LOS HOMBRES NO FINGIMOS ORGASMOS: EL HOMBRE Y LA TIERRA 2.0

 Entre otras cosas, porque no podemos. Lo que se ve, es lo que hay. O sale o no sale. La erección es un acto reflejo involuntario y como tal, viene y va cuando se dan las condiciones oportunas, pero nunca por voluntad o por “orden directa”. Evolutivamente, querría decir (si estuviéramos en la selva, claro) que cuando se dan las condiciones óptimas en el medio, habría que aprovecharlas e ir directo a la oportunidad ¿te imaginas? Uno en la selva nunca sabe, cuando va a tener la oportunidad y la naturaleza es sabia. Mañana quizás puedas estar muerto, herido, hayas tenido una pelea a muerte con un depredador agresivo y contundente, o lo que es peor… una pelea, con un competidor de tu misma especie. Así que como reza Tu Calorro de Estopa: Fui a la orilla del río y vi que estaba mu sola. Vi que te habías dormío y que crecían amapolas… Tú verás. Cuando suena la sintonía de #El Hombre y la Tierra dentro de ti, y avistas el espíritu del lobo sobre la colina como proyección de ti mismo, es señal que debes actuar.

Fíjate, si todo va más o menos bien en tu cuerpo, cada mañana cuando te levantas, la erección masculina es la primera en dar los buenos días, y saludar cordialmente, a ti, y a la mujer que duerma a tu lado (si la hay). Si nos dejásemos llevar por le ley de la selva, o sea, la que cuenta a puerta cerrada, en tiempo de descuento y a balón parado, habría que actuar siempre ¿verdad? Habría que tirar a puerta. El primer despertar del día, debería empezar con sexo. No creo que haya mejor forma de empezar el día. Pero espera, que vas con el tiempo justo para ir a trabajar, que no hay tiempo, que hay prisa, que no se te ocurre, y si se te ocurre, a ella no le apetece, o ni si quiera se plantea disfrutar de tu erección, que está precisamente en su momento más pletórico, natural y espontáneo de apogeo animal.

Luego igual, llegas del trabajo cansado, agotado… y lo único que quieres es que te dejen tranquilo un rato, para despejarte la cabeza y volver a ser tú. Pero tampoco puedes, porque nada más entrar por la puerta (tú llegas más tarde, porque sueles trabajar más horas que ella, de ahí posiblemente que cobres más) hay cosas que hacer en casa. Da igual que vuelvas a las nueve de la noche, después de un día largo de curro de mierda, que si no contribuyes en el hogar que sueles estar pagando al menos en un 60% y pico, eres un mierda, un machista, un patriarca, un mal novio, un mal marido, un mal padre por no estar al 100% con los niños, aparte de si no hay algún “reproche adicional de bienvenida”, por llegar tan tarde a casa… Vamos, como si pudieras volver antes, o como si salieras tarde del trabajo porque te apetece ¡por gusto! Después si no hay trabajo, o te echan, el reproche es porque no tienes trabajo y "tiene que hacerlo todo ella”.

Ahora dime: en toda esta dura jornada, que sabes que lo es y tienes que tragar mucho, para no liarla ni dentro, ni fuera de casa ¿dónde ha quedado tu erección? ¿dónde está tu reflejo animal e involuntario? Ya está: “la orilla del río no abre hoy”, ni “crecen las amapolas”. Pero desde que te has levantado, hasta que has vuelto a meterte en la cama, nada de lo que has hecho ha sido ni natural, ni por ni para ti. Y fíjate, que todo empezó con una erección ¿no es eso una señal? Resulta tan inevitable, tan sumamente cotidiano, diría que hasta ridículo  por lo tan insultantemente simple, que pasa desapercibido por habitual. Nada más abrir los ojos por la mañana, tengas la ideología que tengas, seas de donde seas y vengas de dónde vengas, tu propio cuerpo te recuerda tu naturaleza animal. Y tú empeñado, en llevarle la contraria durante todo el transcurso del día.

Tengo un vecino, que solo folla cuando hay fútbol ¿qué como lo sé? Estamos pared con pared, y los tabiques del bloque de estudios en el que vivo, parece que son de papel de fumar. No falla. Es como un reloj: solamente cuando televisan fútbol. Fíjate si la cosa es aparente, física, notoria y ruidosa, que se oye tan bien, que me entran ganas hasta de animar… ¡Animarle a él me refiero! Me voy a acabar haciendo fan de esta curiosa pareja, por el ruido que montan, insisto, solamente cuando televisan fútbol. Vaya hombre ¿casualidad? ¿Será que no le gusta el fútbol a mi vecino? Podría ser, pero ¿por qué entonces el espectáculo sexual-sonoro, solamente se da a esas horas y días tan concretos? Entonces sí, entonces en ese momento, es cuando solo se abre la veda de caza ¿no? Será que en los campos de fútbol hay césped artificial, y ni orilla del río, ni zagala dormida, ni amapolas que crezcan entre tanto verde. Me parto, porque parece que te lo cuento de broma, pero me río por no llorar.


Como primate que eres, primates que somos, integrantes de esta selva, de alguna forma u otra estamos en comunión con la naturaleza, o mejor dicho, con lo que queda de ella. Si el maestro Félix Rodríguez de la Fuente, viviera hoy y tuviera que hacer una versión actualizada de #El Hombre y la Tierra, no sé cómo se la plantearía o si las “comisiones de censoras de género”, le dejarían trabajar. En primer lugar, no creo ni dejaran que su programa, se llamara así: El Hombre y la Tierra. Lo tacharían de machista empezando por el título. Estas censoras de-generadas, quizás censuraran que en las manadas de leones de la Sabana Africana, hay un macho dominante que lidera a todo el grupo, tiene a todas las hembras para sí y se encarga de mantener el orden dentro y fuera de la manada. Pero en cambio, estas mismas contarían con todo lujo de detalles, el apareamiento de la mantis religiosa, cuya hembra después de copular, corta la cabeza del macho y se lo come crudo. ¿Erección masculina? ¿naturaleza viva en nuestro cuerpo? Ya lo único que nos queda a los hombres hoy en día, para terminar de perder nuestra verdadera naturaleza, es empezar a fingir orgasmos.

P.D. A mi vecino: Querido vecino, te apoyo al 100%. Estoy contigo ¡eres un crack!

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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