¿DE VERDAD VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE?

 En las películas románticas, cuando el galán o héroe de turno se queda con la chica, princesa, novia rescatada, o mujer imposible por la que se ha enfrentado a mil y un peligros… suena la música, sale la puesta de sol y todo el mundo parece quedarse contento. Hasta haber llegado a ese momento, parece que después de toda la guerra entre rivales, malos entendidos, nudos de guión imposibles de resolver, engaños, mentiras, otras mujeres que se cruzaron en el camino del héroe y haber matado al dragón, o al villano… parece que todo ha merecido la pena ¿verdad? Después de tanto curro, por fin pueden estar juntos. Eso es lo que cuenta, pero ¿por qué siempre termina ahí la película? Así parece que ya está todo hecho y la felicidad de ambos se presupone para siempre. Así se queda la historia de cara al público. Pero ¿qué es lo que piensa ella? Y ¿qué es lo que piensa él?

Lo que piensa él, es que ya está todo el trabajo hecho, que después de tanto curro, por fin va a quedarse tranquilo con su chica y se va a parar el reloj. Puede relajarse, sentarse en su sofá trono, abrirse una cerveza y disfrutar de la estabilidad. Ya no va a tener que pelear más, ni guerrear más. Piensa en guardar su espada, su escudo y dedicarse a la lúdica actividad de permitirse el lujo de ser él mismo. Probablemente descuide su aspecto y apariencia, porque total… ya la tiene ganada. Perderá parte de su swing sexual y poco a poco, se irá convirtiendo en un marido del montón, conformista, miedoso, desautorizado y sexualmente escaso. Se dará cuenta que la guerra no ha terminado, que ella no será siempre complaciente y aparecerá más presente que nunca el concepto pagar. Pero sobre todo, que su objetivo de relajación, era solo un espejismo. Cambiará la iniciativa por la pereza.

Lo que piensa ella, es que ya por fin va a poder llevar la vida que se merece, de ahí en adelante, que va a tener a su alcance todo lo que siempre ha deseado tener… todos los bienes y servicios derivados de haberse ido con el mejor ejemplar. Más y mejor, por lo menos tendrán que vivir en un palacio. Si no puede ser en el centro, el palacio tendrá que estar a las afueras, cada vez tendrá que estar mejor equipado, y se volverá cada vez más exigente, replicante, asumirá el liderazgo de la relación, y convertirá el sexo en una actividad doméstica y como moneda de cambio. Se dará cuenta, que ni es un príncipe, ni un palacio, y empezará a comparar su vida con las demás, y cualquier hombre, le parecerá mejor que su maridito al que ya tiene bien moldeado y domesticado. Cambiará la sensualidad por la seguridad.

Y DESPUÉS ¿QUÉ?


Como ves, una vez más Disney y los guionistas de las películas de Meg Ryan, han hecho daño… mucho daño. Te han jodido la perspectiva de lo que es una relación, porque no han querido contar lo que pasa después de la puesta de sol y el final de cuento. Si lo hacen, se les termina el negocio y las parejitas dejan de ir al cine a ver películas románticas los domingos. ¿Qué es lo que pasa? Que ni ella, ni él han cumplido sus expectativas. Ahí está el verdadero problema, en lo que cada uno tenía metido en la cabeza antes de conocerse, antes de verse, de enamorarse… antes de la primera cena juntos, ya estaban predestinados a unas expectativas que les harían pegarse de bruces contra la realidad. ¿Y qué realidad es esa? Las personas, somos incapaces de ofertar todas las necesidades en una sola persona que hagan feliz a otra.

Ni tú ni yo, podemos hacer feliz a una mujer al 100%. Ni ella te va a hacer feliz a ti, solamente por el mero hecho de estar contigo. Tendemos a responsabilizar a la persona que está a nuestro lado de nuestra propia felicidad. Parece que en este sentido, siempre hay que echarle la culpa a alguien. Y de dos personas, que una vez quisieron estar juntas, y ser felices juntos, nos salen dos personas que se soportan más o menos, condenadas por la costumbre, la comodidad, la conveniencia o el hábito. Pero yo te pregunto ¿Sin esas expectativas un hombre y una mujer llegarían a desearse el uno al otro? Y no me refiero a desearse solo sexualmente, si no a querer estar juntos, como quien dice “para siempre”. ¿Tan tontos somos que tenemos que auto engañarnos con expectativas de felicidad depositándolas en otra persona? Ahí lo dejo, prefiero que pienses tú mismo la respuesta.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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