¡QUE LE DEN AL FINAL FELIZ!

 Parece que el momento más decisivo y difícil de tu vida, tenga que ser necesariamente ese paso al frente ¿verdad? Un reto, un desafío y que tengas que probar cuasi-públicamente que eres un hombre verdadero, en fuerza, en físico, en venganza, en inteligencia y en un hipotético golpe de efecto final, que haga que todos queden callados, acobardados y sorprendidos ante tu valía. Sueñas que en ese momento de gloria, serás capaz de vencerlos a todos, y que además sus bragas, caerán por si mismas al suelo ante tal demostración de fuerza viril y masculina. Pues hombre, si te digo que esa fantasía es la del final del cuento, en plan fueron felices y comieron perdices, pero en versión tío… me vas a mandar a la mierda, porque has visto mucho cine épico, y en lo más profundo de tu ser, sabes que puedes llegar a ser como William Wallace o Máximo Décimo Meridio… Vamos, Braveheart o Gladiator, el que más te guste. Pero…

… el momento más decisivo, más chungo y más importante para ti, no es ese instante, con el que tarde o temprano te enfrentarás por destino y derecho propio como varón. Hay algo que llevamos en el ADN, y ese algo nos obliga a que algún día, donde sea, con quien sea y cuando sea, deberemos dar la talla. Nos guste o no, hemos nacido para ello. Aunque no lo quieras asumir, aceptar o intentes huir de esa confrontación con tu propio destino… llegará el día en el que tengas que dar la talla. Pues a pesar de esta tragedia griega, grabada en los genes del varón, pese a quien le pese, ese no es nuestro momento crítico y más importante. –¿Perdona? ¡ya estamos  tocando los cojones!- podrás pensar.

¿Qué hay más importante que la lucha a vida o muerte en un último momento de gloria? Algo tan sencillo, y tan simple como la vuelta a casa. Ganes o pierdas, volverás a casa. Siempre vuelves, comprobando en propia carne y sangre, que el resultado de esa batalla final, o la propia lucha en sí, no ha sido ni lo más mínimo, parecido a tus expectativas. No había música de fondo, no había una dama a la que salvar… ¿salvar de qué? No había un malo, ni quizás una injusticia que te obligara a dar ese paso al frente, para el que estás programado dar. –Espera, pero… ¿de verdad esto ha sido una batalla a vida o muerte?- Siempre lo es, siempre lo ha sido, y siempre lo será.

¡TE JODES!

Te presentas a la batalla, con la esperanza del triunfo y un final heroico, épico, romántico; y te has preparado para ello, pero sin pensar cómo volverás a casa después de la batalla ¿era la batalla que esperabas? ¿era el trofeo que habías pensado ganar? Te estoy hablando de amor, pero sin usar la palabra amor. Si te centras solo en este desafío tan épico y romántico, olvidarás un posible después en frío, que no tiene por qué cumplir tus expectativas, a pesar de haber disfrutado de ese momento de gloria efímera. Por eso, tu peor enemigo siempre es tu propia medida. Y tu mayor aliado, siempre será la ignorancia, porque siempre será la que te permita actuar según tu libertad, sin miedo al enemigo… si es que realmente hay un enemigo. Y sí, he dicho IGNORANCIA.

Uno se da cuenta que eso del final feliz, se lo inventó una fea que follaba muy poco… una fea que probablemente follaba menos que tú (aunque te parezca increíble). Me da a mí que lo del final feliz lo escribió una fea: una fea de cojones. Y que algunos según las estadísticas, viviremos menos, engordaremos más, follaremos de milagro (pero follaremos), tendremos más extremos de compañía y soledad, nos darán más infartos, viviremos de alquiler, viajaremos solos, y le dejaremos nuestra herencia, a la última mujer que nos quiera hacer felices antes de cerrar los ojos para siempre... pero ¿sabes qué? Que sí, que el final feliz del cuento se lo coma con patatas la INFELIZ que lo bordó para justificar su infame existencia. En el cuento nunca dicen, que quizás vuelvas solo, que quizás haga frío, y que quizás y solo quizás, aunque la ames de verdad y con el alma, esa verdad solamente te pertenece a ti.

Se acabó lo que se daba: se acabó la tontería, la estupidez, la feria, el auto-engaño, la sugestión y la piedad contigo mismo. No te voy a decir lo que tienes que hacer, aunque lo estés deseando como un febril borrego. Ahora sabes más que antes, porque lo que acabas de leer aquí es verdad. ¿Qué no te gusta? No te preocupes, siempre te quedarán las comedias románticas. Vamos ¿por qué no te largas? ¿todavía sigues aquí? Ya estás tardando…
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