LA FÁBULA DE EVA, ADÁN Y LA DIOSA DEL CAPITAL: EL FEMINISMO, INSTRUMENTO DEL CAPITALISMO RADICAL

 Después de la creación, la diosa del capital estaba dando una vuelta por El Paraíso. Estaba visitando todas las explotaciones en las que tenía a Adán y Eva trabajando como responsables de producción, para tener el rendimiento controlado. Mientras iba pasando sector por sector, iba repasando en su Excel cuáles habían sido las previsiones, comparándolas con la producción real. No era suficiente, se había llegado al 85% de lo presupuestado, pero para poder colocar mejor los productos en el mercado, tenía que aumentar la producción para poder venderla más barata y cargarse a la competencia –Esto es una empresa, aquí estamos para ganar dinero… ¡esto no es una ONG!- se repetía a sí misma la diosa del capital, mientras pasaba hoja tras hoja, marcando en rojo los números en sus tablas. Con la idea fija de aumentar la productividad a cualquier precio, la diosa del capital fue directa a visitar a Eva, que en ese momento estaba preparando un informe del último trimestre: –Eva ¿se puede saber qué está pasando aquí?- preguntó exigente la diosa de los empresarios.

 –Ahora mismo le estaba terminando el informe del último trimestre-
–Te he hecho una pregunta Eva, nos hemos quedado a un 15% menos de lo esperado. No vamos a poder salir al mercado con un precio mínimo-
–Diosa del capital, Adán y yo estamos que no damos abasto. Solo estamos los dos para hacerlo todo ¿no puede contratar a alguien más para que nos eche una mano?-
–Eva, no me cuentes tu vida. Si contratamos a alguien, aumentan los costes y ya si como estamos ahora, no salimos a precio mínimo, si tenemos que compensar ese coste extra, directamente nos quedamos fuera-
–Pero jefa, es que es imposible, no somos máquinas-
–Lo que no podemos hacer, es perder dinero o vender por debajo de coste de producción porque nos arruinamos y esto se va a la mierda. Vais a tener que echar más horas-
–¿Más horas?-
–Sí ¡los dos! Adán y tú-
–Pero jefa, que casi ni nos vemos y llegamos a casa agotados-
–Pues no podemos contratar, al menos hasta que hagamos un trimestre llegando a presupuesto-
–Pero hay un problema…-
–¿Más problemas?-
–Realmente no, pero estoy embarazada del segundo-
–Pues enhorabuena Eva ¿cómo se va a llamar?-
–El niño se va a llamar Abel… y lo queremos tener-
–Pues tal y como están las cosas, no te vas a poder coger la baja. Te aviso-
–Pero necesitaremos más tiempo-

–¿Y qué me cuentas a mí? Yo también soy mujer. Que le cuide Caín, su hermano mayor-
–Todavía es pequeño, no los podemos dejar solos… que se puede liar-
–Mira Eva, antes de venir a verte le he hecho una visita a Adán, y ha entendido perfectamente que va a tener que trabajar más horas. No le gusta la idea, pero él no puede elegir-
–¿Y yo sí?-
–Bueno, piensa si es el momento de tener otro hijo-
–Pero diosa del capital ¿qué me quieres decir?-
–A ver, puedes decidir no tenerlo-
–¿Cómo? ¿Qué no lo tenga?-
–Puedes abortar sin pedirle explicaciones a nadie… a ver ¿de cuánto estás?-
­–De ocho semanas-
–Bueno, pues aborta… y ya lo tenéis más tarde, cuando las cosas vayan a mejor-
–Pero diosa del capital ¿cómo me dice usted eso? Esa decisión solo me compete a mí. Usted no tiene derecho a hablarme así-
–Tú puedes hacer lo que quieras, es tu vida… pero yo te digo lo que hay. Cuando firmaste el contrato, te comprometiste a llegar a unos objetivos. Eres una profesional ¿verdad?-
–Por supuesto, pero soy mujer y quiero tenerlo-
–Y yo también soy mujer, y tengo que hacerme cargo de todo esto. No me pongas esa excusa. Aquí no somos hombres o mujeres, somos jefe y empleado. Esto es una empresa ¿crees que a mí me gustaría cerrar la empresa con pérdidas y que nos fuéramos todos a la puta calle? Bueno espera, hay una solución-
–Por favor ¿cuál?-
–Darte a ti jornada reducida o media jornada y que Adán compense las horas-
–Pero, entonces ¿cobraré menos que Adán? Entonces no vamos a llegar a fin de mes-
–Eso lo llaman conciliación, podemos hacer así. Ya bastante con que vayas a tener una baja de maternidad, que te corresponde y Adán va a tener que hacer todo el trabajo de campo y parte del tuyo. A mí eso como empresaria me perjudica, también tendré que hacer tu parte, pero tengo que aceptarlo-
–Sí, pero…-
–¡Pero qué Eva! ¿no era esto lo que queríamos las mujeres en este nuevo Génesis? ¿no queríamos trabajar? ¿no queríamos igualdad de derechos? ¿no queríamos equiparación de salarios? ¿no queríamos llegar a puestos directivos? ¿no queríamos que nadie más que nosotras decidiera cuándo, cómo y con quién ser madres? Pues aquí lo tienes. Todos estos avances que ha conseguido la mujer en este nuevo Génesis, a la par que ha avanzado el capitalismo ¿te crees que son gratis? Yo quería ser directiva y lo he conseguido, soy responsable de toda esta explotación… y no le puedo echar la culpa a un jefe ¡porque no lo tengo y la responsabilidad es toda mía! ¿Quieres tú tener esa responsabilidad? Te la regalo cuando quieras-
–[…] Bueno jefa, aquí lo tiene pasado a limpio-
–Eva, esto tiene que salir. Tenéis tres meses más para llegar a objetivos. Habla con Adán para ver cómo os cuadráis, pero si no llegamos a una producción suficiente, que nos garantice un precio mínimo para salir al mercado, lo voy a sentir mucho, pero vamos a tener que cerrar. Y no queremos que esto cierre ¿verdad?-
–No, no queremos que esto cierre-
–Bueno, habla con Adán y mañana tenemos una reunión a primera hora-
–OK jefa-
–Bueno, sigue con lo que estabas haciendo. No te interrumpo más. Y por cierto, ¿hoy no era…?-
­–¿Sí?-
–¿Qué día era hoy?-
–8 de marzo-
–¡Ah sí! ¡Feliz Día internacional de la Mujer y Felicidades por el embarazo!-

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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