QUERÍA TENER NOVIA HASTA QUE LA TUVE… Y ENTONCES SE ME QUITARON LAS GANAS

 Diciembre de 2002: un frío que pelaba y tres cuartos de hora de autobús de línea ¿a dónde iba? Un estudiante de ingeniería súper formalito, quería darle una sorpresa a su novia. Era la primera vez que iba a esperarla a la salida del trabajo llevando una flor en mano. Cuando ella salió se le iluminó la cara, se quedó que no se lo creía. Él vivía notablemente lejos, no valía la excusa de “es que pasaba por aquí y quería darte una sorpresa”. Pues no, este pincel de niño tenía la intención clara en mente de alegrarle el final de la jornada a su novia, la que salía muy tarde del trabajo, a la chica que amaba y lo consiguió. Ambos se dieron un beso, un abrazo de los de verdad, se cogieron de la mano y fueron caminando dando un paseo, a pesar del frío y del incómodo viento, hasta su casa. El estudiante perdería el autobús de vuelta y tendría que buscarse la vida para volver a casa de madrugada, pero le daba igual porque había merecido la pena.

Cuando quieres estar con una mujer, haces lo que tienes que hacer aunque solamente sea para estar un ratito con ella. Y nadie, absolutamente nadie tiene que decirte lo que has de hacer, porque es algo que sale de ti. Este estado de gracia, estos buenos momentos son los que se recuerdan para siempre, y los que se llevan en la cartera como experiencias por las que ha merecido la pena vivir. Parecía que cualquier cosa implicaba poco esfuerzo ¿verdad? No había que proponerse nada, porque lo que le salía a este chico del corazón era lo que hacía. Y te lo pide tanto el cuerpo, y tienes tantas ganas de estar con ella, y ella contigo… que al final lo consigues y un camino juntos de dos empieza por fin. Hasta aquí todo es genial, en eso estamos de acuerdo: la vida es bella y merece la pena vivirla.

Pasan cosas. Algunas buenas y otras malas. No te las buscas, pero te pasan y a todo esto la relación sigue, porque no todos los momentos en la vida, son como en las películas. Un buen día te das cuenta de lo que antes era gratis, te lo empiezan a capitalizar, te lo empiezan a medir, a contabilizar, a puntuar y a administrar. Se te empieza a cuestionar cuanto das, como lo das y a quién se lo das. Antes dabas sin medida, pero ahora te ponen una medida de mínimos fruto de la costumbre, el uso y la formalización de la relación. Te ponen una baraja, y te dicen: vamos a jugar con esta baraja porque es la que toca. No hace mucho eras un hombre libre enamorado que daba sin medida.

TODO LO MÍO ES TUYO 

Y TODO LO TUYO… ES TUYO

 Y parafraseando a Iker Jiménez cuando comenta un fenómeno paranormal, se asume socialmente en la totalidad de los casos un fenómeno curioso, en el que todo lo que antes era gracia, ahora se convierte en norma: Ahora eres un recurso y tu tiempo, tu cuerpo y tu dinero por lo visto, ya no te pertenecen solo a ti. Y si pones tus límites para seguir teniendo tu espacio, por grande o pequeño que este sea, se rompe la relación porque la cultura popular dicta que no estás preparado para asumir un compromiso, eres un inmaduro, un cobarde, tienes el síndrome de Peter Pan y no sé cuanta basura de enunciados más. Pero espera ¿qué es lo que ha pasado aquí? Si antes el chaval lo daba todo sin medida y más… ¡y nadie tenía que decírselo! Nadie tenía que estar encima o detrás de él para que pusiera al servicio de la relación y de la mujer amada: su tiempo, su cuerpo y su dinero.
                                  
¿Y quién te impone el calendario familiar? ¿Y por qué si quieres mantener tu cuenta corriente a tu nombre se te tacha de no querer comprometerte? Y por ejemplo: si no quieres “ir a por el bebé” cuando a ella se le mete entre ceja y ceja, no sin antes haber visto que sus amigas, compañeras de trabajo y hermanas, en pura sincronía ovejera han empezado a parir una tras o otra, como en un contagio epidémico de embarazos (y sabes que es así, que no me estoy inventando nada, lo has visto una y mil veces) pretende a toda costa y caiga quien caiga quedarse embarazada ¿por qué si no accedes puede terminarse la relación de un día para otro? Y quien dice de un día para otro, dice un mes o dice seis meses. Y al año siguiente, verás entonces que tu ex, ha repetido y acelerado por las prisas el procedimiento con otro recurso (otro tío) para montar exactamente el mismo plan.

… Y QUE VIVA EL AMOR VERDADERO

Que ni se compra, ni se vende, ni se paga con dinero ¿o sí? Porque no he hablado sobre qué es lo que puede pasar si de repente, él se queda en paro y pasa una larga temporada sin encontrar trabajo ¿hablamos de eso? Daniel Díez nos hablaba en hija, tú sé siempre independiente que una mujer de treinta y tantos con prisas por cerrar su plan vital, lo que te ofrece es precisamente que pases a depender de ella, juzgándote como inmaduro y cobarde si no accedes. ¿De verdad? No hace mucho tiempo que a esta misma mujer, se le iluminaba la cara solamente con verte aparecer. Y tú no ponías medida… pero ahora eso ya no vale: ahora lo que antes era oro en paño, ella lo llama inmadurez: “Pero ¿esta tía quién es? Que me devuelvan a mi novia por favor, que a esta señora yo no la conozco de nada”. Llegado este punto pueden pasar dos cosas:

Accedes al plan: subordinas tus recursos (tiempo, cuerpo y dinero) a su plan vital, olvidando por completo el dar desde tu libertad: de pronto te verás rodeado de cuñados barrigones que pasarán a ser tu nuevo círculo social. Dejarás de ver a tus amigos, sobre todo si ya tienes que cuidar de tu bebé (que para eso has accedido) porque es lo que toca. Bienvenido al club: esos clásicos domingos tomando cervezas con tus cuñados en la terraza de la casa de tus suegros, con niños dando vueltas por aquí y por allá… En breve tu barriga irá a juego con la de tu suegro y tus cuñados. Cambiarás la F de follar, por la F de factura.

Optas por seguir tu ritmo: porque si ella tiene el suyo, tú tienes el tuyo. Y si no estás preparado, ambos habría que acoplarlos ¿verdad? Una relación la hacen dos personas. Esta última opción es ideal, porque en la práctica genera una tensión en la pareja que suele terminar en ruptura, o a la corta en ceder. No hay término medio. Este acoplamiento es teórico y solo dura, lo que tarda ella en agotarse de esperar a que te decidas. Normalmente si ella se agota, la relación se pierde, y es cuando te das cuenta que su familia no es tu familia, y que tus cuñados, no son tus amigos.

Todo esto ¿Ha de ser así? Dime que te lo pide el cuerpo y me callo, pero después no me vengas a llorar cuando te den la patada. Te lo pinto para niños, para que lo entiendas, a ver… 1 + 1 = 2 algo tan simple como eso, y así se empieza. Pero se termina en 2 + 0 = 2 ¿qué suma te gusta más? Porque las dos parecen dar el mismo producto. Si somos hombres y mujeres, somos eso: personas. Dos conceptos:

Mujer objeto: Si a la mujer se la ha tratado como a un objeto, ha sido por su valor sexual.

Hombre objeto: Si al hombre se le ha tratado como a un objeto, ha sido por su valor económico.

Los objetos se utilizan y se exhiben como trofeos. Si no quieres que se te trate como a un objeto, no pongas sobre la mesa como valor aquello que te convierte en un objeto o que pueda instrumentalizarse como tal. ¿Te suena eso de: ese hombre es un buen partido? ¿Hombres y mujeres somos capaces de hacer esto a la hora de entablar una relación, o es precisamente lo que hace que podamos formalizarla? Porque claro, idealmente está muy bien sobre el papel. Pero cuando hombres y mujeres salimos al mercado ¿qué es lo que ofrecemos en el mostrador? Ofrecemos como atractivo en nuestra oferta de escaparate, precisamente aquello que nos convierte en un objeto. Después de todo, aunque no nos guste que se nos trate como hombres y mujeres objeto, somos nosotros mismos quienes nos ponemos esa etiqueta para estar con el otro sexo.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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