#TODOS SOMOS CHARLES BUKOWSKI

 Yo, yo, yo… y nadie más que yo. Hasta el aburrimiento: el único, el irrepetible, el original, el auténtico (gilipollas) ¡oh yeah! ¿Sabes una cosa? Sentirse solo, original, incomprendido… siempre ha estado muy de moda. Un hombre hablando de sí mismo, un Bukowski 2.0 ¿Acaso #TodosSomosBukowski? No exactamente, pero me he dado cuenta de una cosa mientras veía por enésima vez Rebelde sin causa, buscando alguna escena chula para montar una de mis viñetas. Del sinsentido de la vida del varón moderno, se ha creado todo un estilo de vida (y por supuesto literario) nacido de la tristeza y la frustración. Tengo que entonar el mea culpa, porque yo también abuso de ello y bastante a menudo. No rompo botellas, pero mis rabietas (que las tengo) me dan mucho juego a la hora de escribir ¿se me nota?

Del hombre de a pie, hoy en día vende más el lado oscuro que el lado bueno de la fuerza si es que lo hay: sexo, soledad, adicciones, algún trauma que otro, un amor no correspondido de fondo… y a grandes rasgos ese “yo contra el mundo” que cada uno de nosotros, siente alguna vez en su vida. Todo viene del mismo lado: los hombres no lloran, no porque no lloren materialmente que sí, si no porque no se les permite quejarse en sociedad, porque dejarían de ser hombres. Esto es, fue y seguirá siendo así por y para siempre, independientemente de lo que digan las políticamente correctas, porque el hombre que llora, reclama y que muestra sus emociones abiertamente en sociedad, o es castigado y penalizado por hacerlo, o se le tacha de maricón… y contra esto, no vamos a poder luchar nunca, porque tampoco es necesario luchar contra ello. ¿Cómo?

Un hombre con sus necesidades satisfechas, ni llora, ni se queja. Un hombre que no tiene sus necesidades básicas satisfechas: bebe, fuma, tiene adicciones, busca sexo como si no hubiera un mañana, o piensa en acumular dinero de forma irracional. Enteraos ya de una puta vez, que así es como lloramos los hombres. No es necesario luchar por el derecho a llorar: los que así lo hacen, no buscan mujeres como pareja, ni ser independientes, ni tomar decisiones… buscan alguien en quien delegar todas esas responsabilidades que nacen de la iniciativa, buscan madres que les vuelvan a amamantar o mujeres que les adopten. Si hay que luchar por algo, es por nuestras propias necesidades, porque así no lloraremos ni reclamaremos más. No tendremos que luchar por el derecho a ser pasivos, porque los hombres no son pasivos. No, no lo son.

No es que no debieran serlo, o esto fuera algo optativo, cultural o emocional. No lo son, y si un hombre es pasivo… es que les pasa algo, no lo dudes. Por eso que los hombres lloramos a nuestra manera, estoy en posición de poder afirmar con carácter rotundo, tajante, exacto, quirúrgico, axiomático y visceral, que en el fondo #TodosSomosBukowski. ¿Perdona? Lo llevo viendo ya demasiado tiempo, al igual que estoy harto de ver también a mujeres con perro haciendo las veces de novio, hijo y mascota. Es algo sumamente patológico, pero es reflejo directo de este individualismo en el que nos hemos acomodado e instalado: la cultura del Yo. No sé quién será el equivalente a Bukowski en mujeres, pero supongo que alguna habrá.

BUKOWSKI SOLO HAY UNO... 

Y SE LLAMA CHARLES
Y sí, hablo de él en presente y no en pasado, porque está muy pero que muy presente. Más de lo que piensas. Es habitual encontrar a hombres con sus necesidades insatisfechas, y por tanto hombres con adicciones de diversa índole. Cuando te hablo de adicciones, no solo me refiero a las drogas o al alcohol, se puede ser adicto al trabajo (doce horas diarias sin que a uno le obliguen), o al culto al cuerpo también… así que a los que no les da por un lado, les da por otro. Y todo esto suele terminar en soledad y autoafirmación que roza lo patológico. Por algún lado hay que salir, y está claro que el que no revienta por un lado, revienta por otro. Visto así ¿verdad? no me salvo ni yo, por eso te digo que #TodosSomosBukowski.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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