EXPLÍCALE TUS DERECHOS A UN TERMINATOR: ESTO NO ES CIENCIA-FICCIÓN

 Esto no es una película. Ojalá lo fuera pero no… y mira que me gusta el cine. Tiene toda la pinta de una guerra de desgaste, sin que haya dos bandos definidos, sino más bien varios núcleos que tratan a la desesperada mantener la posición dentro de un escenario mundial, que cada vez me recuerda más, a una mezcla entre varias de las versiones apocalípticas que se han descrito en el cine acerca del fin del mundo. Históricamente siempre ha habido cambios en todas las épocas, y por ello la sensación de deriva siempre ha sido constante o permanente, pero a diferencia con épocas anteriores, ahora somos demasiados seres humanos, como para sufrir cualquier cambio sin consecuencias, o tratar de prolongar esta burbuja en la que vivimos de forma sostenible. Simplemente no se puede. Y no, no es cuestión de economía, moral o ética: somos demasiados alimentándonos de la misma fuente.

Si la naturaleza es sabia, y ecológicamente tiende a equilibrar materia y energía, nosotros como seres humanos, estamos intentando que no impidiendo, este trabajo tratando con ello de garantizar nuestra propia supervivencia. Nos creemos tan importantes, que como incautos nos vemos capaces de estar por encima del medio. En la ciencia-ficción, ya se ha tratado la idea, el sueño o el proyecto de prolongar la vida humana en otros planetas. Por otra parte, la rebelión de las máquinas también tratada en el cine y en la literatura, siempre ha tenido su origen en la propia desconfianza del ser humano en sí mismo, delegando cada vez más funciones en la tecnología, hasta concluir que la existencia humana por sí misma es dañina e innecesaria.

La vida se supone que es un don, y digo se supone, porque cada vez se está viviendo menos y sobreviviendo más. Y la supervivencia, es precaria. Todos queremos vivir, y por ese deseo de llevar una vida digna, terminamos sobreviviendo. Hay algunos que se adaptan: sobreviven y se ajustan al medio que se les impone, renunciando a su bienestar, a sus derechos y a su calidad de vida. Hay otros que han sabido hackear el sistema, que han renunciado a las normas que les limitan, o que simplemente no las reconocen, y sintiéndose por encima de las mismas, aprovechan los resquicios del sistema para vivir de él atendiendo solamente a su egoísmo y necesidades propias. Y también hay otros, que simplemente no se adaptan y que se quedan fuera. Estos son los que siguen creyendo lo que les han enseñado, y se aferran a unas normas que ya no valen, esperando que se cumpla por contrato, lo que les han prometido sobre papel.

OIGA SR. TERMINATOR…

¡YO TENGO UNOS DERECHOS!

Mientras tanto, la naturaleza sigue haciendo su trabajo. Aunque creamos que estamos por encima de la misma, y confiemos en que regulando nuestra propia existencia, ajustando nuestros derechos, nuestra dieta, volviéndonos supuestamente modernos, cambiado de hábitos, cambiando el modo de vida, de trabajo, de pareja… Mientras estamos alimentando esta rueda de supuesta evolución social, la naturaleza y la tierra sobre la que vivimos, se ríe de nosotros. Basta un huracán, un terremoto, una inundación, un incendio o un tsunami, para que nos demos cuenta, que aquí no mandamos nosotros. Se nos olvida, estamos muy ocupados evolucionando socialmente, y despegamos los pies de la tierra creyéndonos superiores al resto de los elementos. Y cuando vemos que estas cosas pasan, nos creemos que es una película porque lo vemos por TV.

Si hay algo que distingue al ser humano, de entre los demás seres vivos del planeta, es que no acepta su condición. Me refiero a su condición animal, y antes que tratar de integrarse en el medio, el error del ser humano, es convertir el medio a sus deseos egoístas e individuales. Ese sin duda, será el error que nos lleve a protagonizar nuestra propia película de ciencia ficción: nuestro propio Matrix, El ser humano no se plantea la renuncia a su propio egoísmo, y es por ello que nuestra evolución social es una farsa, un teatro de marionetas con el que nos entretenemos mientras dure la función. Se nos olvida, que la naturaleza sigue haciendo su trabajo, y que realmente estamos sometidos a las normas de la tierra que nos sustenta. No hay más ley, que la que no es necesario escribir en papel, porque siempre y digo siempre, se cumple.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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