CÓMO ROMPER UN MATRIMONIO, SIENDO UN PERFECTO CABALLERO

 A ver cómo narices te cuento esto, sin que parezca un recetario. Yo no quería escribir este artículo, por lo que viene siendo  solidaridad y corporativismo masculino, pero ¡vive dios que es cierto! que entre lo voluble de las necesidades y emociones femeninas, y lo  (…) del carácter masculino en cuanto forma pareja, pasan cosas que si no pasan antes, es de puro milagro. Porque sí, porque aquello de: lo que ha unido Dios, que no lo separe el hombre, o la firmita del sábado por la mañana en el ayuntamiento, con los amigos de confianza y la familia esperando a irse a comer a la sierra (o sea, matrimonio civil), no es más que una forma de defender lo indefendible, de entre toda la casuística de cosas buenas, malas y neutras, que pueden ocurrir entre un hombre y una mujer. No me odies gavilán… no me odies, que si tengo esta batalla que contar, es porque realmente hace falta contarla. Si una vez la lees te entra miedo, tú y solo tú sabes por qué.

Partiendo de un principio fundamental que suena algo bíblico: no desearás a la mujer de tu prójimo, y que figura en el código de honor masculino no escrito, y que solo nos creemos los varones que seguimos o hemos seguido, este código inútil de buenas prácticas de cara a la mujer a la que se ama, te diré, que esto importa muy pero que muy poco. Por más que tengas un pedestal que sostenga y eleve al grado de axioma, esta normativa de respeto, amor honorable y verdadero, ésta normativa se queda muy, pero que muy corta, para lo que viene siendo la vida real. Y fíjate lo que te digo, porque ni si quiera hace falta que la desees, con que te portes “bien”, es más que suficiente. ¿Cómo? ¿Perdona?

Pues no, esto no es lo mismo de siempre: no es una película de finales de los ochenta, en la que se cruzan dos parejas de amigos. Aquí nadie sale cinematográficamente malparado mientras con una iluminación pastel, suena un piano trágico, cuando los infieles hacen el amor en una cabaña con una puesta de sol como telón de fondo. No es así, y el que llora, porque es él el que llora (quiero dejarlo bien claro), cuando se da cuenta de que le han levantado a la novia o esposa, es ya demasiado tarde. Y todo sin quererlo, y todo por simplemente ser uno mismo, y todo por solamente estar ahí presente, queriendo correctamente y para qué negarlo… dejándose querer sin provocar violencia o tensión sexual alguna. ¿Deseas a la mujer de tu prójimo?

Pues igual es ella la que te desea a ti más, aunque estas verdades no luzcan en TV ¿Acaso estás buscando unas pautas para ligarte a una mujer casada? No seas gilipollas. Tú tranquilo, que si están casadas… ya vienen ellas solas. Cuando un buen día, se te cruza una mujer con pareja, si correspondes en voz alta, saltan las alarmas y ella se puede dar cuenta, de que está dando fuera de su relación de pareja, mucho más de lo que debería dar. Si no verbalizas nada, si no te muestras receptivo, o si no correspondes abiertamente… todo “ira bien” para ti, porque ella no se dará cuenta del jardín en el que se está metiendo y parecerá que “no pasa nada”. Porque claro, en cuanto “correspondes” o abres la boca reclamando “no sé qué”, tienes como hombre absolutamente todas las de perder. Dará igual el cariño mostrado hasta ese momento, porque socialmente tú serás el invasor, aunque ella te haya dado lo más bonito y lo más grande que te puede dar una mujer, que pese a quien le pese (a ellas las primeras) es el corazón. No te engañes, a las diez y diez en horizontal, se saben poner todas… pero si tienes a una mujer, desde dentro, las tienes de verdad. ¿Qué quiero decir con “desde dentro”?

En cualquier parte y con el permiso de Ross Jeffries, te dirán que si tienes las emociones de una mujer, tienes a la mujer, pero… eso también dura lo que dura. A una mujer, o cualquier ser humano, o dicho de una forma más fría y clara: a cualquier ser vivo, a cualquier animal, le tienes bien cogido, cuando tienes sus necesidades controladas. Y en el caso particular de la mujer, sus necesidades y sus emociones van estrechamente unidas, de forma que ella siempre justificará con emociones, cualquier carencia o abundancia en su puzle o mapa de necesidades femenino. Sigo sin entender por qué se casa la gente, y no porque tenga una obsesión anti-matrimonial compulsiva o maniática… es que simplemente no le veo objeto, porque la propia sangre y las necesidades humanas, hacen que no funcione. Es como si tratásemos de forzar o negar con un contrato, nuestra verdadera naturaleza.

PERO ESTO, YA LO SABES

Otra cosa distinta, es que lo quieras aceptar. Da igual que estés de acuerdo o no, la sangre no opina, se ciñe a lo que es. ¿Tienes una voluntad férrea? No lo dudo, estoy seguro de ello y de que quieres hacer la cosas bien, pero eso solamente te vale a ti, para poder decirlo en voz alta y que venga alguien igual de cretino que tú y te dé palmaditas en la espalda, o bien paños calientes, que solo te servirán para afirmar que la culpa la tuvo la otra parte, porque tú te has mantenido siempre recto. Pero ¿eso va a hacerte más feliz? ¿cómo puede bastar con no hacer nada? Cuando realmente aceptes en tu interior, que la mujer y las necesidades femeninas, no siguen el mismo patrón que las tuyas propias, podrás compartir tu vida con una mujer… o con las que sean. Las personas realmente, somos capaces de dar mucho, de amar mucho, de amar hasta el extremo si el vínculo creado es lo suficientemente fuerte.

Y al revés también funciona, no hace falta desear a la mujer de prójimo: igual es ella la que te desea más a ti, pero te aseguro que ella tiene la espaldas muy bien cubiertas emocionalmente: da igual quién se eche encima de quién, si ella o tú, en su conciencia ella siempre justificará todo lo que suceda entre tú y ella y por así decirlo, su cálculo final siempre, e insisto siempre desplazará el 100% de la responsabilidad hacia el varón. Dentro de casa hacia su marido o novio, y fuera de casa, hacia el amante. ¿Acaso estoy afirmando que la mujer es irresponsable emocionalmente dentro de una relación? Absolutamente sí. No existe mujer alguna sobre la faz de tierra, que no conciba ese mecanismo como herramienta constante de convivencia respecto al mundo que la rodea, y que por ende les permite vivir siempre con un balance de conciencia cero. Lo diré de otra forma: nunca sale de casa sin su responsabilidad cero. Y en cuanto a si es ella la que te desea, y se expone “casualmente” delante tus narices, para que quizás algo ocurra… mejor dicho, una mujer nunca desea, o nunca necesita una sola cosa y lo que te reclame como amante con más o menos cariño fuera de la pareja,  es muy probablemente solo lo que le falta.

Ella no te está diciendo –Solamente  te quiero a ti y que quiero quedar contigo. Voy a dejar a mi novio o marido- No, no funciona así. La totalidad de sus necesidades,  solamente se la reclamará, o mejor dicho solamente se la exigirá a su pareja estable. Fuera de la pareja, no exigirá y siempre se mostrará mucho más generosa “con el otro” que con su marido o con su novio. ¿Por qué esto es así? ¿por qué da la sensación que el amante, obtiene más que el marido titular? No es una sensación, es una verdad objetiva. Esto ocurre así, porque la mujer ya ha interiorizado, que ha hecho una inversión suficiente de sí misma con su pareja formal, quedándose con él. Para ella, esa entrega de compromiso, es suficiente y por ello se da el reclamo. En cambio, del amante no pretende la totalidad, pretende solamente una parte del mapa de necesidades, de la que es consciente que es carente. Por eso se muestran más generosas en afecto, sexo y detalles con estos, porque de alguna forma “se los tienen que volver a ganar”, para que el amante afloje esa componente.

Al amante, ella jamás le reclamará un vínculo, de ahí que no sea tan exigente con él, como lo es con su pareja, con la que este vínculo está formado y se da por hecho. De toda esta pandilla de seres humanos, amantes, comprometidos y necesitados dentro un hipotético triángulo amoroso, el amante realmente es el que menos trabaja y el que más beneficio obtiene. Ella, es la gran beneficiada por completar sus necesidades y mantener su vínculo, siempre y cuando ganar una pieza de este mapa de necesidades, no le suponga una renuncia al resto. El marido, en cambio es el que más ha de trabajar para mantener el vínculo y quizás sea el que menos disfrute, pero la realidad es que ella mantiene un vínculo con él. Cuando hablo de un vínculo, no hablo de matrimonio ¡ojo!

Así a bote pronto, parece que siendo hombre, lo más rentable es ser un amante eternamente ¿verdad? O incluso un amante múltiple ¿a que suena bien? Mira, te lo diré con palabras sencillas con un ejemplo muy gráfico: los amantes, son como las prostitutas. Pueden serlo durante un tiempo más o menos prolongado, pero no toda la vida. Llega un momento en el que se pierde valor, y ese extra que pueden ofrecer, pueden entregarlo hombres más jóvenes que los acaban sacando del mercado. Es así, que se lo digan a Alfie ¿te acuerdas? Toda relación fija, estable, esporádica, puntual (como sea)… siempre implica un grado de desgaste y de renuncia, y los amantes no son una excepción. Termino con una cita que ya conoces: el tiempo pone a cada uno en su sitio.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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