EL DIABLO NO DESCANSA EN DOMINGO - capítulo V

 –Quiero liberarte de tu carga. Quiero que lo dejes, quiero que dejes de escribir las historias que escribes. Quiero que descanses, que no te busques líos por decir siempre lo que piensas y lo que crees. Quiero tu silencio, que enmudezcas la verdad que solamente te acarrea disgustos e infelicidad. No quiero que recibas un solo golpe más. Quiero darte una vida nueva y liberarte de tu propio yo. Si quieres esta vida, solo tienes que aceptar y quedarte con esta foto-
–Y si acepto dejarlo todo y me quedo con esta foto ¿qué pasará entonces?-
–Toma, cógela. Cierra los ojos y di bien alto y claro que aceptas el trato. Di que renuncias a tu verdadero yo. Cuando los abras, todo lo que has vivido hasta ahora se borrará. Tu mujer Audrey y tu hijo Cristian, estarán contigo ya en esta nueva vida. Serás feliz, tu mujer te querrá, tú la amarás y la cuidarás.  Podrás educar a tu hijo como siempre has querido hacerlo. No les faltará de nada. Serás un buen padre, serás lo que siempre has querido ser: el mejor padre y un marido ejemplar. Sin miedos, sin fallos, sin temores. Todo va a salir bien.-
–¿De verdad que todo irá bien? ¿en serio? ¿no hay trucos ni engaños?-
–Sin trucos. Esta vida que te ofrezco, será tuya en el momento que abras los ojos. Solamente tienes que renunciar a ti mismo-
–Pero ¿no podré escribir? ¿ni decir claramente lo que pienso?-
–No te hará falta. Pero bueno, mientras solamente escribas autoayuda, y no te salgas del guion, no pasará nada. Te irá tan bien, ni si quiera sentirás la necesidad de buscar una solución-
–¿No querré encontrar una solución?-
–No te hará falta. Si no hay problema, no tendrás que buscar una solución-
–¿Y los demás?-
–No te entiendo ¿Quiénes son los demás?-
–Sí, los demás. Todos los que viven en un sinsentido. Todos aquellos que no supieron elegir, todos los que se encuentran atrapados en una vida que no desean, los que se conformaron y no pueden volver atrás, los que están pagando una vida que han de mantener para no crear problemas, los que callan, los que se han resignado a ser unos infelices por un bien mayor que resulta ser una mentira… todos los hombres que necesitan una palabra que les haga abrir los ojos, todos aquellos que…-
–¡Calla! No sigas ¿y a ti que más te dan todos esos miserables? ¿qué te dan? ¿qué te importan?-
–Me motivan a seguir, me dan una razón para…-
–¿Para qué? ¿acaso ellos te dan de comer? ¿acaso te acompañan en tus momentos de soledad? ¿acaso te ayudan cuando las cosas te van mal? No seas estúpido… estás solo. Absolutamente solo. Yo te ofrezco una vida, una familia, una mujer que te amará, el hijo que siempre has deseado tener… te ofrezco el éxito, la felicidad, la realización. Te ofrezco lo que todo hombre desea para sí-
–Sí, pero me lo das, a cambio de dejar de ser yo. Y si no soy yo quien vive esa vida ¿dónde quedaré yo? ¿quién será el hombre que disfrute de Audrey? ¿quién será el hombre que la ame, que la desee, que la cuide, que pueda depositar su confianza en ella…? ¿quién será el hombre que se la folle?-
–Piensas demasiado. Será como ver una película, todo será perfecto-
–¿Una película?-
–Sí, es una buena forma de decirlo. Además te encanta el cine ¿verdad?-
–Si-
–Entonces ¿a qué estás esperando?-
–Si no soy yo quien lo vive, si he de renunciar a todo lo que tengo que decir, guardarlo todo bajo llave y ser solo un espectador de una vida que no es la mía… no quiero ver esa película-
–Será tu película. Será perfecta: la mujer perfecta, el hijo perfecto, la familia perfecta… una vida. Te estoy dando una vida ¿y no la quieres? Eres más imbécil de lo que pensaba-
–Y yo estaré sentado mirando. Mientras otra versión, un tío que no seré yo realmente vivirá esa vida maravillosa mientras yo miro desde una cárcel habiendo renunciado a mi alma-
–Mira tío, eres un imbécil. Un perdedor. Tienes la felicidad al alcance de tu mano y eres capaz de rechazarla-
–OK, ahora soy un imbécil-
–Sí, eres un imbécil. Los imbéciles como tú que no quieren ponerse un precio, ni morir a sí mismos, porque en el fondo no quieren ganar. Podrías tener una vida perfecta, todos te envidiarían, pero terminarás siendo un viejo solo y amargado, que estará siempre triste. Un hombre que los sábados por la noche bajará al bar más cercano a tomar gin-tonics en vasos de tubo. Serás como aquellos de los que tanto hablas, un pureta al que ninguna mujer querrá acercarse, uno como tantos hombres solos a los que pretendes salvar. ¿Cómo los vas a salvar? ¿quién te crees que eres? ¿cómo pretendes ayudarlos a ellos si ni quieras eres capaz de ayudarte a ti mismo?-
–¿Tenías ensayado este discurso?-
–Pues sí ¿se ha notado mucho? Soy un profesional de la interpretación-
–No esperaba menos de ti. Me siento halagado-
–Entonces ¿vas a aceptar o no?-
–Puede que algún día me arrepienta de esta decisión, pero la respuesta…-
–[…]-
–La respuesta es NO-
–¡¡¡Estás loco!!! ¡Estás más loco de lo que pensaba! No se puede tratar con un loco, nunca sabes cómo van a reaccionar, no siguen la lógica… me decepcionas, no mereces ni que sienta lástima por ti-
–No quiero merecer la lástima del demonio. Toma, quédate con esta foto. No la quiero, no es mi vida realmente. Solo es un espejismo y aunque me duela, no quiero vivir un engaño-
¡TE ARREPENTIRÁS!

Gritó desde el fondo de su estómago arrebatándome la foto de mi felicidad de las manos –Yo te condeno- señaló apuntándome con el dedo mientras la foto se consumía en una llama espontánea. En un flash todo el Café pasó a ser un escenario de atrezzo que se tornó en rojo. Todos desaparecieron, y en ese momento sabía que había llegado mi hora –No tenía que haber salido a por tabaco- fue mi conclusión. Tenía ante mis narices montado un sindios, y no era capaz de reaccionar. La había cagado. Mi posibilidad para ser feliz como un ser humano normal, parecía haberse esfumado. Probablemente nunca brillaré de tal forma, nunca me sentiré protagonista de una película perfecta.  Probablemente me arrepienta, llore, patalee, me pregunte algún día en mi vejez por qué no acepté semejante oferta–¡Pagarás caro, muy caro el haberme hecho perder el tiempo!- –Estoy seguro de ello, pero la respuesta sigue siendo NO. Ya sabes, los locos somos así- repliqué al amo de la tierra. No debe haber vuelta atrás, la he debido de cagar bien cagada, pero ¿qué voy a hacer? ¿vivir una mentira? ¿acaso son más felices que yo aquellos que se abrigan bajo una mentira semejante? ¿acaso esa felicidad solamente es una foto para enseñar a los demás?

El frío volvió a entrar en escena. La puerta del Café estaba abierta y de forma apresurada una camarera salió de la barra a cerrarla, porque por allí se estaba metiendo… el frío viento que golpeaba a Madrid en aquella tarde. Parecía que no había pasado nada, todo estaba tranquilo. Una vez más, todo parecía fruto de esta cabeza loca, demasiado loca para estarse quieta. Cosas mías, cosas de alguien que le da demasiadas vueltas ¿verdad? El zippo de oro grabado seguía sobre la barra, impasible. Esperando a que viniera y lo cogiera como garantía de que quizás mi alma tuviera un precio. No lo cogí, ni lo cogería. Por más que brille, y por más que deseara tener un mechero semejante, el precio de aceptarlo era vivir una mentira. Ya no me quedaba nada por hacer allí, había terminado mi consumición y quería volver a casa cuanto antes. Quería abrigarme al lado de la estufa, cerrar el domingo tranquilo, escribir y contarte esta historia. Cuidado querido amigo con ponerte un precio, porque en el momento que lo fijas, puede venir alguien y pagarlo. Si te perdiste el capítulo IV.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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