LA PERRA DEL HORTELANO: EL DESTAPE 2.0

 El destape es el nombre que recibió el fenómeno cinematográfico de la Transición Española, a partir de la desaparición de la censura franquista, cuando empezaron a aparecer desnudos integrales (pechos, pubis y nalgas) de mujeres y, en menor medida, de hombres, junto a los actores cómicos típicos como Andrés Pajares, Fernando Esteso, Juanito Navarro, Paco Martínez Soria, Antonio Ozores o Alfredo Landa. Fuente: Wikipedia. Pues sí, despareció la censura y al menos en la gran pantalla, se quedaron todas en pelotas. Es lo que pasa, cuando después de una guerra y casi cuarenta años de dictadura, en la que solo te podías ir a la cama con una mujer si en efecto era tu mujer. A consecuencia de esto, en una noche de bodas, más de uno no encontraba “el agujerito” para meterla, porque nunca antes se había acostado con una mujer. De pronto, ya no había necesidad de tener que irse al sur de Francia para desahogarse. El desnudo femenino era recibido con expectación, y las colas en los cines para los estrenos de la época eran apoteósicas. Todos querían ver tetas, algo tan sencillo como eso. Fue un “reventón” post-censura. Por otro lado, la democracia empezaba a funcionar: esto era realmente lo importante. Pero espera…

ESTO DA MIEDO: NO DEBERÍAS SABERLO, NI LEERLO, NI COMENTARLO

 ¿Cuántas veces a lo largo de tu vida te has callado por prudencia? ¿o sabías la verdad sobre algo y has tenido que guardar silencio porque sabes que si abres la boca se iba  a liar muy parda? ¿Cuántas veces te has tenido que morder la lengua con tus padres, con tu jefe, con un compañero de trabajo, con tu mujer, con tu novia…? ¿Cuántas? No creo ni que te acuerdes, pero igual tu histórico de silencios, con todo lo que te has guardado, daba para una trilogía de CDs de grandes éxitos con tu cara en la portada. Yo, a mi trilogía particular la llamaría: Verdades absolutas de andar por casa…volúmenes I, II y III, con pre-cuela  en plan “los orígenes” y una parte IV hecha por otro director solo para los fans. Sí, lo sé… se me va la pinza, pero es que se me va a ir aún más. Ahí va una frasecita apocalíptica marca de la casa: Limpiar y sacar la basura, es una gran mentira universal. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Qué tiene esto que ver con callarse lo que uno piensa? Pues tiene que ver que para empezar, limpiar es inútil. Limpiar es una actividad vana, cotidiana  y habitual, que nos hace creer la mera ilusión de que en efecto la mierda desaparece.

LA CRISIS DE LOS TREINTA: LA HORA DEL ZORREO

 Ayer un amigo me dio una buena noticia… Y por fin y valga la excepción que tuve la oportunidad de alegrarme por algo, en lo que a parejas se refiere (y además de verdad porque se echaba en falta) ¿por qué te digo esto? Cuando me llama un colega por tema pareja, suele ser más bien para todo lo contrario, y para preguntarme algún regate en tiempo de descuento y a balón parado, por alguna situación insalvable, indefendible o injustificable, de cara a alguna mujer en cuestión. Pues bueno, por fin mi amigo parece haber encontrado una mujer madura, seria y con los pies en la tierra… algo casi imposible de encontrar a día de hoy, en una época en la que la mujer europea-occidental, en lo que a relaciones de pareja se refiere, no termina de madurar hasta cercanos los treinta, prolongando en ocasiones su adolescencia hasta niveles insospechados. Aproximadamente lo que viene siendo el tercio de la vida de una persona. ¿Y qué es eso de la hora del zorreo? Una imagen muy corriente, que por poner un ejemplo, podría encajar muy bien en una oficina en la que abunden mujeres y entre un chico nuevo a trabajar. La soltera, la casada, la directiva, la empleada, la guapa y la fea, participan en corros de despiece y evaluación del “nuevo compi”, por aquello de la novedad. Porque básicamente, esta crisis se origina o bien por la búsqueda de nuevas experiencias y novedad en las relaciones, o precisamente por la ausencia de las mismas.

SE BUSCA PAREJA DE CONVENIENCIA, QUE EN LA FOTO PAREZCA AMOR VERDADERO


Barbie ha puesto un anuncio por palabras para buscar novio: A ser posible, maduro mentalmente, con buena posición, solvencia económica, que sea atractivo, deportista, culto, sano y bien formado. No se admitirán candidatos fumadores, bebedores o que les guste el fútbol. ¿Perdona? Pero ¿tú te crees que esto es Renault ocasión o qué? Y querrás además, que te quiera de verdad y que te cante cuando te asomes al balcón. Pero espera, que esto no ha hecho más que empezar. Y por empezar, empieza con una maldición: Maldito sea el día, en que a mis padres se les ocurrió llevarme al cine para ver Cuatro cachorros para salvar. Esa fue la primera película de Disney que atravesó mi cerebro en la gran pantalla. Ni habría cumplido los 9 años de edad cuando me creí, como se creería cualquier niño en aquella época, que un perro, era capaz de luchar y desvivirse, por cuatro crías de un felino. Después, vinieron otras películas infantiles, otras parábolas bíblicas, comuniones, confirmaciones, bodas… Sí, digo bodas y ya con más uso de razón, la primera carta a los Corintios de mi amigo Saulo de Tarso, conocido para el vulgo católico como San Pablo, que reza lo siguiente:

EL DÍA QUE SE ME APARECIÓ ROCKY BALBOA - capítulo V FINAL

Arrancando un último beso, y deseando a toda costa quedarme a vivir en ese sueño, tuve que separar mi cara de la suya para mirarla directamente a los ojos. Mi alma había quedado partida en dos en aquel momento perfecto, que debía destrozar por el bien de mi propia salvación, pero sus ojos estaban allí esperando atentos una reacción de impulso para continuar. Quizás creyera que estaba tomando aire, quizás creyera que quería contemplar su belleza antes de seguir devorándola… quizás creyera que todo era perfecto. Ese mismo había sido mi pecado sin salvación hacia ella: haberle hecho creer que todo era perfecto. Ya no había vuelta atrás.

EL DÍA QUE SE ME APARECIÓ ROCKY BALBOA - capítulo IV

Apoyé los pies en aquel suelo de calabozo, ubicado en algún limbo particular dentro de mi conciencia, y suplicante rogué volver –Rocky… yo solo quiero volver a casa. Nada más- Me puso las manos sobre los hombros, dejándome bien claro que no podía ser –Ya no tienes retorno… y cuanto antes lo aceptes, será mejor. Todavía te quedan dos viajes- Vaya, como el que iba cargado. Vaya sentencia de mierda. No me valía de nada protestar, así que… en un chasquido de sus dedazos, y después de un empujón para espabilarme, de los que yo por ser un flojeras, sería incapaz de darle a nadie, me vi cayendo por un precipio sin aparente final. Antes de sentirme como Alicia en el País de las Maravillas, cayendo por la madriguera y pegarme el batacazo contra un fondo que nunca llegaba… noté que descansaba en blando –¿Cómo? ¿Dónde estoy? ¿A dónde me ha mandado ahora este tío?- Pronto me vi tumbado en una habitación en penumbra. Estaba boca arriba, en pelotas, hacía calor y –¡Espera! ¡Que tengo una tía desnuda al lado!-

EL DÍA QUE SE ME APARECIÓ ROCKY BALBOA - capítulo III

Seguía respirando, estaba allí, con un sudor frío en la estación de Barrio del Pilar, con pinta de pincel formalito y buena gente. Un pin-pín a punto de terminar la carrera, inocente y bien intencionado como lo era yo en aquel momento. Estaba temblando, porque todo estaba igual, y sabía que en algún momento aparecería ella, y no sabía cómo iba a reaccionar. Me di cuenta que Rocky estaba en el andén de enfrente, con cara de estar esperando al metro y sin mirarme, sin darme una instrucción o una orden, con las manos atrás paseando como si la cosa no fuera con él. –Pero ¿qué tengo que hacer? Esto no puede pasar dos veces, no es real… ¡no puede ser real!- Al momento, el sonido propio del tren acercándose, se hizo eco en la estación. El momento se estaba acercando y sin saber qué hacer, opté por respirar hondo y aceptar la situación.

EL DÍA QUE SE ME APARECIÓ ROCKY BALBOA - capítulo II

Era yo… más tieso que una vela tumbado en la cama, mientras de forma macabra terminaba la película. Adrian y Rocky se abrazaban en la TV, sonaba la música… un fin de película sin espectador que lo contemplara. Blanco, con los ojos y la boca abierta y la ropa de cama revuelta… como quien lo ve y tiene la certeza de que no había marcha atrás. Me miré las manos, apretaba los dedos para sentir mi propio tacto, respiraba y me empecé a tocar la cara. Ni frío ni calor, como siempre ¿todo estaba en mi cabeza? Había una barrera invisible que me impedía tocar la carcasa de carne y hueso, que se iría enfriando poco a poco sin que nadie se enterara. Lo que quedaba de mí, estaba vacío, absolutamente vacío, inerte, seco y solo, muy solo. No era la muerte que yo había imaginado, ni a la edad a la que yo habría querido. Me había dejado demasiadas cosas en el tintero, como para que me hubiera llegado la hora. La película seguía avanzando, y yo era incapaz de reaccionar.