedirle pruebas de confianza, o garantías o cosas como certezas de que pudieras contar con ella, si no que pudieras percibir de forma transparente y directa, que ella realmente está cuando se la necesita. Ella tendría que percibir lo mismo de ti. ¿Ves? Como te decía, es algo muy sencillo de ver, pero difícil de encontrar. Nadie dijo que fuera fácil ni que te vayan a decir que sí.

Si un hombre y una mujer, están en igualdad de condiciones, ambos son independientes, lo único que se debería pedir y dar a cambio el uno al otro es esta inversión de confianza. Más que una amiga, quiero usar la palabra compañera, porque lo define mucho mejor. Alguien que te demuestre que está contigo y que puedes contar con ella, sin la necesidad de pedírselo cada vez. Esto es difícil de encontrar y más en una época en la que se tarifan, compran y venden relaciones según se tenga o no se tenga y que duran a conveniencia.

No es fácil encontrar una compañera en la que se pueda confiar de la manera en la que te digo (supongo que ellas podrán decir lo mismo), por eso te pregunté antes ¿con cuál de todas ellas te quedarías? Para que tuvieras una pista, sobre la que empezar para decidir y elegir con inteligencia (y no con la polla), porque tú como hombre, te digan lo que te digan, tienes derecho a elegir con qué mujer quieres estar. Obviamente no se puede ganar siempre, esto es la jungla… pero tienes todo el derecho de decidir sobre tu propio futuro, y para poder saber elegir, tienes que saber al menos, con qué tipo de compañera te gustaría compartir algo tan grande. Dime ahora a cuántas mujeres conoces o has conocido, dignas de esa confianza para poder preguntarles, si quieren ser la madre de tus hijos.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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