¿PARA QUÉ SIRVE UN HOMBRE?


Hoy voy a hablar de sexo, violencia y de cuernos (aunque no directamente), sin importarme en exceso la cara que pongas, porque la naturaleza es sabia, quizás cruel pero sabia. Digo quizás porque lo que nos puede parecer cruel, nos lo parece porque en nuestra sesera hay demasiada moral católica y tradición judeo-cristiana. Culpa y condescendencia suficiente hacia la debilidad, para hasta el que se autodenomine ateo, siga a pies juntillas un código moral o civil fotocopiado casi al 100% de lo que dicta el Vaticano. Esto a los ateos les jode mucho que se lo digan a la cara, pero no hacen más que copiar en civil y “a su manera” lo que se dicta desde la santa sede. Es una simple cuestión de orgullo humanista, de necesitar poner al ser humano como centro de todo. Ya ves, ni que fuésemos los únicos en el universo ¿verdad? Ojo, que no se me olvida: esto iba de sexo y violencia y de algo que no hace mucha gracia, por no decir ninguna a los tíos.

Somos blandos, muy blandos… tan blandos y tan criados a base de esta moral judeo-cristiana adaptada a tiempos modernos por la vía civil y ética, que nos asustamos cada vez que tenemos noticia, de que en ciertas partes del mundo, sigue existiendo la ley del más fuerte, la ley de la selva, o como la quieras llamar. Y cuando estas máximas se dan en la cama, bajo el techo de uno, nos asusta aún más. Según estos criterios morales, debiéramos tener un grado de autocontrol suficiente como para vernos dignamente como seres humanos medianamente infalibles, o al menos con capacidad de serlo, con capacidad de perdonar y un montón de cosas más dignas propias de seres humanos, que al menos sobre el papel, se estiman por encima de los animales silvestres y bestias de la selva.

Pero bueno, como esto no es así y no somos perfectos, el olor de la sangre y del instinto tienen siempre la última palabra. Si, si la tienen. Que claro, que hablo en el extremo, pero el olor de la sangre es demasiado fuerte como para intentar ningunearlo. Ninguna mujer es perfecta. Ningún hombre lo es tampoco, y el que no vale para una cosa, vale para otra. Yo sigo creyendo que vivimos en la selva, así me he quedado ¿Qué le voy a hacer? Aunque no me hagas ni puñetero caso, que al menos quede constancia de ello en alguna parte. La cosa hoy al hablar de cuernos, va sobre todo a llamar tu atención, pero sin trampas ¿OK? No quiero hablar de roles para el hombre en plan amante/proveedor. Ni decirlo de forma macho alfa o beta. No creo en el hombre social, lo siento pero todo lo que dependa de la época en la que vivimos se va a la mierda en “periodo de guerra”.

¿DE QUÉ GUERRA ME HABLAS?

De la única que no ha cesado desde el origen de los tiempos: la supervivencia de la especie. Ya podemos saber más o menos, pero mirándonos al espejo como hombres, te invito a que te hagas una pregunta, independientemente de cual sea tu estado civil, tu estatura, tu complexión, tu físico, tu estatus, o tu credo si lo tienes… Yo ya me la he hecho, pero mi respuesta aparte de ser parcial y subjetiva, solamente me vale a mí. Llevamos ya un tiempo dándole su valor y su peso al #amor verdadero porque hacía falta hacerlo, y porque vale oro… pero te recuerdo que quizás sea lo más alejado de la sangre y del instinto que pueda hacer realmente feliz a una persona. La pregunta que quiero que te hagas ante el espejo, pretende siturarte en el mundo de forma realista. Como hombre sí, como hombre (ya sabes que esto no es la Cosmopolitan, ni lo va a ser nunca), quiero que te mires al espejo y que te preguntes, dentro de este mundo algo tan sencillo como: Siendo un hombre ¿para qué sirvo? Algo tan sencillo como eso. Mientras sigamos con los pies en la tierra, todo puede ir bien… Y si no bien, al menos conscientemente bien, mal o regular sin anestesia.

Te propongo algunas lineas de respuesta, pero no te voy a dar ninguna concreta, porque lo que quiero y pretendo, es que hagas un ejercicio de ubicación en el mundo por tu cuenta y riesgo, sin que venga nadie a clasificarte antes, o a decirte quién eres o para qué sirves. Quiero que todo eso te lo respondas tú. ¿Sirvo para trabajar? ¿Sirvo para ser padre? ¿Sirvo como un mero donante de esperma? ¿Sirvo para pagar facturas? ¿Sirvo para que me quieran? ¿Sirvo para amar? ¿Sirvo para follar? ¿Sirvo para luchar? ¿Creo que mis genes son merecedores de prolongarse en la siguiente generación o eso ya me da igual? ¿Qué le estoy dando al mundo ahora mismo? ¿Aporto algo a esta jungla o solo soy un puto consumidor? Se me ocurren muchas, pero quiero que te lo preguntes tú. Porque normalmente lo que tú no sabes hacer, o para lo que no sirves, siempre hay un sustituto que lo borda con excelencia y al revés.

P.D. Todas estas preguntas son planteadas y respondidas según tus señales de forma inconsciente, programada y automática dentro del cerebro de una mujer de cara a los candidatos. Así que para hacerte una idea acertada, intenta ser sincero, objetivo, quirúrjico y duro contigo mismo ¿duro? Pues sí, duro porque es así como se te va a medir. Esto sigue siendo la selva, o un sindios (como prefieras). Esto último te lo prefería decir al final con una simple post-data, solo por si aguantabas, que tuvieras tu recompensa al pene: aquella que valoras por encima de cualquier otra, pero si no aguantaste hasta el final…

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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