VENDEMOS SEGURIDAD, CÓMPRANOS AIRE PARA DORMIR TRANQUILO

 “Es importante saber que siempre habrá alguien para protegerte”, reza un anuncio de seguros. Cada vez que veo un anuncio de seguros en TV me pongo malo. No los aguanto, me parece lo más falso que hay. Me recuerdan mucho a mi anticristo particular, o sea Disney. Yo para bien o para mal, sé lo que hay detrás, aunque a veces no me gustaría saber tanto… me ahorraría muchos cabreos. No culpo a estas entidades, no dejan de ser negocios que responden a una necesidad: vender aire para que la gente se sienta más segura, mientras está pagando la cuota teniendo una cierta sensación de si no inmunidad, al menos la percepción de que está salvado si algo malo ocurre. Esto, para bien o para mal necesita sentirlo la gente, porque la seguridad no es más que un sentimiento, una creencia. Los seguros no dejan de ser otra fórmula de lo que podríamos llamar pan y circo, pero en un plano más vital. Entonces ¿por qué me repatea? Estos anuncios me sacan de quicio, porque las entidades aseguradoras no muestran su verdadero rostro ¿Y cuál sería?

Una buena imagen, sería la de una caja fuerte, reforzada con titanio, empotrada en un bloque de hormigón, con cuatro ruedas de combinaciones, acompañada por una lista de claves muy concretas, sin margen de error. Si falla un solo giro, la caja se bloquea y aunque se conozcan las combinaciones de las otras ruedas, no sirven para que la caja se abra. Vaya, que lástima… no cobras porque no comunicaste el robo antes de las tres y media ¿Qué estabas en el hospital a esa hora? ¿Qué te falta un certificado médico que no dice exactamente que es una lesión por arma blanca de seis centímetros? ¿Qué tu padre no murió 48 horas antes exactas? Espera, que lo resucito y le digo que se muera a la hora que dice la tabla del perito. Punto. Eso es una aseguradora. ¿Te sientes mejor ahora?

También te venden  maquinitas que suenan y que hacen ruido, y que llaman muy rápido a la policía. Después te sale el hombre del tiempo vendiendo alarmas domésticas… la empresa de seguridad que se ha hecho con un nombre y un hueco en el mercado, gracias a la venta de estos sistemas, tampoco lo ha hecho de casualidad. Comienza con un discurso aterrador, en el que nuestro colega hombre del tiempo, o nuestra amiga periodista o un anterior director de informativos, personas que siempre han dado una imagen de fiabilidad ante el público y la cámara, te dicen que durante las vacaciones o en época de crisis, aumentan los robos en hogares, y que además cuanto más tiempo esté el ladrón en tu casa, más peligro corre tu familia.

SI PAGAS... NO LE PASARÁ 
NADA A TU FAMILIA

Suena a extorsión mafiosa dicho así ¿verdad? Te ponen un precio que se puede pagar mes a mes, y con ello te dicen “si compras esta alarma protegerás a tu familia y no te robarán todo lo que es tuyo”. Pero espera, que aun así tampoco es tuyo, sigue siendo del banco. Te recuerdo que estás pagando una hipoteca a treinta años, y que encima estás pagando por una alarma que protege una propiedad del banco. Visto así ¿verdad? Uno debe sentirse algo gilipollas. Además, hasta que viene la policía, ya te pueden haber hecho un siete en la cara, o en donde se le ocurra al que te viene a robar… que ya sabe cómo entrar, cómo es la casa, quién hay dentro y a qué hora ir. Y por supuesto, sabe también cómo funciona la dichosa alarma. Te rubrican el anuncio con una pregunta del estilo ¿Cuánto vale lo que más quieres? Tú vas y llamas, te ponen una cajita con botones y una pegatina en la puerta. ¡Hala! Ya eres inmortal ¿qué se siente?

Pagar para sentirte más seguro. Dentro de un sindios constante, no es más que una ilusión. ¿Sabes qué es lo que pasa? Le tenemos un aprecio excesivo a lo que llamamos nuestro, a lo que creemos nuestro porque lo pagamos. Se nos olvida que al mundo venimos en pelotas, y que igual nos iremos… pero más viejos. Lo de arriba solamente es un techo, y puede estar o no. Que lo pagues mes a mes, no es garantía de que vaya a estar ahí siempre. Ni si quiera es garantía de que te pertenezca. ¿Te pertenece algo realmente? Una cosa es segura, al que nada tiene, nada se le puede robar, y el miedo a perder algo solamente aparece cuando crees que algo te pertenece. ¿Realmente quieres ser dueño de algo? Sí, la pregunta va con segundas.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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