POLÍTICAMENTE CORRECT@S: UNA TARA LEGAL Y SOCIAL


 Hace tiempo llegué a una vana conclusión: mejor que no me dedicara a la política… que en el dudoso e improbable caso, de que fuera elegido como cargo electo público, no iba a poder completar ni una jornada laboral (porque no me iban a dejar en cuanto abriera la boca) y probablemente me meterían en la cárcel (no por cobrar sobres en B) en cuanto quisiera actuar para poner las cosas en su sitio. ¿En qué sitio? Pues hombre, ante todo mi formación es técnica y por otro lado analista se puede decir de “oficio”. Así que siguiendo criterios puramente objetivos, sin llegar al axioma matemático, al menos trataría de velar por los derechos de tod@s de forma sostenible, con cabeza… o sea, sin populismos: lo que viene siendo no quebrar el sistema. Vamos, de espíritu dictatorial ando flojo, pero supongo que ese sería el trato que recibiría, o al menos aproximado a tal ¿por qué? Fácil, las leyes y la política nos obligan a cumplir pautas que son mentira, y si tuviera esa oportunidad de cambiar algo, el propio sistema político y legal se me echaría encima. ¿Conclusión? Un político, jamás podrá cambiar absolutamente nada.

En la antigua Esparta, terminaban con los problemas sociales antes que aparecieran. Los echaban al foso y se terminaba el conflicto social. Pero ni #EstoEsEsparta ni a día de hoy, y al menos tod@s tenemos derecho a vivir ¿verdad? Sí, he dicho tod@s, eso es lo políticamente correcto ¿no? Aparte, aunque sea políticamente correcto eso sí que me lo creo, lo de que todos y cada uno de nosotros, seamos del credo, edad, sexo, raza, tamaño, etc. que tengamos, tenemos derecho ese derecho a vivir y ese derecho a la vida. Entonces, si lo dice la ley ¿por qué no se cumple? Lo repetiré: tod@s tenemos derecho a vivir y derecho a la vida. De aquí saca tus propias conclusiones y tu interpretación, no te lo voy a dar mascadito. No creo que seas tonto, pero si lo eres… al menos y por mi parte, no te trataré como tal.

La ley nos obliga a admitir fenómenos que ni se cumplen, ni son ciertos, ni funcionales… todo bajo un lenguaje políticamente correcto que siempre nos oculta la verdad de las cosas. Este lenguaje políticamente correcto, es la perfecta tapadera para que gobernantes, jueces, legisladores, políticos y medios de comunicación atente directa y verticalmente contra el derecho natural, o coloquialmente dicho “los derechos reales” de las personas. De forma que las palabras queden vacías de contenido, y quede la letra de la ley siempre por encima del individuo. Es algo así como anular la situación real de alguien, describiéndola o enunciándola con palabras vacías, siempre sujetas a un lenguaje políticamente correcto sometido a interpretación. Y dime ¿quién tiene la capacidad ejecutiva para interpretar estas palabras? ¿la tienes tú?

NO ENTIENDO LO QUE 

ME ESTÁS DICIENDO

De eso se trata, que quede escrito como ley, que la tengas a tu teórico alcance, pero que forzosamente tenga que venir a aplicarla alguien que no eres tú… y como todos “sin excepción” estamos sometidos a la ley, estamos sometidos a aquellos que dictan las leyes y a quienes las interpretan. Hablar en lenguaje políticamente correcto, no es más avanzado que lo que hacían los doctores de la ley, o los fariseos del Antiguo Testamento: propietarios de la letra de la ley, con la capacidad de hacerla cumplir olvidando por completo el sentido de la misma. Anulando la realidad de la persona por completo, ciñéndola solamente al papel y al papiro. Y como estos doctores de la ley, eran quienes tenían la posibilidad de interpretarla, siempre y sin excepción, quedaban eximidos de su cumplimiento ¿por qué? Porque quien hace la ley, hace la trampa… y si además tiene la facultad de interpretarla, siempre la va a interpretar a su favor para que “palme otro” y no él.

Por eso, cada vez que te encuentras con una persona que “te dice las cosas como son”, de una forma u otra te despierta, o te genera una reacción a favor o en contra, o te hace responderla de la misma forma con tu verdad particular, que para ti también es de alguna forma “las cosas como son” desde tu forma de ver la realidad. Como esto no interesa, porque genera conflicto, es mejor que para mantener el equilibrio del conjunto, quedemos todos completamente anulados bajo un lenguaje políticamente correcto, que supuestamente “elimina las diferencias”. Sin diferencias no hay conflicto. Y sin conflicto, seguimos todos callados pagando facturas que no nos corresponden y dando por bueno nuestro exterminio, porque como cumplimos la ley “está bien y no pasa nada”, somos todos y todas buenos y buenas ciudadanos y ciudadanas, aunque insisto… nos estén exterminando poco a poco. En esta sociedad tan moderna y tan políticamente correcta, tenemos que decir en voz alta que “cabemos todos” aunque sea mentira, porque no es una verdad real.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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